El Ayuntamiento vuelve a abrir el debate sobre el futuro de la Feria de Día planteando el antiguo Merca como posible ubicación, junto con otros espacios como Pizarrales, Tejares, Salesas o La Concordia. La propuesta pasa por concentrar las casetas en un único recinto y crear un auténtico espacio festivo con conciertos y actividades.

La pregunta es inevitable: ¿qué ha cambiado para que ahora el Ayuntamiento defienda una idea que durante años fue ignorada?

No estamos ante una propuesta nueva. Hace años que hablamos de sacar la Feria de Día del casco histórico, concentrar todas las casetas en un recinto adecuado, dotarlo de agua corriente, aseos, limpieza, conciertos, actividades y transporte público gratuito para facilitar el acceso. Un modelo pensado para proteger el patrimonio, mejorar la convivencia vecinal y convertir la Feria de Día en un gran espacio de ocio y encuentro.

Sin embargo, el verdadero debate no es únicamente dónde ubicar las casetas. El problema es mucho más profundo: ¿quién decide cómo se organiza una fiesta que pertenece a toda Salamanca?

Durante demasiados años la Feria de Día ha funcionado bajo un sistema que muchos hosteleros consideran excluyente. Son numerosos los establecimientos que se han quedado fuera sin posibilidad de participar y otros han denunciado que, además de cumplir con los requisitos administrativos, debían asumir cuotas o condiciones vinculadas a asociaciones para poder acceder al evento. Si esas denuncias son ciertas, resulta difícil justificar que una actividad integrada en las Ferias y Fiestas de la ciudad no garantice las mismas oportunidades para todos los profesionales del sector.

Es el mundo al revés. Un evento público, que ocupa espacios públicos y forma parte de las fiestas organizadas por el Ayuntamiento, debería regirse por los principios de igualdad, transparencia y libre concurrencia. Sin embargo, durante años la sensación ha sido la contraria: una progresiva privatización de la gestión con el consentimiento del propio Ayuntamiento.

Y aquí la responsabilidad política es evidente. El alcalde no puede escudarse en que son los hosteleros quienes toman las decisiones. El Ayuntamiento concede las autorizaciones, organiza las fiestas, regula la ocupación del espacio público y tiene la obligación de garantizar que cualquier hostelero que cumpla los requisitos pueda participar en igualdad de condiciones. Gobernar no consiste en mirar hacia otro lado cuando existen intereses enfrentados; consiste en tomar decisiones pensando en el interés general.

Es lógico que algunos hosteleros defiendan un modelo que beneficia a sus negocios. Cada uno protege sus intereses. Lo que ya no resulta lógico es que esos intereses particulares hayan marcado durante tantos años el funcionamiento de una celebración que pertenece a todos los salmantinos.

Si realmente el antiguo Merca, el recinto ferial o cualquier otro espacio ofrecen mejores condiciones para crear una Feria de Día moderna, segura, accesible y con capacidad para crecer, el debate debe afrontarse con valentía. Pero el cambio no puede limitarse a mover las casetas de sitio.

El verdadero cambio debe ser el modelo de gestión. Una Feria de Día abierta, transparente y sin privilegios, donde todos los hosteleros tengan las mismas oportunidades de participar y donde las decisiones las adopte quien tiene la responsabilidad de hacerlo: el Ayuntamiento de Salamanca, no unos pocos intereses particulares.

Porque las calles son de todos. Las fiestas son de todos. Y la Feria de Día también debería ser de todos.

 

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Chenche Martín Galeano

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