Creo que dado los tiempos que corren, no sólo en el panorama político sino también social, no sé si el primero reflejo del segundo o viceversa, lo peor que puede hacer una persona es caer en la resignación fruto de decepciones que esperábamos no sufrir porque pensábamos que esta vez era la definitiva.Me refiero al hecho que desde hace cuatro años, desde que el Partido Popular se hizo con el poder de forma no muy ética, por aquello de que lo que prometió nada cumplió, se nos viene cebando por los distintos partidos políticos de sus bondades y excelencias, pero sobre todo de su fórmula mágica, que yo no veo por ningún lado, para cambiar el rumbo de las cosas; de manera que son muchos los ciudadanos que caen en la euforia de que su elección es la correcta, sin parar a pensar, o mejor dicho analizar otras opciones.Desde luego que, si partimos de un elemento muy importante, como es el de la corrupción, las opciones quedan realmente mermadas, puesto que no creo que ningún partido se libre de que en sus filas no haya ningún condenado o imputado por este motivo, tal vez sólo en los nuevos partidos encontremos un poco de pureza a este respecto debido a su corta existencia, pero no en otras cuestiones que, afectando a su estructura u organización interna, dejan vislumbrar que no es oro todo lo que reluce, de ahí que pueda venir ese desánimo y resignación a los que he hecho mención, bajo el convencimiento de que todo va a seguir igual.No voy a decir nombres, y que no se me interprete el gesto como una falta de valentía, sino de deseo de no entrar en disputas y enfrentamientos que a lo único que nos conduce es que a los que sí creemos realmente en el cambio, o al menos luchamos por él sin descanso, nos dividamos todavía más de lo que estamos, dejando el terreno abonado para volverse hacer con el poder a quienes son los responsables del estado de decadencia político y social actual, y que no son otros que los que han gobernando el país desde esa transición que poco más ha servido que para dar vueltas en torno a un texto constitucional más programático que efectivo en cuanto la operancia de los derechos y libertades que en él se propugnan, aparte de otras cuestiones relativas a la estructura básica del Estado y de sus instituciones, con las que tampoco ha tenido mucho acierto a la vista de los resultados y del “tufillo” que desprende el funcionamiento de muchas de ellas.El porqué de todo esto, es animar a la reflexión de qué podemos hacer, pues no hace mucho cayó en mis manos una frase que decía así: “El problema de nuestro país no es la sucesión de gobiernos corruptos sino la perpetuidad de un electorado de imbéciles”. No sé a quién atribuir la autoría de tales palabras puesto que allí donde lo encontré no había ninguna reseña al respecto, pero de seguro que su autor, si lo tiene, las tendrá por bien utilizadas, pues en definitiva, en nuestro caso, no tienen otro significado de que si tenemos lo que tenemos es porque nos lo hemos merecido habida cuenta que lo hemos estado permitiendo bajo el convencimiento de que con unas nuevas elecciones y un voto de castigo todo iba ser distinto a lo de antes.
Si las elecciones, entre ellas las generales del próximo 20 de diciembre, nos las tomamos como un simple cambio de operadores en el mapa político, poco vamos a avanzar
Por supuesto, que en democracia, el principal instrumento del que disponemos los ciudadanos para cambiar a nuestros representantes, si es que se les puede llamar así por las atribuciones que se cogen al margen de las que les corresponde por su cargo, como gobernar en connivencia con los denominados poderes fácticos, son los comicios electorales. Pero, si no actuamos bajo el convencimiento de que lo que hay que cambiar no son las fichas del juego sino el tablero, es decir el “status quo” que no es otra cosa que el “estado del momento actual”, de manera que los intereses políticos o del Estado dejen de estar en colisión o contraposición con los intereses de los ciudadanos, en orden a lograr un estado de bienestar con una igualdad efectiva de oportunidades para todos, dentro un orden o sistema amparado por la justicia social; no habremos conseguido absolutamente nada.Es por ello, que si las elecciones, entre ellas las generales del próximo 20 de diciembre, nos las tomamos como un simple cambio de operadores en el mapa político, poco vamos a avanzar si no intentamos ver quienes, entre ellos, es decir, de entre los partidos y candidatos a la presidencia del gobierno que concurren a las mismas nos ofrecen, aún dentro de su imperfección, las mejores oportunidades y posibilidad de cambiar las cosas para que no vuelvan a repetirse los mismos errores. Necesitamos un cambio de fondo, un cambio radical y ese cambio no nos lo pueden dar los que durante tanto tiempo han errado en su política y tanto beneficio personal han sacado de su ejercicio, habiendo sido una de sus armas para mantenerse en el poder el infundir miedo en la población de vuelta a épocas pasadas; épocas a las que ya nos han llevado ellos con sus políticas en contra de la ciudadanía en la mayoría de los casos.
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