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Don Diego, arzobispo de Sevilla

Escultura de Don Diego de Anaya en su tumba en la catedral vieja.

[dropcap]S[/dropcap]u paso por Sevilla no fue fácil. Además de la revocación y el nuevo nombramiento, Anaya tuvo que soportar la humillación de tener a su lado un obispo coadjutor y sufrir serios enfrentamientos con el cabildo de la catedral de la capital andaluza. Estos conflictos acabaron en una nueva destitución. Con gran disgusto por su parte, vivió para ver como entregaban el arzobispado al prior de los jerónimos primero y al obispo de Osma después.

Hombre combativo, defendió una vez más sus razones, triunfando en 1435, año en el que fue restituido definitivamente en su silla arzobispal. Poco tiempo disfrutaría de este triunfo. Murió en 1437, cuando había cumplido los setenta años.

Su cadáver permaneció en la catedral de Sevilla durante unos días. Desde allí, un cortejo trasladó sus restos a la catedral de Salamanca, donde fue sepultado en la capilla de su propiedad, en el centro de la misma, en el lugar que había establecido en su testamento.

Este es el último de los lugares comuneros relacionados con la familia Anaya que visitamos en nuestro paseo. Según Villar y Macías los canes con mascarones que se observan en el exterior de la capilla de Anaya, en la fachada que da a la calle Tentenecio, son los restos románicos de la que fuera Alberguería de Santa María de La Sede, uno de los primeros hospitales salmantinos, nacido al abrigo de la catedral y de su cabildo.

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