Provincia

El impacto de la mina de uranio de Berkeley en los habitantes no se ha evaluado

La plataforma Stop uranio celebró recientemente una jornada reivindicativa en Boada, con numerosa participación de habitantes de la comarca y otras personas procedentes de Salamanca.

 

Hubo charlas, debates, comida de confraternización y broche musical.

También se leyó un manifiesto en el que se indicaba que “la empresa Berkeley Minera España S.L., filial de una empresa australiana, tiene intención de abrir una mina de uranio a cielo abierto, con Planta de beneficio de mineral y depósito de residuos radiactivos, en la provincia de Salamanca, en los términos municipales de Retortillo y Villavieja de Yeltes. En Europa no quedan minas de uranio, se han clausurado todas por su alto impacto ambiental y escasa rentabilidad (la última en Roznà, República Checa)”.

Asegura la plataforma que “la apertura de una instalación radiactiva de primera categoría en España supone una vuelta atrás en el desarrollo de toda la comarca salmantina del Campo Charro. La energía nuclear está en franco retroceso frente a las energías renovables, pues el mundo se ha dado cuenta de los problemas que conlleva el uso de ese tipo de tecnologías (Chernobyl, Fukusima)”.

A pesar de ello la empresa minera sigue empeñada en abrir minas de uranio en el oeste de Salamanca, ya que cuenta con más de veinte permisos de investigación en nuestra provincia. Recuerda que en el caso de la mina prevista de Retortillo-Santidad se trataría de “una instalación con un impacto ambiental irreversible en una zona de alto valor ecológico. El río Yeltes y sus márgenes es Red Natura 2000, y ese espacio protegido a nivel comunitario será atravesado por la cinta transportadora de mineral procedente de Villavieja para tratarlo en la Planta de Retortillo”.

Señala que la repercusión en la salud de los habitantes de la zona no ha sido evaluada en la Declaración de Impacto Ambiental aprobada por la Junta de Castilla y León, “como es obligación según la normativa española y europea. Los antecedentes que conocemos de este tipo de explotaciones no auguran nada bueno para las personas que viven en el entorno de la mina, pues es de sobra conocido que el tratamiento del uranio conlleva riesgos sanitarios en las poblaciones cercanas a este tipo de instalaciones”.

Un momento del encuentro en Boada.
Un momento del encuentro en Boada.

Quienes están a favor de la mina argumentan que creará empleo en la zona, pero la misma empresa minera reconoce que de los 200 trabajadores que contará la mina sólo el 10 % serán personal no cualificado que puede proceder de los municipios cercanos. Además, la vida útil de la mina es muy limitada en el tiempo, la duración prevista es de 10 años.

“Lo que no dice la empresa”, prosigue, “son los empleos que destruirá. Hay 65 personas trabajando en el Balneario de Retortillo, situado a menos de 1 km. de la mina, que ven peligrar su puesto de trabajo, pues una actividad minera tan cercana es incompatible con los valores que promueve esa instalación de bienestar que lleva más de 100 años creando empleo en la zona, a la vez que promoviendo empleos indirectos alrededor de este establecimiento hotelero que cuenta con el mayor número de camas de la provincia. La actividad agrícola-ganadera también va a quedar dañada, pues hay serios riesgos de que la ganadería se contamine con una radiactividad excesiva y no podrán superar los productos cárnicos derivados los controles sanitarios pertinentes. El turismo también es una fuente de ingresos que quedará condicionada por la actividad minera. En definitiva, la imagen negativa asociada al funcionamiento de una mina de uranio caería como una losa sobre esta parte de Salamanca”.


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