El marxismo –referente ideológico en toda tu formación y también de la organización que diriges— es, sobre todo, una metodología aplicable a una sociedad con grandes diferencias de clases, con polarización burguesía/proletariado, como sucedía en la Inglaterra de 1860, en la Rusia de 1917, o en la España de los años 30 del siglo XX. Pero cuando por el progreso económico esas diferencias se hacen menos visibles, por el crecimiento de las clases medias, la aplicación de lo esencial del marxismo en política deviene difícil o del todo imposible; por muchos correctivos que quieran hacerse a los planteamientos clásicos.
Por lo demás, está demostrado que con el sistema de economía mixta, «el más alto estadio de desarrollo del capitalismo», que podría decirse, se logra un crecimiento imposible de alcanzar con cualquier sistema alternativo de planificación socialista o similar. Como se aprecia al ver el resultado de opciones tan diferentes como el leninismo, el stalinismo o el maoísmo, o con el sucedáneo de socialismo real de la URSS en la postguerra hasta 1991. Y ahora con el chavismo como un derivado muy sui generis, mezcla de populismo y marxismo mal entendido, se termina llegando al desabastecimiento de los mercados y en último extremo a la cartilla de racionamiento, con la paralela pérdida de las libertades de la gente.
En épocas de crisis –como la que se inició en 2008— parece como si surgiera otra vez la ocasión de plantear de nuevo ese tipo de iniciativas socializantes y populistas –tal como lo está haciendo Podemos—, pero con la recuperación del ciclo, los proyectos de ese tipo podrán irse desinflando. Además, está el riesgo de distorsiones varias, que es demasiado grande al abordar el cambio de casi todo el sistema con determinadas «soluciones», las que vosotros proponéis.
Con tales perspectivas, a algunos puede parecerles mentira que una iniciativa como la de Podemos pueda haber tenido el éxito conseguido en España en las europeas de 2014 en los sucesivos sondeos electorales. Y la razón fundamental de ello son las lacras que surgieron en torno a lo que en Podemos llamáis sistema de 1978, y que por negligencia y ruines intereses personales no se resolvieron a tiempo por los gobiernos de UCD, PSOE y PP. Y a ese respecto, en una entrevista que tuve con una alta magistratura del Estado en febrero de 2015, la inculpación quedó clara: «Podemos es resultado del PP y del PSOE, porque no cumplieron con el pacto nacional de 1978, que además de democracia, imponía seriedad en el Gobierno, un proyecto de país, un cierto entusiasmo creador, y un mejor reparto de la riqueza y de la renta».
En el sistema del 78, lo que ha fallado ha sido su adaptación a los nuevos tiempos, por falta de reformas rigurosas y de erradicación de abusos y derroches, latrocinios y brecha entre gobernantes, y distanciamiento de la gente respecto a los políticos; esto es, la célebre «desafección». Lo que se necesita, pues, no es emprender un «viaje a ninguna parte» como el que propone Podemos, sino un cambio a mejor de todo aquello que dentro del modelo del 78 no ha funcionado bien y que admite mejoras. Y eso hay otros partidos, muy diferentes a Podemos –y entre ellos Ciudadanos— que puede hacerlo mucho mejor.
Naturalmente, no quedó todo en cartas. Como autor del libro referenciado, creo que me mojé bastante, anunciando el ocaso de Podemos. Lo que se manifestó en un diálogo que puse al final del capítulo 6 del libro mencionado, y que reproduzco a continuación:¿Y Vd. piensa que Podemos podrá ascender definitivamente en el ranking para desbancar a los partidos tradicionales?
No, no lo creo, la fatiga por tanto populismo es grande, y la repetición de las consignas agota a quienes las proclaman y más aún a quienes las reciben. Los entusiasmos del comienzo, se van atemperando día a día.
Entonces, ¿habrá un fracaso electoral de Podemos?
Yo no he dicho eso. Lo que planteo como hipótesis es que si no hay mal que cien años dure, tampoco hay pretendidas bondades que se puedan extrapolar de forma ilimitada, sin más ni más.Además de predicar, hay que dar trigo, ya me entiende… Además, el marxismo que subyace en la prédica de Podemos hoy tiene muchos más límites que hace unas décadas. Esta de hoy no es la sociedad manchesteriana de mitad del siglo XIX, ya se dijo antes.
¿Y qué sucederá si Podemos no llega al poder en corto plazo?
Muy sencillo, alguno de los mosqueteros volverán a la universidad, y otros se harán políticos profesionales para resistir en el baluarte y esperar tiempos mejores… y vivir de la política.
Entonces, ¿todo habrá sido una experiencia, que dicen luminosa pero pasajera?
Lo de luminoso yo no lo veo tanto, porque en la prédica hay mucha que no es tan brillante ni tan cierto. Y lo de pasajero, depende de si efectivamente los intereses que se van creando apoyan un nuevo Podemos; basado ya en el espíritu de su propia casta, que indefectiblemente se formará entre sus líderes, en contra de las promesas iniciales.
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