Jesús Málaga

La plaza de la Constitución

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Meses después de la aprobación de la Carta Magna se acordó en el Consistorio cambiar el nombre de la plaza dedicada al caudillo por el de la Constitución. Una placa conmemorativa del acto se encuentra en la pared de la Torre del Aire. Me acompañó para descorrer la cortinilla que la cubría el segundo teniente de alcalde, Pepe Castro. A la mañana siguiente el mármol apareció hecho añicos y con una pintada en la que se insultaba a los que habían aprobado la carta magna, terminando con un “Málaga cacique”. La prensa se hizo eco del suceso, aclarando que a la persona a la que se refería la pintada era Jesús Málaga, alcalde de Salamanca.

En varias ocasiones aparecieron pintadas similares. Recuerdo una que llamó la atención de mis hijos, decía “Málaga marrano queremos a don Mariano”. Se referían al líder de uno de los partidos de ultraderecha de Salamanca. Juntando todos los votos de los partidos de ultraderecha en nuestra provincia, superaban los dos mil. Proporcionalmente, uno de los mejores resultados de España.

Quiero terminar este capítulo refiriendo un suceso para el que he pedido permiso al hijo del protagonista, José Ángel Núñez. Pepe Núñez fue el candidato a la alcaldía, primero de lista por el Partido Comunista de España en las segundas elecciones municipales celebradas en 1983. En los días previos a los comicios se publicaron algunas encuestas sobre los posibles resultados. En la de El País daban por ganador al Partido Popular por amplia mayoría. La noticia sumió en una gran depresión a los militantes socialistas que auguraban, por el contrario, una amplia victoria. Lo que desconocíamos era que esta misma sensación había cundido en las filas del PC.

Esa misma noche recibí una visita inesperada en mi casa. Pepe y su mujer, Angelita, venían a ofrecerse para apoyarme incluso con su voto para que la izquierda no perdiera la alcaldía de Salamanca. Emocionado por el ofrecimiento, comprobé que estaba ante un hombre ético, que prefería sacrificarse e inmolarse ante lo que él consideraba más importante que su presencia en el consistorio, el triunfo de la izquierda. Después supimos que la encuesta había sido realizada a pie de calle, en la Plaza Mayor, y que había coincidido con la salida de un mitin de Manuel Fraga Iribarne en Salamanca. El acto electoral había concitado a un gran número de alcaldes, concejales y militantes de la derecha, que después del acto electoral habían aprovechado para darse un garbeo por la Plaza.

No sé si por el miedo a perder la alcaldía o por el error de la muestra, el caso es que el voto de la izquierda se concentró en el PSOE y el PC quedó sin representación. Nosotros sacamos 17 concejales y más del 50% de los votos. Tuvimos suerte. El último en entrar fue Jorge Sánchez  Olivera, que sería desde entonces un puntal del grupo socialista con una gestión brillante. He mantenido con Jorge desde entonces una gran amistad. Al comentarle la anécdota a José Ángel para pedirle permiso para contarla en mis memorias, me dijo que no le extrañaba esa reacción, entraba dentro de las típicas actitudes quijotescas de su padre.

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