Opinión

Médico, paciente y ordenador

 

El ejercicio de la medicina, como el resto de la actividad humana, se ha visto influenciado por la irrupción de la informática en el ejercicio profesional. Hoy es inconcebible un centro sanitario sin herramientas informáticas. En principio, hay que suponer que los programas informáticos facilitan y agilizan los procedimientos médicos, claro que no siempre es así, no hay más que ver lo frecuentes que son las “caídas” del sistema informático y las quejas de los profesionales acerca de las deficiencias de las historias clínicas que se utilizan en Castilla y León: Medora en atención primaria y Jimena en especializada.

 

El uso programas informáticos en las consultas produce al menos cuatro problemas que afectan a la atención sanitaria. El primero de ellos es una cuestión poco valorada aún: el impacto del ordenador en las consultas. Si hasta no hace mucho tiempo la mesa que se interponía entre médico y paciente era una barrera para la comunicación, hoy el ordenador, situado sobre esa mesa es otra barrera añadida. En numerosas ocasiones, cuando el médico atiende al paciente en una consulta, ambos pierden la visual directa, ni uno ni otro pueden mirarse directamente a los ojos mientras hablan, porque la pantalla del ordenador se interpone entre ambos. El médico mira más al teclado del ordenador que directamente al paciente.

El segundo problema es que la relación médico-paciente ha sido sustituida por la relación médico-ordenador: el paciente es el “ruido” de esa relación. La atención del médico se centra en la pantalla del ordenador y, si mientras mira la pantalla o el teclado el paciente trata de hablar, se produce una situación incómoda, que como consecuencia retrae al paciente y dificulta la comunicación.

El tercer problema, señalado por Macaulay A.C. Onuigbo, un nefrólogo de la Clínica Mayo, para el que se ha acuñado un término específico, es la denominada Deriva Cognitiva que hace referencia al problema asociado al uso de la Historia Clínica Electrónica (HCE) y que guarda relación con la demora en los tiempos de respuesta de un programa o aplicación informática. El usuario de la HCE (el médico) experimenta deriva cognitiva si trascurre más de un segundo entre el clic en el ratón y la respuesta del ordenador en la pantalla. Si pasan diez, la mente del médico huye y la atención se pierde por completo, generando frustración, estrés y agotamiento. Cuando los fallos son muy frecuentes (¡Ay Medora!, ¡Ay Jimena!) el problema se multiplica.

El cuarto hace referencia a como la estructura de las historias electrónicas, a través de las plantillas, moldea la forma en que los médicos atienden a los pacientes. Trisha Greenhalgh, una investigadora de la influencia de la informática en los sistemas sanitarios, publicó un artículo en el British Medical Journal donde señala que las HCE están determinando, mediante protocolos establecidos, lo que es enfermedad, como debe ser prestada la atención, y lo que aún es más importante, qué es ser clínico o ser paciente. Es decir, que las HCE están privilegiando la atención centrada en la institución sobre la atención centrada en los pacientes.

En el medio de todas estas trasformaciones estamos lo médicos, que debemos encontrar un sitio, con lealtad institucional, pero más cerca de los pacientes que de los ordenadores.


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