Cultura

Bunbury se las da de culto con versos ajenos

Utilizó 539 versos con origen literario y se los atribuyó sin citar en 37 de sus canciones

Septiembre de 2008. Pocas horas después de la presentación en Zaragoza de ‘Hellville de Luxe’, el quinto disco en solitario de Enrique Bunbury tras su exitoso periplo al frente de Héroes del Silencio, Quico Alsedo publica en su blog en ‘El Mundo’ una entrada con el titular ‘Bunbury y Pedro Casariego: ¿plagio, préstamo o imposible coincidencia?’. El tema que abre el álbum, elegido como primer ‘single’, es ‘El hombre delgado que no flaqueará jamás’, recuperando sin citarle un verso idéntico escrito 21 años antes por Pedro Casariego en ‘La vida puede ser una lata’.

César Combarros / ICAL

En la misma canción, Bunbury cantaba “Lucharé contra todos los que digan lo mismo que yo”, cuando el propio Casariego había escrito en 1980 “Lucharé contra todos los que digan lo que yo digo”; o “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en los hombres de hoy”, cuando Casariego había declarado en una entrevista en 1988 “Veo misterios en algunas mujeres y detectives en algunos hombres”.

Bunbury reaccionó con desdén a las acusaciones (“No es ni plagio ni nada. Es lo que hacemos los escritores en todos los ámbitos: recoger frases de la calle, de los periódicos, de los bares y, por supuesto, de los poetas. La acusación es una chorrada”, señaló a ‘El Periódico de Aragón’) y se desató entonces una pequeña tormenta mediática, con titulares como ‘Una apropiación «indecente»’, en ‘El País’. Allí, su mánager, Ignacio Royo, explicaba: “Enrique ha comprobado en sus decenas de cuadernos de notas que efectivamente tomó nota de varias entrevistas a Pedro Casariego, como lo hace de tantas cosas que le gustan y va absorbiendo. Pero de ahí a acusarle de plagio es absurdo y, lo siento, una pijada. Es una coincidencia y nada más”. Cuando le sugirieron la posibilidad de que simplemente el cantante citara en el disco la autoría de los versos ‘prestados’, Royo sentenciaba: “Necesitaríamos un libro entero para citar sus fuentes de inspiración”.

Ese libro ha llegado ahora a las librerías. Tiene 300 páginas y sello vallisoletano. ‘El método Bunbury’ (Difácil, 22 euros) es un contundente ensayo escrito por el poeta Fernando del Val (Valladolid, 1978; Premio El Ojo Crítico de Poesía 2017 por ‘Los años aurorales’), que pone negro sobre blanco 539 versos con origen literario que Bunbury se ha atribuido en 37 de sus canciones (todas las que Del Val considera «de origen culto») a lo largo de toda su trayectoria, y que según desliza la investigación en realidad son fruto del talento de más de un centenar de poetas, desde Juan Gelman a Michel Houellebecq, desde Nicanor Parra hasta Gabriel Celaya, pasando por Antonio Gamoneda o Julio Llamazares. “Me parece muy bien que se sepa que detrás de las letras de este ‘artesano’ hay artistas de la poesía”, subraya a Ical el autor.

Fue el propio Del Val quien ya en 2007, un año antes incluso de que saltara la polémica en torno a los versos de Casariego, destapó en su artículo ‘Quién escribe las letras de Héroes del Silencio’ (publicado en la ‘Revista La Clave’, número 323) la utilización sin acreditar de versos de Pablo Neruda (“El corazón pasando un túnel oscuro como un naufragio”) o Mario Benedetti (“Las cosas más triviales se vuelven fundamentales”), entre otros. “La reacción al artículo fue extraña. Más bien de desconcierto. Me temo que muchos quisieron mirar a otro lado porque la sensación que desprendía era desagradable”, recuerda ahora Del Val.

El descubrimiento, según explica, se produjo una década antes, a finales de 1995, cuando un amigo con el que compartía pasiones musicales y literarias, Mariano Paredes, le enseñó unos versos de ‘Geografías’ (Benedetti, 1984) utilizados en dos de los sencillos de ‘Avalancha’ (Héroes del Silencio, 1995). “Yo me había enganchado a Héroes del Silencio con su primer disco, ‘El mar no cesa’ (1988). Me atrapó su fuerza, que iba más allá del sonido de las guitarras, y con su tercer disco, ‘El espíritu del vino’ (1993), complicaron todo mucho más y me quedé deslumbrado. El descubrimiento después de aquellos versos de Benedetti fue bastante crudo y supuso una decepción, porque me hizo dudar sobre el conjunto de la obra. Parecía mucha casualidad que aquel libro contuviera los únicos doce versos de los que se había apropiado en su carrera”, apunta.

Una difícil tarea

La duda de si esos ‘préstamos’ no reconocidos eran los únicos existentes pronto se disipó, al leer ‘El camino del corazón’ (Fernando Sánchez Dragó, 1990), donde dos canciones de ‘El espíritu del vino’ (‘Los placeres de la pobreza’ y ‘Bendecida’) “acumulaban 48 ideas” literales del libro. “A veces las cosas sí son lo que parecen”, escribe Del Val en su libro sobre aquel nuevo hallazgo.

El poeta vallisoletano reconoce que es “casi imposible” la tarea de tirar del hilo de autores utilizados por Bunbury en sus letras. “Solamente ser un enfermo de la literatura y leerme ocho o diez libros a la semana lo ha permitido”, explica, apuntando que algunos de sus hallazgos los ha realizado en “extrañas antologías de poetas latinoamericanos”. A su juicio, ‘El método Bunbury’ es “el libro que solo puede escribir un seguidor, porque al tener las letras en la cabeza, tras haber escuchado cientos de veces las canciones, es cuando haces la asociación mientras lees un libro donde encuentras tres palabras seguidas que te resuenan de forma extraña”.

Llegó así un momento, cuando acumulaba en sus archivos personales alrededor de 300 débitos de Bunbury, en el que sintió la “tentación” de pasar las letras del compositor por un programa informático antiplagio, y para su sorpresa después de probar hasta tres canciones que sabía fehacientemente que incluían versos ajenos, el resultado no arrojó ninguna coincidencia. “Yo pensaba que ese software tenía el respaldo de bibliotecas de millones de libros y catálogos infinitos, pero trabajan a partir de resultados filtrados por los buscadores de internet, y como en internet están volcadas a mansalva las letras de Héroes del Silencio y de Enrique Bunbury, es imposible. No hay manera de hacer un rastreo fiable así, simplemente leyendo y leyendo, y al cabo de 25 años en los que has leído como un loco, vas encontrando cosas”, expone.

¿Cuál es, entonces, el método Bunbury? Del Val responde: “Él lo que hace son centones” (la Real Academia define centón como una “obra literaria compuesta con fragmentos de otras obras” y, en una segunda acepción, “obra llena de elementos heterogéneos y falta de originalidad”). “Su método es el centón. Es decir, toma referencias deshilachadas de diferentes contextos, no solamente del registro culto, y él lo único que hace es hilvanar”, concluye coincidiendo con el profesor Vicente Luis Mora, sobre un caso que guarda notables concomitancias, como recalca en el libro Santiago Rodríguez Guerrero-Strachan, con lo que ocurrió dos siglos atrás con Samuel Taylor Coleridge, uno de los grandes poetas ingleses del Romanticismo.

“Creo que a Bunbury le ha pasado lo mismo que a Coleridge. Él usaba cuadernos de notas y mezclaba sus impresiones con copias literales de citas o de ideas ajenas, y llegaba un momento en el que no distinguía lo propio de lo ajeno. Yo creo que a la hora de elaborar estos centones él tendrá cuadernos en los que ya no sabe qué es suyo y qué es de los demás. El caso de Coleridge es un espejo, es el mismo método: ir coleccionando ideas de distinta procedencia (hay hasta titulares de periódicos en algún caso), para luego medir eso métricamente y enlazarlo en lo que la melodía le pide”, explica. “Yo creo que ni él mismo es consciente de hasta dónde ha llegado, porque es un poco salvaje lo que ha hecho. Cuando lea el libro creo que se va a sorprender”, abunda.

En su dosier central, el libro recorre disco a disco la trayectoria de Bunbury y la cantidad de versos apropiados que Del Val ha detectado, desde las 49 referencias que saca a la luz en ‘El espíritu del vino’ a las 88 referencias que certifica en su más reciente álbum de estudio, ‘Posible’, que ha llegado al mercado hace apenas tres semanas y se acaba de convertir en el disco más vendido del momento en España.

Cuestionado sobre lo que más le ha sorprendido en este trabajo de investigación que ha prolongado intermitentemente durante 25 años, es claro: “El método parecía abandonado en un punto de su carrera pero luego resurgió con fuerza. Tras ‘Pequeño’ (1999) y ‘Flamingos’ (2002), yo pensaba que era consciente de lo que había hecho y que se había retractado, pero sin embargo en ‘El viaje a ninguna parte’ (2004) volvió a hacerlo y en ‘Helville de luxe’ (2008) se desató por completo, hasta el punto de que es el disco que más presuntos plagios tiene, con 157, aparte de los que no habré encontrado”.

Debate abierto

En ese sentido, además de recabar la opinión al respecto de alguno de los autores presuntamente plagiados, como Fernando Arrabal, Sánchez Dragó o el propio Gamoneda, su ensayo va más allá del caso concreto de Bunbury para establecer un debate en torno a los límites de la creación y el apropiacionismo cultural, recogiendo las aportaciones de expertos en diferentes ámbitos como el propio Mora, Fernando Castro Flórez, Carlos Losilla, María Ángeles Pérez López y Mariano Muniesa.

El hecho de haber puesto las cartas sobre la mesa sobre la práctica de “apropiacionismo” realizada por el cantante, no quita para que Del Val reconozca que, “objetivamente, la carrera de Bunbury demuestra ser la del mayor artista rock de la historia de España” y señala que “después de Julio Iglesias y Raphael posiblemente sea el siguiente mayor cantante, por la influencia y expansión que ha tenido en el mundo entero”.

Del Val, que considera este libro “una rareza” dentro de su trayectoria, confía en que su posible repercusión no “opaque” el resto de su actividad creativa (“es la que realmente me interesa”, subraya). “Si hay o no plagio en sus letras solo lo puede establecer un juez si hay una denuncia por lo penal. Lo que está clarísimo es que él ha cometido presuntos plagios”, completa. Ahí están, también en el libro, las sentencias contra Darío Frías por apropiarse de versos de Carlos Aganzo y de Jorge de Arco en ‘Volverse sombra’ (2015), o contra Lucía Etxebarría, que denunció a ‘Interviú’ después de que el semanario publicara que ella se había apropiado de versos de Antonio Colinas en su primer poemario, ‘Estación de invierno’ (2001).


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Un comentario

  1. En su voz, en su melodía, en su “cocktail” perfecto, todo adquiere una dimensión sideral nunca antes sintetizada. Héroes del Silencio y Enrique Bunbury, son los más grandes de la historia de la música en español. Y si debe citar, que cite, y si debe seguir siendo el más grande, que lo sea.

  2. No solo de poetas y escritores, también de películas. Si veis “El séptimo sello” de Igmar Bergmang y escucháis “Las consecuencias”, alucináis. “¿Por qué siempre conviene alegrar a la gente? También de vez en cuando está bien asustar un poco”, tal cual; y alguna que otra frase más.

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