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Condenado por abusar de su hijo de forma reiterada en Salamanca

"Mi padre bebía y me pedía actos sexuales, entonces me iba al salón hasta que se durmiera"

La Audiencia Provincial de Salamanca ha condenado a J. S. H. , de 60 años, a una pena de cuatro años y medio de prisión por abusar sexualmente de forma reiterada de su hijo que ahora tiene 16 años.

 

Cuando su hijo contaba entre 9 y 11 años de edad y aprovechando que dormían en la misma cama en un pueblo de la provincia, «con ánimo lascivo le realizaba diferentes tocamientos en sus zonas íntimas como el pene, para a continuación, solicitarle que le masturbase y chupase sus zonas sexuales, a lo que el pequeño no accedía, saliendo al salón a sentarse en el sofá a la espera de que el padre se quedase dormido para volver al dormitorio. Salvo en una ocasión, en que el pequeño accedió a masturbar a su padre porque pensó así dejaría de seguir pidiéndoselo».

El menor siempre ha tendido a minimizar los hechos porque no quería perjudicar a su padre, ni quería perder al mismo, como perdió a su madre cuando se fue con su hermanito pequeño a Paraguay y no volvió.

Desde el principio, el niño siempre quiso solo que su padre cambiara, dejara de beber y no volviera a repetir actos como los narrados.

Asimismo, contó cómo “mi padre cambió radicalmente cuando se fue mi madre, cuando yo tenía siete años. Bebía y me pedía actos sexuales, entonces me iba al salón hasta que se durmiera. Cuando se fue mi madre, los fines de semana empecé a dormir con mi padre en el dormitorio matrimonial. Al principio yo tenía miedo porque era algo nuevo y no sabía qué hacer, tenía siete años, después ya en 2018 cuando tenía 12 años se lo conté al monitor. Mi padre me tocó el pene alguna vez, entonces me iba de la habitación porque sabía que era malo, también le pedía que le masturbara y que se la chupara, pero yo sólo le masturbé una vez porque pensé que así dejaría de pedírmelo, pero volvió a pedírmelo y a insistir, así que yo me bajé abajo al sofá hasta que él se durmiera”. E insistió en que es cierto que “su padre empezó a beber más desde que se fue mi madre, estaba horas y horas en el bar”.

Nos hallamos ante un niño que, cuando contaba 12 años de edad, reveló y relató con el mayor detalle que pudo los tocamientos íntimos que vino llevando a cabo su padre sobre él desde que contaba tan sólo 7 años, conducta lasciva cuyo sentido y naturaleza no comprendía el menor en un principio.

Por todo ello, el tribunal indica que procede imponer al acusado las penas de 4 años y 6 meses de prisión, inhabilitación especial para el derecho de sufragio pasivo durante el tiempo de la condena, inhabilitación especial para cualquier profesión u oficio que conlleve contacto regular y directo con menores de edad por tiempo de 9 años y prohibición de aproximación y comunicación con la víctima por tiempo de 5 años y la medida de seguridad consistente en la obligación de participar en los programas formativos de educación sexual que resulten necesarios dentro de un periodo de 5 años.

Lo grave de esta delincuencia sexual sobre los hijos por sus propios padres, prosigue la sentencia, es que éstos, en lugar de protegerlos y tutelarlos para evitar que un tercero les pueda causar un daño, son ellos los que lo causan, por lo que el menor comprueba que su propio padre, que es quien debería protegerle de los extraños, se acaba convirtiendo para el menor en algo más grave que un extraño. A lo que hay que añadir la indefensión que le produce que no pueda recurrir a su padre para que le ayude porque es el abusador sexual. De modo que el menor no puede pedir ayuda, protección o tutela a su padre porque este es su agresor sexual.

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