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Los cien años de Garrido

Garrido es el barrio más populoso y popular de Salamanca, los vecinos de toda la vida cuentan cómo ha sido su evolución

 

El perímetro de Salamanca era escaso a finales del siglo XIX, momento en que llegó el tren a la ciudad. Era necesario extenderlo hacia el norte. Comenzaría entonces una expansión demográfica y una transformación urbanística que haría evolucionar a la capital charra.

El barrio Garrido tuvo dos ‘padrinos’: Manuel Garrido Pardo y Santiago Bermejo Pollo. Garrido nació en 1872 y trabajó en la construcción. Acabó emigrando a Buenos Aires y falleció en la capital Argentina en 1936. Por su parte, Bermejo Pollo nació en Castellanos de Moriscos el 3 de agosto de 1872 y vivió en Salamanca hasta su muerte, un 23 de abril de 1948.

Escribo Garrido y Bermejo y así debiéramos decir y escribir los salmantinos cuando nos refiramos al barrio nuevo que le salió a la ciudad, al Norte, más allá de la vía ferroviaria a Portugal, a continuación de los Salesianos. Porque los pioneros, los iniciadores de ese barrio que pareció nacer para que en él vivieran los empleados de la compañía de los Ferrocarriles del Oeste de España y jubilados de artesanías y profesiones liberales de escala modesta, fueron dos, los señores Garrido y Bermejo”. Así lo escribe Enrique de Sena, en el V Volumen de la Historia de Salamanca.

Calle Garrido y Bermejo,

Salamanca, ciudad que tenía 25.690 habitantes al comenzar el siglo XX, pasó a contar con 32.414 en 1920. Algo más del crecimiento vegetativo. “Le vienen gentes de la provincia que huyen de la angustiosa pobreza que envuelve el campo y aumenta el número de funcionarios. Incluso la Universidad cuenta con más profesores y alumnos”, apuntaba Enrique de Sena.

Bermejo construyó una casa de verano, con su huerta y almacenes para su negocio de pastelería, donde posteriormente levantó la fábrica de dulces La Mallorquina. En el mandato del alcalde Jacinto Elena y de su sucesor, Ignacio Villoria, en 1923 y 1924, Bermejo Pollo pasa a ocupar cargos de gobierno en la ciudad: fue delegado del Mercado de Abastos, concejal municipal y también teniente alcalde.

Hubo un momento clave en la historia de este barrio según cuenta Enrique de Sena. “Fue el 8 de abril de 1926, cuando la ciudad entregó simbólicamente a la autoridad militar el Cuartel de Infantería, y posteriormente lo usaría el regimiento de infantería ‘La Victoria’. La parcela tenía 32.000 metros cuadrados que fueron adquiridos entre 1918 y 1920. Las obras se iniciaron en 1924 y la inauguración tuvo lugar en 1926. Este suceso impulsó a los salmantinos a vivir al otro lado de la vía de ferrocarril. Ahora ese antiguo cuartel lo ocupan El Corte Inglés, la plaza de la Concordia y el centro cívico Julián Sánchez ‘El Charro’, espacios que han contribuido a situar el barrio Garrido en un lugar muy destacado de la historia del Salamanca en el siglo XXI.

Un edificio del barrio Garrido.

Regresemos cien años atrás en la historia de Garrido, donde el trazado de las calles y la altura de las viviendas fueron diseñadas por los albañiles de la época, sin planificación alguna. Mientras, el Ayuntamiento de los años veinte del siglo XX vivía indiferente. Solo prestó atención a lo que ocurría en esta zona periférica de la ciudad cuando vio que había varias decenas de edificaciones sin cimientos sobre una sencilla solera de ladrillo de no más de treinta o cuarenta centímetros de profundidad.

La ciudad evolucionaba lentamente, un dato que lo refleja es que en 1955 todavía se practicaba la costumbre de arrojar a la calle el agua del cubo de fregar los pisos. Impensable hoy en día.

Garrido hoy

El aspecto del barrio ha cambiado mucho con los años. “Garrido antes solo era campo, luego tierra y posteriormente asfalto. Paseaba por aquí con mi novia cuando esto era tierra antes de los años 50”, cuenta Ramón Lucas, vecino de toda la vida del barrio más populoso de Salamanca: Garrido.

El asfaltado de las calles llegó en la década de los ochenta, siendo alcalde Jesús Málaga. En su mandato se mejoró el alcantarillado, la recogida de basura y que el agua corriente llegase a las casas, “que hace décadas suponía auténticos quebraderos de cabeza”, relata Jesús Málaga en su libro ‘Desde El Balcón De la Plaza Mayor. Memorias de un Alcalde’. Aún se acuerdan del viejo alcalde en el barrio. “Lo conozco personalmente y mi hermano que ya no vive en Salamanca, también”, asegura Ramón Lucas emocionado.

Pequeños ejemplos de la actuación sobre la gestión de los residuos fue que por primera vez en 1983 se colocaron contenedores para el vidrio. La decisión fue un éxito y se amplió el número de estos contenedores. También, para mejorar la limpieza del barrio, en 1987 se selló y limpio la escombrera de Garrido (conocida como cementerio de los burros).

Un hombre sentado en un banco de Garrido.

Las primeras casas distan mucho de las actuales. “Las viviendas llegaban hasta el Parque de Garrido. Estas eran bajitas, de una sola planta. Por donde las casas de Zamora había un edificio solitario, pero con el tiempo fueron apareciendo otros alrededor”, describe Toñi Martín, otra de las vecinas de toda la vida de Garrido.

Al igual que el resto de España, los años sesenta supusieron para Salamanca y, en especial para Garrido, el boom urbanístico. El barrio se transformó y las casas de escasa altura fueron reemplazadas por altos bloques de pisos para dar cobijo a los salmantinos que emigraban de los pueblos a la capital. Según Ramón, esta emigración hacía especial el barrio, “la mitad de la gente llegaba de los pueblos”.

Y es que la vida en Garrido recordaba a la sociedad rural. Toñi Martín recuerda que “los vecinos antes éramos los mismos, nos conocíamos todos y siempre se sabía lo que hacía cada uno, como en los pequeños pueblos. Ahora es diferente, puedes estar mucho tiempo sin saber de ellos. Pero también tiene cosas buenas, hemos ganado en intimidad”.

Dos personas charlan en una calle de Garrido.

Las calles no descubrieron el asfalto hasta 1979. La situación mejoró con la operación asfalto de 1982 y 1986. Las primeras avenidas en ser asfaltadas: Federico Anaya, María Auxiliadora y la Avenida Portugal.

Jesús Málaga en sus memorias recuerda que la tramitación de la urbanización de Alfonso IX fue muy importante y hubo que ocupar edificaciones ruinosas. “El primer tramo urbanizado consistió en aquel que va de Federico Anaya a la calle Wellington. La segunda fase, de la calle Trabajo hasta El Greco. La tercera actuó en la parte central”.

El barrio también evolucionó hacia el color verde. En 1974 el Parque de Garrido se alzaba donde antes había huertas. Sufrió cambios y se convirtió en un jardín. Se plantaron más de 1.000 árboles para ello. Se instalaron juegos infantiles, zona deportiva, 35 bancos metálicos, 70 papeleras, cuatro fuentes, 76 farolas y zona para picnics.

El parque de Garrido.

Garrido también fue dotada de plazas. La plaza de Barcelona fue diseñada por el arquitecto salmantino Antonio Fernández Alba, que se inspiró en la ciudad condal y cuyos bancos recuerdan a los diseñados por Gaudí. “Aquí, jugaban al patinete los niños antes de que fuese pavimentada y el barrizal desapareciese”, explicó una antigua profesora del barrio.

Como chascarrillo de la inauguración de la plaza de Barcelona, Jesús Málaga recuerda en sus memorias la anécdota que protagonizó Pasqual Margall, por aquella época alcalde de Barcelona, cuando al dirigirse a los salmantinos los aludió como “malagueños”, confundiéndose con el apellido del alcalde charro Jesús Málaga.

La primera superficie comercial

Los comercios cambiaron. Los pequeños negocios cedieron ante la llegada de Aldi y Merca 80. En 1982 el Ayuntamiento y Mercasa invirtieron 196 millones de pesetas (1,178M€) en la construcción del centro comercial de Garrido. Albergó variados establecimientos comerciales, zonas para actividades culturales y asistenciales. Tenía 61 módulos para puestos de venta. Fue inaugurado el 4 de Diciembre de 1984. Era la primera vez que se abría una superficie comercial de tamaño medio en Salamanca.

El parque de Garrido.

Luego aparecieron Gadis, Mercadona, el centro comercial Los Cipreses y el multiusos Sánchez Paraíso. Estos grandes establecimientos compitieron con los pequeños comercios, obligando a cerrar a muchos de ellos, algunos por no poder competir y otros por jubilación.

Garrido es también el barrio de las grandes instalaciones deportivas de Salamanca, al multiusos Sánchez Paraíso hay que sumarle las piscinas de Garrido,  Pabellón polideportivo Würzburg o el campo de fútbol Vicente del Bosque, entre otros espacios para practicar deporte.

Educación y salud

La escolarización fue un gran problema hace décadas. Para solucionarlo se construyeron el Colegio Filiberto Villalobos, el de San Mateos (hoy escuela municipal de música Santa Cecilia), Mateo Hernández y Francisco Salinas. Los vecinos recuerdan cómo fueron ocupando sus respectivos lugares en el barrio.

La cultura no se detuvo. Surgieron espacios y eventos donde se promocionó el aprendizaje. En 1982 la casa de Cultura abrió sus puertas en Garrido y el “bus cultural” transitó sus calles. En 1986 se desarrolló el “taller de cuentos”, y talleres de animación a la lectura del libro infantil y juvenil. En 1987 apareció la gran biblioteca de Garrido, hoy llamada Gonzalo Torrente Ballester.

Dos personas sentadas en un banco de Garrido.

La sanidad en el antiguo Garrido era diferente. Ahora, los habitantes del populoso barrio (quién se lo diría a Garrido y a Bermejo cuando solo había unas pequeñas casitas) pueden acudir a dos Centros de Salud. Pero antes de los años 80 la atención primaria en Salamanca era inexistente. “La gente tenía un médico particular donde llevaban a los niños”, coincidían Toñi y Ramón.

Los niños también han cambiado. Antes jugaban al fútbol, a la calva (Ramón Lucas asegura que a día de hoy se mantiene esta tradición) y a todo lo que diese de sí la calle.

Complejo deportivo Vicente del Bosque.

Algo que se mantiene es el ocio. Garrido tiene una consolidada tradición de acudir a los bares en el tiempo libre. Quien pasee por la zona encontrará bares repletos de gente, incluso en los tiempos del covid. La gente mayor no se arruga ante el virus, y disfrutan de sus antiguas amistades tomando algo con el resto del vecindario. Ramón Lucas recuerda como «lo común era salir a tomar vinos. Con 20 pesetas (0,12€) podía beber mucho».

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Por: David García – Cervigón Romero de Ávila

Bibliografía:

Siglo Veinte, Volumen V (Coordinador Ricardo Robledo, Director José-Luis Martín).
Callejero Histórico Salmantino, de Ignacio Carnero.
Desde El Balcón De la Plaza Mayor. Memorias de un Alcalde, de Jesús Málaga.
Blog Salamanca en el ayer.

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