¿Centro para inmigrantes sí o no? División en Puente Ladrillo

La posibilidad de que la antigua residencia del barrio acoja un Centro de Acogida de Protección Internacional genera posturas opuestas en el barrio. “Yo no soy racista, pero me parece mal que no nos hayan avisado”, se queja Julia. “Cuando no tienes conocimiento de algo, surgen miedos”, advierte Daniel

La antigua residencia de San Juan de Sahagún, en la carretera de Aldealengua. (Archivo)
La antigua residencia de San Juan de Sahagún, en la carretera de Aldealengua. (Archivo)

La posibilidad de que Puente Ladrillo acoja un centro para migrantes genera división de opiniones en el barrio. No hay confirmación alguna por parte de las administraciones, pero el rumor está en la calle y forma parte del día a día de la vecindad. Que la antigua residencia de mayores San Juan de Sahagún, antes propiedad de la Junta de Castilla y León y ahora del Estado, se convierta en un Centro de Acogida de Protección Internacional (Cepi) es una posibilidad pero, a día de hoy, no es una realidad en Salamanca.

De hecho, el propio delegado del Gobierno en Castilla y León, Nicanor Sen, visitó Salamanca este jueves y explicó que se desconoce a qué se destinará el complejo, situado en la carretera de Aldealengua. “A día de hoy, lo hemos dicho ya en varias ocasiones, no tiene un uso definido”, declaró. A pesar de ello, quienes se oponen al proyecto han creado la denominada Plataforma Vecinal Puente Ladrillo (PVPL), que se reunió para debatir sobre el asunto el pasado miércoles y que tiene previstas próximas acciones.

La falta de información, dicen, es una de sus preocupaciones. Así lo cuenta Julia, una vecina cuya casa está en frente de la residencia antigua. “Yo no soy racista, pero me parece mal que no nos hayan avisado. Nos hemos enterado por los vecinos. Yo creo que el alcalde es el que tenía que habernos dicho algo, porque lo tiene que saber”, expone. “Y ya te digo que yo no soy racista, y si tengo que ayudar a una persona de fuera, yo la ayudo, pero aquí hay mucha gente necesitada que se ha quedado sin trabajo o que le han quitado la casa y no se hace nada. Parece que todo son ayudas para ellos”, agrega, en referencia a los apoyos específicos para personas que llegan a España procedentes de otros países.

Julia no es integrante de la PVPL, “pero mi marido sí”, aclara. Por eso sabe que habrá reuniones próximamente y conoce otras inquietudes que 'quitan el sueño' a quienes rechazan el supuesto Cepi. “Nos hacen una faena porque ahora nuestras casas se van a devaluar. Aquí los pisos siempre se han vendido muy bien. Al tener a toda esta gente aquí, a lo mejor ahora nadie va querer venir”.

Convocatoria de la Plataforma Vecinal Puente Ladrillo (PVPL), en una de las farolas del barrio.

Sin embargo, “no hay ni proyecto”, como recuerda Manoli, que vive y trabaja en el barrio. “Hay mucho revuelo con el tema, pero no se sabe nada. Esto es una bomba informativa. Y pasa lo que pasa, que la gente se alborota y empiezan los problemas”. Ni Manoli ni su amiga María, que trabaja en Puente Ladrillo aunque vive en otra zona de la ciudad, ve con buenos ojos que se cree un centro de acogida como el que se rumorea. No lo consideran del todo “justo”, pero no tanto por la ubicación, sino por el tipo de servicio que los Cepi plantean. “A quien se merezca la oportunidad, que se la den, pero no se lo merecen todos”, detallan, en referencia a los emigrantes. “No tiene que ver con racismo, es por lógica”, añaden.

Y es que “cuando no tienes conocimiento de algo, surgen miedos”, como apunta uno de los integrantes de la junta directiva de la asociación de vecinos de Puente Ladrillo (Puentelave), que emitió un comunicado para confirmar su total desvinculación de la plataforma que rechaza el proyecto. Por esa razón, Puentelave tiene previsto realizar una reunión informativa próximamente, destinada a aclarar lo que es un Cepi y profundizar acerca de otro asunto que genera ciertas dudas en el barrio, como es el futuro Centro de Convivencia para Menores, cuyas obras están ya en marcha junto a al nueva residencia geriátrica, que sustituye a la antigua y que toma su mismo nombre.

Puentelave ha pedido datos a las administraciones, porque “creemos que la información combate estas actitudes un poco racistas”, explica Daniel. “Pero no se sabe nada. No hay un plan estratégico para ese edificio. Únicamente ha vuelto al Ministerio un edificio que ya era suyo y han visto que el mejor destino era Migración, porque se podría necesitar en un futuro. Es la única información que se tiene”.

“La asociación de vecinos nunca va a ir en contra de ninguna persona, y menos personas en riesgo de exclusión social y colectivos minoritarios”, aclara, y lamenta que el “bulo” esté generando “miedo” o “comentarios xenófobos” en la zona. Para tratar de paliarlo, vecinas como Mireia se esfuerza estos días en “hacer mucha pedagogía”, porque “la gente tiene miedo, derivado de la desinformacion y el desconocimiento”, pero el debate solo será fructífero si se basa en “información real” y no en “comentarios racistas”.

“Si tú te fueras, también te gustaría que te tratasen bien. Entonces, si llegan personas migrantes, que quieren trabajar y que necesitan ayuda, ¿por qué no los vamos acoger? Si me fuera a otro país, me gustaría que me acogieran y me respetasen”. Estos son los argumentos que Mireia transmite a quienes temen que se generen problemas en el barrio si el centro se convierte en realidad. Porque “todos esos bulos y argumentos están manidos” y “no siempre quien hace más ruido es quien tiene la razón”, añade.

La inquietud también surgió en el barrio cuando se anunció la construcción del centro destinado a menores en enero del año pasado, recuerda Mireina. “Encontré en mi portal una nota diciendo: 'Van a venir aquí a violar a nuestras hijas'. Entonces, yo me subí ese papel a casa y me dediqué a desmontar esa idea y a colgar otra explicando por qué eso no era cierto y que lo que abren aquí es un centro de protección a la infancia” que acogerá “a niños y niñas que están ahí porque, como sociedad, no hemos sido capaces de darles una oportunidad distinta”, menores que “se merecen todo el respeto del mundo”.

Obras de construcción del Centro de Convivencia para Menores en Puente Ladrillo.

La misma postura defiende Ana que, aunque vive en una parte más céntrica de Salamanca, trabaja en Puente Ladrillo. “¿Cuántas incidencias policiales hay en el centro y cuántas hay en barrios periféricos?”, plantea, al tiempo que lamenta “la utilización de la desinformación y el miedo como discurso para arengar a la gente contra derechos humanos”. Además, “que vengan personas migrantes no significa que vaya a subir la delincuencia, lo que sube la delincuencia son las necesidades”, expone. “Muchos de nuestros familiares han tenido que viajar y no nos acordamos de que fueron migrantes”, recuerda, “echando la vista atrás”.

La reunión informativa de Puentelave tratará de paliar los miedos e incertidumbres que aquejan a algunos vecinos, que también hablan de “inquietud”, como es el caso de David, que regenta un pequeño negocio en la zona. Él ha escuchado “en las noticias” datos sobre las personas migrantes que le hacen estar en alerta. “A lo mejor son gente que no tiene trabajo y que pueden tener vicios como fumar o beber, y claro, eso no van a dejar de hacerlo. No digo todos, pero... me gustaría que los ubicaran en otro lugar”. David teme que las diferencias culturales generen conflictos, ya que “a lo mejor pueden venir de Marruecos, aunque no lo sé”, añade el pequeño empresario, que tiene un establecimiento en un barrio donde la convivencia con el colectivo gitano es una realidad histórica.

“Nunca ha habido ningún problema con ellos”, confirma Belén a cerca de los vecinos de etnia gitana, mientras espera para comprar el pan. “Yo preocupada no estoy, aunque he hablado con gente que está planteándose cambiarse de piso, porque piensan que va a ser esto la guerra”, relata entre risas, en referencia tanto al centro para menores como al de adultos que los rumores sitúan ya, incluso con cifras concretas sobre el número de personas que alojará (entre 400 y 500), en la vieja residencia de mayores de Puente Ladrillo.

En cuanto al rechazo que los migrantes sufren en España, existe un bulo sobre las facilidades que se les conceden desde las administraciones, esa supuesta gran cantidad de “ayudas” que les permite llevar una vida cómoda y holgada sin esfuerzo. ¿Hasta qué punto es esto real? Para que una persona procedente de otro país reciba una ayuda pública en el nuestro “tiene que cumplir los mismos requisitos que los españoles”, ya que “no hay ayudas específicas para inmigrantes”, como explica el abogado experto en trámites de extranjería, Daniel Caro Lechuga, del despacho Caro Lechuga Abogados en Salamanca. Eso de que “desde el primer día ya tienen una ayuda, solo por venir”, es falso, ratifica. “Son bulos”, declara.

“La mayoría de inmigrantes, el 95 por ciento, por lo que vemos nosotros en el despacho, lo primero que nos preguntan es cómo pueden trabajar legalmente con cotizaciones”, manifiesta Caro Lechuga. La información demandada es “cómo pueden quedarse en España con contrato de trabajo. La mayoría quieren venir a aportar. Y generalmente se quedan a vivir, se integran e incluso muchísimos piden la nacionalidad española”.

“Pronto olvidamos nuestra historia, porque hace 50 o 60 años éramos los españoles los que emigrábamos a Francia y Alemania a trabajar”, observa el letrado. Y quizá esta falta de memoria histórica da lugar al rechazo hacia personas de otros países, muy presente en redes sociales. Por ello, la Universidad de Salamanca (Usal), lidera un estudio internacional sobre mensajes de odio y bulos que componen los discursos tóxicos sobre la inmigración.

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