Los gritos se escuchaban hasta en el último rincón de la selva. Tanto es así que muchos animales se habían arremolinado en aquel claro viendo como un burro y un tigre discutían de manera vehemente.
- - ¡Verde como las esmeraldas! -- gritaba enfurecido el tigre haciendo aspavientos con las zarpas.
-- Azul como el mismo cielo, si lo sabré yo que me alimento de ella... -- respondía el burro no sin menos furia.
El tigre poniendo los ojos en blanco trataba de razonar con el pollino sobre el color de la hierba que les rodeaba.
-- Es verde, como ha sido desde siempre... ¡verde!
-- No insistas. Estás equivocado y salta a la vista que es azul. Pero, ¡que muy azul!
Pasaron horas discutiendo sobre si la hierba era azul, como defendía el burro, o era verde, según decía el tigre, y casi al amanecer llegaron a la conclusión de que necesitaban el consejo y la mediación del animal que reinaba en aquella selva: el león.
Y así, sin apenas dirigirse la palabra se encaminaron hacia el castillo en el que habitaba el monarca. Al llegar ante él le expusieron sus argumentos y este, después de escuchar atentamente sus razonamientos, dijo con voz grave y solemne:
-- Burro, tienes toda la razón, la hierba es azul. -- Y prosiguió: Tigre, como castigo a tu ignorancia, serás condenado a 5 años de silencio.
El burro comenzó a dar saltitos sobre sus cuatro patas y salió de allí orgulloso, mirando con desprecio al tigre mientras mascullaba entre dientes un: “ya te lo dije”.
El tigre abatido y con la cabeza gacha se dirigió al león:
-- Majestad, ¿cómo le ha dicho al burro que la hierba es azul? Eso no es cierto. ¡Es verde!
El león levantándose de su trono y pasando una pata por el hombro del tigre le dijo:
-- Obviamente que la hierba es verde, eso no tiene ninguna discusión posible. Lo sabemos tú, yo y el resto de los habitantes del mundo... Y de ahí tu castigo: es muy poco inteligente discutir con un burro que no entrará en razón nunca, por mucho que le argumentes y demuestres las cosas. Además de ser una pérdida de tiempo y eso sí que es imperdonable.
Y así, niñas y niños haced caso al león. Sed inteligentes y no perdáis tiempo discutiendo con burros...
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