Los negocios que ‘ocultan' las terrazas

Calles y plazas se ven 'invadidas' por las mesas, sillas y sombrillas de las terrazas de los establecimientos de hostelería

Una terraza de Van Dick con las sombrillas desplegadas.
Una terraza de Van Dick con las sombrillas desplegadas.

El centro de la ciudad, el casco antiguo, la zona de Van Dick… están repletas de terrazas de bares, pero también hay peluquerías, droguerías, lencerías, tiendas de regalo o ropa, papelerías, librerías… cuyos escaparates quedan ‘tapados’ por las sombrillas de las terrazas.

El modelo de ciudad que promueve el Ayuntamiento no es neutro, tiene prioridades claras. Y esas prioridades no pasan por el bienestar de sus vecinos, sino por el beneficio inmediato de determinados sectores. En el centro histórico, zonas como la Rúa Mayor, la plaza del Corrillo o la plaza del Peso han sido transformadas en auténticos comedores al aire libre.

La ocupación de aceras y espacios públicos por parte de las terrazas ha llegado a niveles tan extremos que caminar por ellas es incómodo, y para muchas personas, como mayores o con movilidad reducida o padres y madres con carritos directamente imposible. Si vivir en estas zonas ya era complicado por los precios del alquiler, ahora también es invivible por el ruido constante, que se prolonga altas horas de la noche.

Esta tendencia no es exclusiva del centro, zonas como Van Dyck, de identidad más vecinal y con un comercio diverso y tradicional, están siendo arrastradas por esta lógica de ‘todo por la pasta’.

“El Ayuntamiento ha comenzado a ensanchar aceras eliminando plazas de aparcamiento, pero no con un criterio de accesibilidad o sostenibilidad, sino para facilitar la instalación de más terrazas. En lugar de zonas de sombra, bancos o espacios públicos pensados para el peatón, lo que se multiplica son mesas. Negocios de toda la vida, como librerías, ferreterías o tiendas de barrio, quedan ocultos detrás de estas instalaciones hosteleras. El resultado, pierden visibilidad, clientela y, en muchos casos, viabilidad”, puntualiza Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.

El comercio local lo dejan morir poco a poco. Pequeños comercios que han sido la base económica y social de muchos barrios ven cómo se les da la espalda mientras se favorecen otras actividades con mayor rentabilidad a corto plazo. “El Mercado Central, tradicional punto de encuentro y compra de proximidad, está siendo ahogado por una gestión cuestionable. No está claro si la intención es revitalizarlo o convertirlo en un centro de hostelería con gastrobares, que poco tienen que ver con su función original. Esta falta de claridad y apoyo directo al comercio tradicional es un síntoma más de una política municipal que descuida lo esencial”, expone Martín Galeano.

La Plaza Mayor, corazón histórico y orgullo de Salamanca, también sufre un mal uso creciente. Algunos eventos que se organizan parecen más pensados para atraer publicidad que para respetar a los ciudadanos que habitan el centro. El exceso de actos multitudinarios, conciertos o ferias convierten este espacio emblemático en un lugar saturado y ruidoso, perdiendo su esencia y funcionalidad como punto de encuentro tranquilo y cultural. “La permisividad con ciertos usos perjudica tanto al descanso de los vecinos como a la imagen que se quiere proyectar de la ciudad”, concluye el líder de Por Salamanca.

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