Si un cliente tiene una urgencia y pregunta dónde está el servicio, la respuesta casi automática que recibe del camarero es al fondo a la derecha o a la izquierda. Incluso si estás en los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca, una de las más bellas de España, corazón de la capital del Tormes, orgullo de los salmantinos y postal que se llevan los turistas.
Por esta razón, lo que está ocurriendo en los soportales de la Plaza Mayor de Salamanca, en la zona de los Portales de San Antonio, frente al Mercado Central de Salamanca, no es un simple descuido: es un síntoma evidente del abandono institucional que sufre la ciudad.
Hablamos del estandarte de una ciudad Patrimonio de la Humanidad, pero si se tiene en cuanta que el Ayuntamiento de Salamanca no tiene una concejalía denominada Patrimonio, quizá se entienda que la ‘cara b’ de la Plaza Mayor no sea un espacio para cuidar y conservar, por aquello de que quizá los visitantes no lo vean. Lo que no se ve, no existe. Y, sin embargo, esta zona de la Plaza Mayor ofrece una imagen impropia, indigna e indecorosa.
Locales cerrados, degradación visible y una escena que ya no admite matices: tras un cristal completamente translúcido, sin el más mínimo cuidado, se expone un aseo completo al exterior. Un váter visible desde la calle en pleno epicentro monumental. Así que sí, al fondo a la derecha es donde pueden aliviarse.
En ese mismo entorno se encuentra La Covachuela, un local histórico y muy querido tanto en Salamanca como fuera de ella, cuya fachada sigue atrayendo a numerosos turistas que se acercan a hacerse fotografías como recuerdo. Un símbolo de lo que fue la vida y el carácter de la ciudad, hoy rodeado de abandono.
Esto no es solo dejadez. Es falta de control, de criterio y de respeto.

Los balcones, cubiertos de suciedad y excrementos de paloma. Los soportales, con una imagen cada vez más deteriorada. Y mientras tanto, decisiones que no ayudan, sino que agravan el problema: cambios que han afectado al flujo de personas y a la vida comercial del entorno, como la supresión de la parada de autobuses, debilitando aún más una zona que debería estar protegida y dinamizada.
No es un problema puntual. Es una cadena de decisiones y omisiones. «Primero se deja caer el comercio tradicional. Luego se vacían los locales. Después llega la degradación. Y finalmente, la normalización del deterioro. Y eso es lo más grave: que se está normalizando», lamenta Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.
Martín Galeano señala una realidad que muchos ven, pero pocos dicen en voz alta: «esto es un despropósito. El Ayuntamiento sigue mirando para otro lado. No hay una actuación decidida, no hay un plan integral, no hay una defensa real del patrimonio», matiza.

Y ahora, en plena Semana Santa, cuando la ciudad debería mostrar su mejor imagen, la realidad es otra: los visitantes no solo mirarán los pasos, también verán las fachadas y los balcones cubiertos de excrementos de paloma. «Ese es el escaparate que se está ofreciendo», añade el líder de Por Salamanca.
Y mientras tanto, Salamanca con su historia milenaria cada vez se parece más al cuanto de La gallina de los huevos de oro cuya moraleja cuenta que la codicia y la ambición desmedida pueden llevarnos a perder lo que ya tenemos. «No es solo una cuestión estética. Es una cuestión de ciudad», concluye el líder de Por Salamanca.


















