En Salamanca se repite una idea con insistencia institucional, la ciudad es verde, se anuncia, se inaugura y se comunica como un logro constante, nuevos espacios, nuevas actuaciones, nuevos ‘pulmones verdes’. El último anuncio es en las vías del tren, en el barrio de Garrido, pero una vez más la etiqueta llega antes que la realidad del contenido.
«Mientras tanto, quienes vivimos la ciudad, quienes la caminamos barrio a barrio y no solo desde los actos oficiales o la imagen institucional, vemos otra cosa completamente distinta. Desde hace casi cuatro años, vemos las actuaciones del equipo de gobierno, analizando lo que se hace en la ciudad, denunciando lo que se hace mal y reconociendo lo que se hace bien. Hemos señalado en distintas ocasiones que el problema de fondo no es puntual, sino estructural, una ciudad que se está gestionando más desde la imagen que desde la realidad cotidiana», denuncia Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.
«La percepción en los barrios es clara, Salamanca no es una ciudad verde, sino una ciudad emmoquetada, repetida, tratada y en muchos casos abandonada. Espacios intervenidos de forma fragmentada, superficies duras con pequeñas incorporaciones de vegetación, calles con sombra insuficiente y plazas donde lo verde es más decorativo que estructural», expone Chenche Martín Galeano.
El problema no es que se anuncien parques o huertos urbanos, el problema es cómo se están planteando y qué función real cumplen dentro del modelo de ciudad.
«Un verdadero espacio verde urbano no es una cuestión estética, es una cuestión estructural. Necesita suelo permeable, continuidad ecológica, arbolado de gran porte que genere sombra real, conexión entre zonas verdes y una planificación pensada para el clima y para la vida cotidiana. Sin embargo, lo que se está ejecutando en demasiados casos son intervenciones puntuales, aisladas y sin continuidad real», puntualiza Martín Galeano.
Incluso aparecen figuras como los llamados paterrers, pequeñas zonas acotadas con vallas donde se plantan arbustos o flores, que en teoría suman verde a la ciudad, pero que en la práctica muchas veces fragmentan el espacio público, reducen zonas de paso y no aportan una mejora real en el confort urbano ni en la calidad ambiental.

Desde Por Salamanca se viene denunciando este patrón, donde hay intervenciones muy visibles, fácilmente comunicables y políticamente rentables, pero con poco impacto estructural en la ciudad real.
Por eso, cuando se anuncia un nuevo ‘pulmón verde’ en Garrido, desde Por Salamanca no miran el titular, «miramos el contenido. Porque un pulmón verde no es una etiqueta, es una responsabilidad urbana. Y exige escala, continuidad, arbolado real, conexión entre espacios y una estrategia seria de adaptación climática, no un conjunto de actuaciones dispersas sin visión de conjunto», analiza Martín Galeano.
En sus declaraciones, desde Por Salamanca han insistido en varias líneas que se repiten de forma constante en la ciudad. Por un lado, la falta de cuidado del patrimonio, con un casco histórico donde el cableado estrangula visualmente la ciudad monumental y donde elementos históricos aparecen degradados por falta de mantenimiento y planificación preventiva. Por otro lado, la situación del comercio local, con un tejido tradicional que se debilita mientras crecen otros modelos que no siempre benefician a la vida de los barrios. Y también la movilidad y el transporte, con decisiones que muchas veces no responden a las necesidades reales de quienes viven y trabajan en la ciudad.
Todo esto no son cuestiones aisladas, forman parte de una misma realidad, una ciudad que se proyecta hacia fuera como modelo verde y ordenado, pero que internamente presenta carencias evidentes en su estructura urbana, en su mantenimiento y en su equilibrio territorial.
«Por eso insistimos en una idea clave, Salamanca no necesita más propaganda verde ni más etiquetas de marketing urbano, necesita una política de ciudad coherente, equilibrada y pensada para todos los barrios por igual. Porque la ciudad no se mide en inauguraciones ni en titulares, se mide en la vida diaria, en el mantenimiento real, en la sombra en verano, en el estado de las calles, en el comercio de proximidad, en el cuidado del patrimonio y en la dignidad de sus barrios. Y hoy, entre la Salamanca que se anuncia y la Salamanca que se pisa, la distancia sigue siendo demasiado grande», concluye Chenche Martín Galeano, líder de Por Salamanca.
















