Érase una vez… era el arranque de muchos cuentos infantiles de otras épocas. Érase una vez… Francisco de Vitoria, el buque insignia de la Escuela de Salamanca que este año cumple su V Aniversario y que el Ayuntamiento capitalino ha querido homenajearlo dedicándole el Día del Libro.
Al contrario de lo que ocurre en los cuentos infantiles, donde siempre hay moraleja, en este Día del Libro casi ha costado encontrar librería que tuvieran algún libro del Dominico. Víctor Jara, Crespo, Gandhi y Nueva Plaza Universitaria han llevado a los soportales de la Plaza Mayor Relecciones sobre los indios y el derecho de guerra.
Francisco de Vitoria no se encuentra entre los autores más vendidos en este Día del Libro, hasta mediodía los que más destacaban eran Aramburu, con Maíte; Mendoza, con La intriga del funeral inconveniente, Juan Gómez Jurado, con Mentira o Sonsoles Ónega, con Llevará tu nombre.
Hay librería que apuestan por los autores locales, como Yuste, Melibea, Páginas o Rivas que recomendaban a Benito González, con Barbarie; Daniel Cruz, con Salamanca Undergroud; Joaquín Rodriguez, con El destino del Tormes; Luis García Jambrina, con El último caso de Unamuno o Gabriel y Galán, que continúa teniendo sus lectores.
Y por último, están las que hacen su propia apuesta. A Letras Corsarias le gustaría vender libros de Agustín Gómez Arcos, Ana No, es uno de los grandes libros de nuestra literatura contemporánea; en Musarañas se inclinan por Eclipse, de Noemí Fabra; En El Buscón, por todo lo que tenga que ver con el ensayo; en La Caraba, por Comerás flores, de Lucía Solla Sobral; en La latina, por Doña Urraca, una reina en el trono de un rey, de Sonia Vital Fernández; o Los Robles, por Gratitudes, de Delphine de Vigan.
Francisco de Vitoria no será el autor más vendido en este Día del Libro, pero su obra, su pensamiento, sus estudios, junto con los demás autores de la Escuela de Salamanca, marcaron un antes y un después en el devenir del mundo que conocemos. Su Derecho de Gentes son los cimientos en los que se asienta nuestro Derecho Internacional y los preceptos económicos de estos hombres que vivieron hace cinco siglos son pilares fundamentales para un comercio justo. Hoy serían grandes defensores de lo que nos afecta a todos, del bien común, como puede ser el cambio climático.
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