El Buscyl desborda los autobuses metropolitanos

Los conductores denuncian que los pasajeros van acinados, que es imposible cumplir con los tiempos en los recorridos, que no disponen de aseos y que hay días que los autobuses salen averiados de las cocheras
Viajeros esperando en la parada de Gran Vía al autobús Metropolintano.

«Presumen de que se llega en ocho minutos en autobús desde la Gran Vía al centro comercial y es imposible si queremos cumplir con las normas de circulación». Así de contundentes se muestran los conductores de la línea metropolitana que reclaman que aumente el tiempo de sus recorridos en unos cuatro o cinco minutos para garantizar la seguridad de los pasajeros y la del conductor. “Creemos que lo hacen para sacarnos el mayor rendimiento y no darnos ningún minuto de descanso”, señalan los profesionales.

Por otra parte, se ha denunciado que las líneas están obsoletas, caducadas desde el 2007, con una estructura que se hizo en 1996. “Se han ido ampliando paradas, recorridos, pero nunca se ha aumentado el tiempo de trayecto. Tenemos que ir asumiendo los conductores esos minutos”, puntualizan.

No es nueva la reivindicación del aumento de tiempo en los recorrido. «Lo hemos hecho por escrito, pero aquí nadie contesta. Todas las líneas -Santa Marta, Carbajosa, Cabrerizos, Villamayor… – habría que revisarlas en tiempos y trayectos. Por ejemplo, en Cabrerizos han ampliado las paradas, pero no el tiempo del recorrido; en Villares han colocado una parada que está al contrario de la circulación. Los viajeros los cogemos fuera de la marquesina y a las personas con movilidad reducida, las dejamos en la carretera, porque no podemos acercarnos a la marquesina. Como se ve, hay mucha eficiencia”, ironizan.

A los conductores les gustaría que los consultaran cuando deciden cambiar o aumentar las paradas, “pero nunca lo hacen. Somos nosotros los que tenemos que forzar la situación”.

En cuanto a los usuarios, “lo tienen asumido. Llevamos tanto tiempo con este problema, solo protestan cuando el retraso es excesivo y lo muestran el desprecio al conductor. Pero, se queda aquí, nos llevamos las broncas y las represalias. Nosotros los animamos a que pongan una reclamación en la Junta o nos pidan el libro de reclamaciones, pero nadie lo hace. También tienen asumido que cuando se avería un autobús, esperan al próximo”, matizan.

Es raro el día que no hay un autobús averiado. Los profesionales aseguran que muchos días ya salen con el vehículo con mínimas averías, como lo ocurrido esta semana, donde a un autobús se le abría la puerta en marcha y a otro le salía humo. “Solo hemos recibido dos autobuses nuevos en más una década. La flota está obsoleta”, concretan.

Salamanca, pero sobre todo los pueblos del Alfoz, han cambiado mucho en estas tres décadas. Como ejemplo, en estos 30 años, el recorrido de Santa Marta (Valdelagua) a Gran Vía ida y vuelta comprende 32 paradas, si es fin de semana son 34. “Antes podíamos ir a 50 Km/h y ahora debemos ir a 30 Km/h. Imposible cumplir horarios. Por otra parte, ha aumentado muchísimo la afluencia de viajeros y cada vez son más mayores, con problemas de movilidad. Lo sumas todo y es imposible cumplir con el tiempo estipulado en los recorridos”, explican los conductores del Metropolitano.

Además, está el uso y abuso que se comete con la tarjeta del Buscyl por parte del usuario. “Hay viajeros que se suben al autobús en una parada y se bajan en la siguiente, por lo que hace que se pierda tiempo.

En consecuencia, si los conductores están presionados por cumplir los tiempos, supone una inseguridad para los pasajeros. “En varias ocasiones, le hemos comunicado a la empresa que estamos más estresados desde la implantación del Buscyl. Lo han asumido como una normalidad. No nos han contestado ni la Junta ni la empresa. Lo hemos dicho en el consorcio -Junta, Ayuntamientos, sindicatos- dijeron que no afectaba la carga de trabajo que suponía el Buscyl, al ser gratis, no la entendían como tal”, apuntan los profesionales.

Al ir aumentar el número de pasajeros, su seguridad se siente comprometida. “Van acinados, pero la seguridad no se compromete por ir muchos viajeros, es que los sistemas no funcionan correctamente. Como tampoco la nueva tecnología de la que hablan. La información que deberían dar las marquesinas no la ofrecen. Se han gastado millones de euros y no funciona nada. Lo único que anda bien es un código QR, que con un móvil lo hubieran arreglado”, concretan.

Asimismo, los profesionales detallan que no tienen inspectores, ni nadie que los regule, por lo que tienen que asumir competencias que no les corresponden. “Si hay alguna incidencia en la carretera, averías, cortes de tráfico… Nadie nos informa. Lo tenemos que hacer nosotros, hay veces que sale bien, pero si sale mal es nuestra responsabilidad”.

Por último, parece que se invierten cantidades importantes en tecnología -que no responde como debería-, pero ningún gasto en construir aseos a los conductores. Llevan reclamando tener un servicio desde hace años, no se los instalan. “No tenemos aseos, ni tiempo para ir al baño. Cuando es una urgencia, entramos en un bar, tomamos un café y entramos al aseo”, concluyen.

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