Treinta y cinco hombres y una mujer. Todos nacidos en Salamanca. De ellos, 19 no sobrevivieron a los campos de concentración que los Nazis prepararon para exterminar a judíos, homosexuales, Testigos de Jehová, gitanos y a casi 10.000 españoles.
Este sábado, coincidiendo con el Día de Europa, Salamanca inaugura una escultura en el paseo Fluvial, un lugar querido y paseado por los salmantinos, para homenajear a estos 35 hombres y una mujer que nacieron en Salamanca capital y en varios pueblos y que después de luchar en la Guerra Civil para defender el legítimo gobierno de la República, tuvieron que exiliarse a Francia, donde fueron deportados en campos, y una vez que estalló la II Guerra Mundial, alistarse con el ejercito francés.
Muchos de ellos murieron en el frente y algunos de los españoles fueron llevados a campos de concentración. Los salmantinos estuvieron primero en el campo de Mauthausen y luego trasladados al campo de exterminio de Gusen.
“Esta escultura -firmada por Ignacio Villar- es un homenaje a esos hombres que lucharon por la paz. Eran jóvenes, de familias trabajadoras. Unos pocos tenían ya familia propia. Eran panaderos, obreros, guardias, carabineros… Los pilló la Guerra Civil viviendo y trabajando fuera de Salamanca”, explicó Julio Fernández, presidente de la asociación Salamanca Memoria y Justicia.
Julio Fernández agradeció al Ayuntamiento de Salamanca y especialmente al concejal, Fernando Rodríguez, su implicación y disponibilidad para rendirle homenajes a los salmantinos que fueron asesinados por defender la República; a los brigadistas que llegaron a nuestro país a defender la República y a los salmantinos que padecieron y murieron en los campos de concentración nazis.
Allí, los españoles eran etiquetados como ‘Rojos españoles’. Sus familias tardaron muchos años en saber cuáles habían sido sus vidas y sus muertes. Ya no vive ninguno de los 36 salmantinos, pero han dejado su legado de defensa de la libertada y la democracia y una consigna: “Nunca más puede volver a ocurrir esa barbarie. Nunca más podemos tropezar en la misma piedra ni del nazismo, fascismo o franquismo… tenemos que ir a una sociedad mejor”, solicitó Julio Fernández.
El momento emotivo de la inauguración de la escultura de Ignacio Villar llegó con el testimonio de tres familiares de salmantinos prisioneros en los campos de exterminio nazi.
María Sánchez, sobrina de José Criado Sánchez, deportado a Mauthausen fue convertido en un número. Tenía 33 años. “Al inaugurar esta escultura, mi tío abuelo regresa a su ciudad. Es una forma de darle un lugar de honor. Esta escultura es el recuerdo de lo que tuvo que cargará para defender los valores e ideas que son para todos”, señaló María Sánchez.
Por su parte, Pilar Álvarez Valiente, sobrina de Juan, republicano, asesinado… “Esta escultura repara el olvido. Estos salmantinos eran ejemplo de honestidad en defensa de la democracia”, solicita.
El tío Juanito era carabinero, se enfrentó al franquismo y en 1941 llegó al campo de concentración de Mauthausen. De allí, pasó al campo de exterminio de Gusen, donde desarrolló el oficio de peluquero. “Por sus manos pasaron las cabezas de italianos, polacos, franceses, españoles… de deportados de toda Europa. En ese espacio tan inhumano, se vio la solidaridad de la gente corriente contra el fascismo”, puntualizó Pilar Álvarez, quien homenajeó a su abuela Rafaela y a la mujer de su tío, Margarita, “que vivieron en la incertidumbre y sufrieron un duelo bajo el silencio”.
Por último, el hijo de Alain Duque, agradeció este homenaje y honor a la memoria de su padre.
La escultura
El escultor Ignacio Villar compartió con los asistentes que la creación de esta escultura con una temática dolorosa le hizo pensar en el material que debía emplear, se decantó por el acero corten, por su dureza y resistencia que puede ser una metáfora de lo que fue la vida de estos salmantinos.
También tuvo en cuenta el color. “Nos acerca a la tierra, que acoge a todas las víctimas de todos los tiempos”.
La escultura tiene dos partes, una más vertical, como queriendo alcanza el cielo, la anhelada libertad. Y, una segunda con bloques más pesados, que Villar los relaciona con el dolor, el sufrimiento que padecieron los deportados.
Por último, en la escultura hay unas escaleras, que simbolizan los 186 escalones de Mauthausen por los que subían los prisioneros con bloques de piedras.
Junto a la escultura hay una placa con un poema de Ángel González Quesada: “Que de volar hablamos, con la lealtad aquí, en el aire, desde vuestro dolor a nuestras lágrimas, desde la tierra-voz que o mira y nombra, decimos hoy al Tiempo en este abrazo por siempre nuestro cielo y vuestras alas, en este castellano predio que flor interminable, custodia es del honor del haberos sido”.
El último en tomar la palabra fue Carlos García Carbayo, alcalde de Salamanca, quien insistió en que era un deber moral y de memoria que Salamanca tenía pendiente con estos salmantinos que vivieron el horror del nazismo. “Las ciudades se construyen con humanidad. No podemos imaginar lo que tuvieron que soportar, la deshumanización más absoluta, pero si podemos homenajearlos. Salamanca no les olvida y forman parte de nuestra memoria colectiva. Este será un espacio para el encuentro y la reflexión. Salamanca mira con memoria, dignidad y justicia a nuestros paisanos de la capital y la provincia”, concluyó el alcalde de Salamanca.
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