Un acto de fuerza bruta porque es lo que es, perjudica a toda la ciudadanía.
Un grupo de valientes cargó con un aseo portátil y pensó que sería divertido tirarlo contra un banco, sin reflexionar sobre que podía estar repleto de orín y heces, por lo que al arrojarlo contra el suelo, todos los excrementos se han vertido, provocando un olor nauseabundo.
Por lo que los paseantes y viandantes del parque de San Francisco o la calle Ramón y Cajal y aledaños se encontraran con un desagradable olor a material fecal.