Cuando los informativos hablan de caídas bursátiles provocadas por un conflicto internacional, resulta fácil pensar que el problema afecta únicamente a los inversores. Sin embargo, las tensiones geopolíticas tienen implicaciones mucho más amplias. En una economía globalizada, un conflicto puede alterar variables tan importantes como la inflación, los tipos de interés, el crecimiento económico, el empleo o el valor de las divisas. Y todas ellas terminan influyendo en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Gescooperativo, la sociedad de inversión colectiva del Grupo Caja Rural, dentro de su iniciativa de impulsar la cultura financiera, clarifica cómo afectan las tensiones geopolíticas a la capacidad de compra y ahorro de millones de familias, aunque no inviertan nunca en bolsa, fondos de inversión u otros activos financieros.
"Es un error bastante común creer que son aquellos que están invirtiendo los que se llevan el golpe de las crisis internacionales", explican los expertos de Gescooperativo. "Pensar que por no estar invertido estás libre de sufrir las consecuencias, suele ser un error; pues puede darse el caso de que, incluso, estés menos protegido y más expuesto".
De hecho, muchas personas consideran que mantener sus ahorros en una cuenta corriente o en un depósito bancario es suficiente para protegerse frente a la incertidumbre económica. Sin embargo, la realidad es más compleja. Aunque estos productos aportan estabilidad y liquidez, no siempre preservan el valor real del dinero frente a la inflación.
"Puedes estar ganando un 2% en un depósito, pero si la inflación es del 3%, estás perdiendo un 1%", recuerdan los profesionales de Gescooperativo. "Seguramente, es mejor que no hacer nada, pero pensar que ya estamos protegidos es un error".
Las tensiones geopolíticas suelen alimentar precisamente el fenómeno de la inflación. Eventos adversos, como las interrupciones en las cadenas de suministro, las restricciones comerciales, la imposición de aranceles o el encarecimiento de materias primas, entre ellas los hidrocarburos, generan presiones generalizadas en los precios que terminan repercutiendo en el coste de la vida.
“Por eso, aunque los ahorros permanezcan aparentemente seguros en el banco, su capacidad para comprar bienes y servicios puede verse reducida con el paso del tiempo”, advierten los expertos.
Ahora bien, no solo el aumento del precio de la energía es el canal por el que las tensiones geopolíticas llegan a los hogares; también las dificultades para transportar mercancías, la escasez de determinados insumos o el incremento de los costes logísticos pueden provocar importantes subidas de precios en productos básicos.
Otros efectos pueden llegar a través de los tipos de interés. “Cuando la inflación se mantiene elevada, los bancos centrales pueden verse obligados a endurecer su política monetaria para intentar contenerla. Esto suele traducirse en un encarecimiento de la financiación para familias y empresas y, como consecuencia, las hipotecas pueden resultar más costosas y el acceso al crédito más difícil”, explican los expertos.
A ello habría que sumar el impacto que la incertidumbre económica tiene sobre la actividad empresarial. “Algunos sectores reducen inversiones, retrasan proyectos o frenan contrataciones, afectando a la creación de empleo y a las expectativas económicas de muchas familias”.
Hay que decir también que la evolución de los indicadores macroeconómicos puede afectar al valor de una divisa y, en determinados escenarios, provocar su devaluación frente a otras. Cuando esto ocurre, disminuye la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, ya que se encarecen tanto los viajes al extranjero como muchos bienes y servicios importados. Además, las empresas afrontan mayores costes de compra en el exterior, un incremento que a menudo termina trasladándose a los precios.
Al final, resumen los expertos, "el impacto nos viene por todos los frentes”
El coste invisible de no invertir
Por tanto, mientras las oscilaciones de los mercados suelen captar la atención mediática, existe un riesgo mucho menos visible que afecta a millones de ahorradores, y es la pérdida progresiva de poder adquisitivo.
"Uno de los errores más habituales entre quienes mantienen sus ahorros en cuentas corrientes o depósitos es centrarse en cuánto dinero tienen en términos nominales, sin tener en cuenta cuánto pueden comprar realmente con él", explican los expertos. "Si la inflación apareciera como un cargo visible en la cuenta corriente, probablemente seríamos mucho más conscientes de su impacto sobre el poder adquisitivo de nuestros ahorros".
Por ello, insisten en la necesidad de entender la inversión desde una perspectiva más amplia, concibiéndola como “una herramienta para proteger el poder adquisitivo, participar en el crecimiento económico y diversificar riesgos".
En este sentido, insisten, se trata de concebir la inversión no como una actividad especulativa ni como un juego en el que unos ganan a costa de las pérdidas de otros, sino como una función esencial en la economía que consiste en canalizar el ahorro hacia proyectos y empresas capaces de generar valor.
“Cuando este proceso funciona correctamente, tanto los inversores como las empresas obtienen un beneficio, contribuyendo además al desarrollo económico general”, explican.
Tres claves para afrontar la incertidumbre
Por tanto, los expertos de Gescooperativo concluyen que no estar invertido no equivale a estar a salvo de las consecuencias que se derivan de las tensiones geopolíticas que mueven los mercados. Es más, subrayan, “puede ocurrir lo contrario: que estén más expuestos”.
Por eso, insisten en la necesidad de llevar a cabo una buena planificación de la inversión, pues siempre hay algún activo, sector o región que queda al margen de los conflictos y pueden beneficiarse de la coyuntura. E inciden también en otra idea: invertir siempre el dinero que no se vaya a necesitar a corto y medio plazo.
A partir de estas premisas, inciden en la idea de diversificar la inversión, dado que “concentrar todo el patrimonio en un único activo -incluida la liquidez- supone asumir muchos riesgos”. Y recomiendan adoptar una visión a largo plazo y aprender a pensar en términos reales, pues “más allá del saldo que refleja una cuenta bancaria, lo importante es la capacidad que ese dinero tendrá para mantener nuestro nivel de vida en el futuro”.
Si se tienen en cuenta estas recomendaciones y, a pesar de todo, las tensiones internacionales vapulean los mercados, los expertos de Gescooperativo aconsejan mantener la calma y evitar decisiones impulsivas. "Los momentos de incertidumbre generan ruido y cambiar la estrategia por miedo suele ser un error", explican.
Al final, lo que debe quedar claro, recuerdan, es que las tensiones geopolíticas no distinguen entre inversores y no inversores. “Antes o después, sus efectos terminan llegando a la economía real y al bolsillo de los ciudadanos”. Por eso, subrayan la importancia de comprender cómo se produce esa conexión para tomar decisiones financieras más informadas y proteger mejor el patrimonio.