El Instituto Nacional de Estadística (INE) dibuja una España futura impulsada exclusivamente por la migración internacional y con un cambio en su modelo de convivencia. Según las últimas proyecciones demográficas publicadas este miércoles, el país alcanzará los 53 millones de habitantes en 2076, pero de puertas hacia adentro habrá cambios: en menos de dos décadas, vivir solo será la norma, convirtiendo a los hogares unipersonales en el modelo mayoritario.
El auge de la soledad y el nido vacío
En el horizonte del año 2041, España sumará casi 22 millones de hogares, pero su tamaño medio se encogerá hasta las 2,43 personas. La transformación más llamativa se dará en las casas donde solo reside un individuo. Estas alcanzarán los 6,7 millones (el 30,6% del total), superando por primera vez a los hogares formados por dos convivientes y experimentando un salto de casi el 20% respecto a los datos actuales.
Para entender este fenómeno, hay que mirar hacia la cima de la pirámide poblacional. Pau Miret, demógrafo del Centro de Estudios Demográficos de la UAB, explica que estas viviendas unipersonales serán, en gran medida, "hogares de viudas". Esta realidad responde al deseo creciente de los mayores de envejecer en sus propias casas y a la mayor esperanza de vida de las mujeres.
Paralelamente, los hogares de dos personas también crecerán hasta rozar el 30,5%, un fenómeno que Miret vincula al síndrome del "nido vacío": padres que se quedan solos tras la progresiva emancipación de sus hijos.
La migración como único motor de crecimiento
A nivel macroeconómico y social, las proyecciones a cincuenta años vista confirman que España solo ganará habitantes gracias a los extranjeros. La previsión estima que en 2076 el país tendrá 3,4 millones de habitantes más que en la actualidad.
Este aumento ocurrirá pese a que cada año morirán más personas de las que nacen (saldo vegetativo negativo). La balanza se equilibrará gracias a un saldo migratorio que, aunque se moderará tras el "boom" de los últimos tres años, seguirá siendo positivo. El INE calcula una ganancia neta de 15,5 millones de personas procedentes de la migración de aquí a 2075. Como consecuencia directa, la población nacida en España pasará de representar el 79,8% actual a caer por debajo del 60% en medio siglo.
Menos nacimientos y una sociedad envejecida
El panorama de la natalidad no invita al optimismo a corto plazo. Entre 2026 y 2040 nacerán unos 5,3 millones de niños, lo que supone un descenso del 6,2% respecto a los quince años anteriores. Según los expertos, los cálculos del INE son conservadores y apuntan a que las mujeres tendrán una media de 1,16 hijos en 2040. Solo a partir de 2061 se vislumbra un posible repunte de los alumbramientos.
Mientras tanto, los españoles vivirán más años. La esperanza de vida dará un salto importante, alcanzando los 87 años en los hombres y rozando los 90 años en las mujeres.
Este aumento de la longevidad consolidará el envejecimiento del país:
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La población en edad de trabajar (entre 20 y 64 años) caerá del 60,9% actual al 54,5%.
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Los mayores de 65 años romperán su techo histórico, llegando a representar el 30,9% del total de la población española en 2076.
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La tasa de dependencia, que mide la presión económica sobre la población activa, alcanzará su punto crítico (73,2%) ese mismo año.
Dos velocidades demográficas
El crecimiento de la población no se repartirá de forma equitativa por el territorio. A quince años vista, el informe proyecta un claro desequilibrio territorial en el que trece comunidades ganarán vecinos mientras cuatro seguirán vaciándose.
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Los mayores crecimientos se registrarán en la Comunitat Valenciana (+16,4%), Illes Balears (+16,2%) y la Comunidad de Madrid (+14,4%).
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Las caídas más acusadas castigarán a Extremadura (-4,5%), el Principado de Asturias (-1,6%) y Castilla y León (-1,0%).