Sombra solo en los bares y restaurantes de Poeta Iglesias. (Archivo)
Sombra solo en los bares y restaurantes de Poeta Iglesias. (Archivo)

Aunque el calor llega cada vez antes y con más intensidad, las medidas de adaptación en las ciudades se retrasan o son inexistentes. Una de las soluciones más sencillas de implementar a corto plazo para asegurar la protección y alivio de la población más vulnerable son los refugios climáticos. Sin embargo, a las puertas de un nuevo episodio de calor extremo, el avance en cuanto a su implantación se encuentra casi congelado respecto a 2025: frente a las 16 capitales con refugios detectados el año pasado, actualmente son 19 las que cuentan con este servicio, lo que vuelve a dejar a una gran parte de la población sin acceso a estos espacios, a la vez que aumenta la vulnerabilidad de toda la población, sobre todo de la infancia, las personas mayores y quienes viven con enfermedades crónicas. Salamanca está entre las que no cuenta con protección para el verano al rojo vivo que se nos avecina.

Un refugio climático urbano es un espacio público, interior o exterior, adaptado para proteger a la población de fenómenos meteorológicos extremos, como las olas de calor. Estos lugares garantizan confort térmico (entre 25 °C y 29 °C), son gratuitos, de fácil acceso y no exigen consumo comercial.

Dependiendo de su estructura, pueden ser interiores, como edificios públicos climatizados como bibliotecas, centros cívicos, museos o polideportivos, y pueden ser exteriores, espacios verdes urbanos, como parques botánicos, grandes arboledas, o plazas dotadas con toldos y zonas de agua.

Tras un mes de junio con más de 1.000 muertes atribuibles a las altas temperaturas, España suspende un año más con una red de refugios climáticos insuficiente: solo 1 de cada 3 las capitales de provincia cuentan con esta medida, situación casi idéntica a la detectada en 2025 por Greenpeace en su informe Ciudades al rojo vivo. La organización no sólo alerta del estancamiento en cuanto al número de espacios públicos para protegernos de las altas temperaturas, sino de las graves carencias que impiden que muchos refugios actuales sean efectivos.

El verano que conocíamos ya no existe. El calor es un problema de salud pública que cada año mata en España a miles de personas y no estamos respondiendo a la velocidad que el cambio climático nos impone, ni para frenarlo ni para adaptarnos a sus impactos. Los refugios climáticos son una medida efectiva a corto plazo para proteger a las personas del calor extremo y, sin embargo, el balance con respecto a 2025 es desolador: casi el 70% de las capitales de provincia volverán a dejar a las personas más vulnerables sin protección ante un verano al rojo vivo, ha destacado Elvira Jiménez, responsable de adaptación al cambio climático de Greenpeace.

El informe de Greenpeace constta que  en  Castilla y León, únicamente Valladolid cuenta con refugios climáticos en una red sin cambios desde el año pasado. Todo ello a pesar de que León, Salamanca, Zamora y la propia capital vallisoletana se encuentran entre las ciudades españolas con mayor porcentaje de población mayor de 65 años - altamente vulnerable al calor- y han estado en alerta roja sanitaria por altas temperaturas durante la reciente ola de calor. 

No basta con el cartel de “refugio climático”

No basta simplemente con etiquetar un espacio como refugio climático. Deben ser efectivos en cuanto a su disponibilidad y accesibilidad para que los puedan utilizar las personas más vulnerables que no encuentran alivio en sus hogares. El reto cada vez es mayor. Las noches tropicales y las temperaturas elevadas continuadas, aunque no sean extremas, también impactan en la salud. Necesitamos con urgencia medidas más transformadoras. Los refugios no son más que un primer paso y vamos demasiado lento, ha advertido Jiménez.

Horarios, espacios inadecuados y no tener en cuenta a la ciudadanía son las tres principales barreras que lastran la efectividad de los refugios climáticos. Las limitaciones de horario constituyen la principal asignatura pendiente: en todas las ciudades se encuentran refugios de interior con cierres a mediodía, por la tarde o incluso cierres totales durante parte del verano.

En el caso de los espacios, destaca la existencia de refugios sin zonas de descanso, agua o, en el caso de exteriores, sombra suficiente. También existen espacios cuya catalogación como refugios resulta cuestionable, como sucede con las estaciones de transporte, o sin gratuidad clara como mercados, museos y espacios comerciales. 

Asimismo, los refugios deben ser concebidos como lugares no sólo de protección, sino de bienestar comunitario que aumenten la resiliencia más allá de los momentos de emergencia. La participación ciudadana es fundamental tanto en el diseño como en la implementación de los refugios, que deben ser una pieza dentro de una estrategia municipal integral de adaptación que transforme los municipios en lugares más justos, seguros y saludables. 

En cuanto a los ejemplos positivos, destacan, sobre todo en Cataluña, los microrrefugios, espacios donde el pequeño comercio de barrio participa en la protección de la ciudadanía de forma gratuita. Otra buena práctica es la apertura de patios escolares a la comunidad para su uso como refugios, una medida que, pese a las limitaciones de horario, refuerza la necesidad de adaptar los centros educativos para transformarlos en verdaderos refugios climáticos por su potencial de proteger a todo un barrio más allá de las horas lectivas.

Concluye que "como medida a corto plazo e integrados dentro de los planes de adaptación, los ayuntamientos deben habilitar espacios para la protección efectiva y el bienestar de la ciudadanía, especialmente la más vulnerable, de forma gratuita, cercana y justa". 

Alternativas de refugio en Salamanca

A falta de una red de refugios explícita, puedes combatir las altas temperaturas utilizando de forma gratuita los siguientes recursos públicos distribuidos por el municipio:

  • Espacios interiores climatizados: Las bibliotecas municipales (como la del Campo de San Francisco o la de Torrente Ballester), los centros cívicos de los barrios y museos locales actúan de facto como refugios por su climatización interior permanente.
  • Infraestructura verde exterior: El Ayuntamiento de Salamanca destaca que los 2 millones de metros cuadrados de zonas verdes y arboledas distribuidas por la ciudad (como el Campo de San Francisco, el Parque de los Jesuitas o el Huerto de Calisto y Melibea) reducen significativamente el efecto isla de calor y ofrecen amplias zonas de sombra natural. 

 

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