Si yo confío en la ciencia, aunque sé que puede equivocarse, es porque confío en el método científico y en los controles que implica. Por la misma razón confío en la justicia, que también está sujeta a método y que también implica controles. Por eso puede hablarse de una ciencia jurídica.
Eso sí, al igual que la ciencia, también la justicia puede equivocarse. Y no solo ambas, ciencia y justicia, pueden incurrir en errores, sino que en ambas esferas regladas puede darse algo más grave: el fraude, que en el caso de la justicia se llama falta de imparcialidad, sesgo, prejuicio, etcétera.
Esto puede ocurrir cuando no se sigue correctamente el método o cuando los controles no funcionan. Al respecto recomiendo leer el artículo de Tomas De la Quadra-Salcedo titulado "Independencia e imparcialidad de los jueces" (El País 18 JUL 2026).
En cualquier caso, una conclusión científica, aparentemente bien construida, no impide ni prohibe seguir haciéndose preguntas, a veces con la única finalidad de entender bien esa conclusión. Y lo mismo ocurre con una sentencia, que aparentemente puede estar bien construida y sin embargo plantear dudas. La curiosidad, las dudas, y las preguntas, son la base del progreso casi en cualquier faceta de la actividad humana.
Se ha conocido ahora la sentencia sobre el caso de David Sánchez, hermano de Pedro Sánchez, y otros afectados. Algunos de ellos ya han anunciado que van a recurrirla "hasta el final" confiando que ese final será tan favorable como el que acaba de producirse en torno a la llamada "Ley de amnistía" impulsada por el actual gobierno de coalición y que tanto revuelo provocó. Mucho ruido y pocas nueces.
Los jueces europeos se acaban de pronunciar sobre este tema y han sido muy claros. La justicia europea respalda esa Ley y afirma que "contribuyó a la reconciliación" en el caso del conflicto catalán, lo cual no es poco mérito.
Pero volvamos a la sentencia en el caso de David Sánchez. Esa sentencia utiliza expresiones como "Ad hoc" y "vacía de contenido" para definir las características de la plaza o del puesto de trabajo en cuestión, de manera que no solo se condena la adjudicación sino incluso la creación de esa plaza o puesto de trabajo. O al menos eso es lo que parece.
¿Esto inicia una dinámica nueva en que serán los jueces los que determinen qué plazas o qué puestos de trabajo se pueden crear? ¿Serán ellos, los jueces, los que determinen si esos puestos de trabajo son necesarios o no? ¿Si su creación obedece a razones espurias o no, o solo un poco? ¿Dominarán los jueces los vericuetos y cálculos técnicos, económicos, o de necesidad social, que aconsejan o desaconsejan crear plazas y puestos de trabajo?
Esas expresiones "Ad hoc" y "vacía de contenido" (referidas a la plaza o puesto de trabajo en discusión) nos han hecho pensar enseguida, a unos y otros, en algunos otros casos que se hicieron famosos, como el puesto que Ayuso creó en Madrid para Toni Cantó o los que Esperanza Aguirre creó también en Madrid para Abascal.
Y claro enseguida surge la duda de si estamos ante un nuevo caso de lo que ha dado en llamarse "La doble vara de medir" de una parte de nuestra justicia, que tanto sale a colación últimamente en nuestro debate político. La cual duda se la dejo a los expertos para que intenten resolverla.
¿Esos casos mencionados más arriba y referidos a Madrid, que merecieron la calificación popular de "chiringuitos", son comparables a este otro caso en Extremadura? ¿Han recibido un mismo trato por parte de nuestra justicia? ¿Han observado los jueces en su creación algún vicio correlativo que podamos describir como "Ad hoc" o "Vacío de contenido”?
Se lee en la sentencia:
"... porque no basta para la condena la sola convicción del Tribunal -el impresionismo o convicción judicial-, pues poco vale este si no encuentra su anclaje en una sólida prueba de cargo (…) Dicho de otro modo, aunque el Tribunal de instancia no dudara, correspondería a esta Sala casacional verificar si debió dudar por la escasa fiabilidad de la prueba de cargo (…)”.
Como vemos, la duda, cuando se intenta alcanzar la verdad, casi siempre es necesaria y positiva.
Lo cierto es que nos queda ahora la duda (duda positiva) al leer ciertos párrafos de si estamos de nuevo ante una sentencia que sin forzar demasiado la comparación nos puede remitir directamente a Kafka y su mundo kafkiano. Sobre todo si comparamos todo el desarrollo de este caso con otros casos similares. Doctores tiene la santa madre iglesia (que por supuesto también se equivocan), pero las dudas ahí están, esperando que algún experto las disipe.
Al final lo importante es que funcione el método, que funcionen los controles, como ha ocurrido ahora con la Ley de amnistía, validada por los Tribunales europeos, incluido un elogio de la reconciliación que favorece, y que sigan funcionando también las preguntas y las dudas que nacen de la perplejidad.
Por cierto, muchos se preguntan estos días por qué razón el criterio de los Tribunales europeos, jerárquicamente por encima de los jueces nacionales, ha servido para validar la Ley de amnistía, pero no ha servido todavía su criterio claro y rotundo para reparar la injusticia cometida contra los interinos estafados en España. He ahí otra pregunta y otra duda.
En cualquier caso y en pleno debate sobre nuestra justicia, hay quien manifiesta inquietud por el hecho de que el poder ejecutivo se pueda comer al poder judicial. Otros se inquietan por el hecho de que el poder judicial se pueda comer al poder ejecutivo salido de las urnas. Y sin embargo, muy pocos se inquietaron cuando el poder económico se comió juntos al poder ejecutivo, al poder judicial, y al poder mediático de postre.
Y este bocado pantagruélico ha ocurrido en nuestro tiempo sin que casi nadie protestara. En fin.
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