Aventuras de una fumadora y su médico

Las mujeres y los niños, objetivo de las tabaqueras

Este no es un blog de autoayuda al uso. Tampoco es un texto de consejos médicos. Ni siquiera es una conversación entre médico y paciente. Son, por encima de otras cosas, las reflexiones personales de una fumadora impenitente de cigarrillos, Lira Félix Baz, y de un médico, Miguel Barrueco, que trata de ayudar a los fumadores a dejar el tabaco como jefe de la Unidad de Tabaquismo del hospital Clínico de Salamanca.

Siempre hay un momento en el que un fumador quiere dejar el tabaco. Aprovéchalo, porque es como los trenes… (25º Post)

– ¿Miguel cual es el porcentaje de fumadores en España?

– Ahora tenemos un porcentaje de fumadores mayores de dieciséis años entorno al 30 por ciento. De ellos, un 27 por ciento son fumadores diarios y casi un tres por ciento ocasionales. Es una barbaridad, piensa que los paises más desarrollados mantienen porcentajes en torno al 17%.

– ¿Fuman más los hombres o las mujeres?

– Globalmente fuman más los hombres, aproximadamente el 34% frente al 24 o 27% de las mujeres, pero hay que mirar los datos con perspectiva. Entre los hombres el consumo decrece y entre las mujeres aumenta, especialmente entre jóvenes y adultos de menos de 45 años, al menos en el mundo desarrollado. Ahí, en esos grupos el consumo es mayor entre las mujeres. En cuanto a los fumadores ocasionales de fin de semana o de bodas y celebraciones, el porcentaje estaría en un 4 por ciento de los hombres y un dos y medio de las mujeres.

¿Por qué fumamos más las mujeres? –la perspectiva solidaria de género me había traicionado y yo me había situado nuevamente en el grupo de las fumadoras. No lo podía evitar. Solo llevaba dos semanas sin probar un cigarrillo, no es tiempo suficiente para que la mente hable de una adicción en pasado.

Porque las estrategias publicitarias de las tabaqueras están dirigidas a niños y mujeres. Es ahí donde está su futuro comercial en el mundo desarrollado. Pero no creas que es nada nuevo. En el siglo XX trataron de que las mujeres identificaran el cigarrillo con el progreso y a independencia. Utilizaron imágenes de mujeres sufragistas fumando en los años treinta, después durante los sesenta –en pleno movimiento hippy- de mujeres liberadas sexualmente y durante los ochenta de mujeres guapas, atractivas, ejecutivas, agresivas socialmente, dueñas de su destino. Esta es la imagen que continúan explotando ahora. En los países en desarrollo dirigen su publicidad fundamentalmente a los hombres, porque las mujeres tienen menor poder económico.

Una cosa, has mencionado a los niños. Me imagino que existen estadísticas del inicio en el consumo del tabaco…

– Sí, por supuesto. El inicio al consumo en España tiene lugar a partir de los 11 años. La edad media de inicio al consumo está alrededor de los 13 años y se observa una mayor prevalencia entre las chicas, aunque el consumo cuantitativo es superior entre los chicos. ¿Tú crees que muchos padres son conscientes que su niño del alma de 11 años ha probado ya el tabaco? Si se lo explicas siempre piensan lo mismo: eso será en otros, mi niño no.

Volviendo al tema de las mujeres, así que estamos en la diana de la industria –pensé. Las mujeres somos objetivo preferente de la industria tabacalera, como de tantas otras. Le manifesté a Miguel que yo no creía mucho en las campañas publicitarias para estimular a la gente a dejar de fumar, mientras que para incitar a que una persona fume, son brutalmente eficaces.

-Yo tampoco – contestó Miguel-. Para que las campañas sean eficaces deben ser sostenidas en el tiempo, como las de tráfico por ejemplo, y en el caso del tabaco se han hecho de forma aislada y con no muy buena fortuna. Por cierto Lira, tú que eres periodista y de publicidad debes saber algo, ¿te has parado a pensar que las tabacaleras que venden un producto que causa adicción, enfermedad y muerte lo venden con imágenes de libertad, juventud, éxito y salud y nosotros, los médicos que vendemos salud, hasta hace muy poco tiempo cuando hablábamos del tabaco lo hacíamos con imágenes de calaveras y aún hoy lo hacemos con imágenes de enfermedad y muerte? Es obvio que las tabacaleras disponen de excelentes equipos de marketing y que los profesionales de la salud no estamos preparados para enfrentarnos a ellos.

– No me cabe ninguna duda. El Ministerio de Salud debería contratar a los publicistas de las tabacaleras, porque sinceramente los anuncios son magníficos. Los de Marlboro se recuerdan y eso que hace años que no los vemos. Pero ese vaquero mirando al horizonte, en plana naturaleza. Solo con su cigarrillo…

– Muy buena la campaña publicitaria que ideó el gran publicista Leo Burnett para Philip Morris, desde la década de los cincuenta hasta los noventa. Pero, ¿conoces la historia de dos actores que prestaron su imagen para el anuncio?

– No, pero creo que me la vas a contar.

– Sí. El actor o modelo, como queramos llamarlo, Wayne McLaren fue a mediados de los años setenta uno de los Hombres Marlboro, que era como se conocían a los que aparecían en los anuncios. Un cowboy que debía de transmitir un estilo de vida libre, salvaje en una tierra hostil. Este actor, McLaren, era fumador. Se fumaba más de un paquete al día. Antes de cumplir los cincuenta años le diagnosticaron cáncer de pulmón. McLaren le solicitó a Philip Morris, tabacalera de la que él era también accionista, que dejara de bombardear con tantos anuncios. No le hicieron caso. Pero en los últimos años de su vida, como si se arrepintiera de haber protagonizado aquellas campañas publicitarias, McLaren realizó anuncios contra el tabaco. En ellos aparecían imágenes de un cowboy independiente, solapadas con McLaren entubado en un hospital. En la publicidad él decía: “Postrado aquí, con todos estos tubos alrededor, ¿cómo de independiente crees que eres? Murió en 1992.

– Bonita historia –dije con ironía.

– Pues hay otra relacionada con el hombre Marlboro. Parece que les persiguen las enfermedades causadas por el tabaco, como a los protagonistas de la película El Exorcista, ya que muchos de ellos, murieron en extrañas circunstancias.

– Estoy impaciente por oír lo que le paso al otro vaquero.

Continuará…

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Un comentario

  1. Se me está ocurriendo que puedo contar historias de fumadores arrepentidos cuando ya estaban sentenciados, uno de ellos, mi hermano Pepe. Y otros que incluso en el hospital, estando terminales querían seguir fumando. “Ya ¿por qué no? -decían. Y otros que pasaron los últimos meses de su vida sin poder respirar apenas, ni andar, ni nada… Pero eso… lo cuentas mejor tú, querida periodista.

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