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Manuel Sierra: “Si me deja, me encantaría cantar con Raphael”

Manuel Sierra, de ocho años y ex-concursante de La Voz Kids, se ha hecho conocido como el “mini-Raphael” de Salamanca, por ser Raphael uno de sus grandes ídolos y a quien imita de maravilla, como demostró cantando “Yo soy aquel”. Nos encontramos con él en Zona Play, donde estaba jugando con su mejor amigo, Ángel, entreteniéndose como un niño más de su edad, muy ajeno a la expectación que causó su paso por la televisión.

Con una simpatía y un desparpajo que ya había demostrado en la pequeña pantalla, habló de lo mucho que disfruta cantando, de sus sueños, y de lo emocionado que está sabiendo que su ídolo visitará la ciudad el próximo 12 de diciembre. Incluso, en algunos momentos, hizo gala de su gran voz para demostrarnos que él también puede llegar a ser alguien en el mundo de la música, tal como desea.

Raphael, tu ídolo, viene a Salamanca el 12 de diciembre, ¿le vas a ir a ver?
Sí, mi abuela ha comprado las entradas.

Ahora que él ya te conoce, ¿vas a ir a cantar con él?
No sé. Mi abuela ha comprado las entradas lo más cerca que ha podido. Luego, cuando salga al escenario, me salgo de la butaca y le digo “Hey, hola, Raphael”. Si me deja, claro que cantaré con él.

¿Qué sentiste cuando le vise aparecer en el escenario de las audiciones a ciegas?
Estaba allí con mis padres y mi abuela, y sale Raphael y pongo (cara de asombro). Y, entonces, ahí está Raphael, ahí adelante… Y digo “¡Raphael, Raphael!”, y dice “tú te llamas Manuel Sierra Alcalde”, y le digo “¡sí!”, y me dice “ven”, y así fue la cosa. Me puse muy contento, pero nervioso no.

¿Querrías dedicarte a la música de mayor, como él?
Claro, claro, hasta los 100 años. Si puedo. Y, si no, hacer playback. A los 100 años, playback, y en el resto de mi vida, sin playback.

Manuel Sierra con su mejor amigo, Ángel.
Manuel Sierra con su mejor amigo, Ángel.

¿Era tu sueño entrar en La Voz Kids?
¡Hombre, sí! Cuando estuvieron los de la primera edición le decía a mi madre “¡Mamá, mamá, que quiero salir en La Voz Kids!”. Hasta que un día, cuando salí del cole, mi profesora de canto, Belén Alce, le dijo “que me han llamado los de La Voz, que si tengo algún niño pequeño de entre 7 y 14 años, que quiero que venga alguien a La Voz”. Le dio mi contacto al de La Voz, llegamos a un acuerdo, pasé los casting y el 27 de enero fui a Madrid, fuimos a los estudios, fuimos al hotel… Y luego el 29 grabamos. Así fue la experiencia.

Entonces, ¿no te fue difícil entrar en el programa?
Bueno, ¡Había que esforzarse mucho! Canto muy bien, pero no hay que creérselo.

¿La Voz Kids era una meta para ti o un paso más en tu carrera?
Un paso más. Los Gemeliers salieron en La Voz Kids y mira ahora dónde están. A mí me gustaría que me pasara algo parecido. Estar en La Voz y que luego te hagas famoso.

¿No crees que ya eres famoso?
No mucho, pero sí… Famosete.

En el programa se te veía muy suelto, pero, fuera de las cámaras, ¿estabas nervioso?
En el último asalto sí. ¡El día de las audiciones tuve que ir tres veces al baño! (risas) Estaba un poco nervioso, pero, bueno, eso se afronta. Luego ya en las batallas conocía ya el escenario y era como decir “¡estoy en mi casa!”.

¿Hay alguna anécdota detrás de las cámaras?
Un día me encontré a David Bisbal por los platós y estuve hablando con él y le dije “¿y qué tal la China, tu novia?”, y me dijo “¿qué tal los estudios?”. Yo creo que quiso cambiar de tema… (risas).

¿Con qué te quedas de la experiencia de pasar por La Voz Kids?
Me quedo con conocer a los coaches, hacer muchos amigos… Tenemos un grupo y siempre estamos hablando todos. Vamos a hacer una quedada, tenemos que ponernos de acuerdo a ver qué día lo hacemos.

De vuelta a Salamanca, ¿tuviste un gran recibimiento?
Pues aquí en Salamanca toda la gente diciendo “¡el mini-Raphael!”. Hoy mis padres fueron a una tienda, aquí en Salamanca, y yo me quedé fuera sentado, esperando. Todas las chicas jóvenes que pasaban decían “¡el mini-Raphael!” y se hicieron un montón de fotos conmigo. Salamanca no es que sea muy grande, por eso me siento más reconocido.

Por: Paula Castro


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