Cultura

Lo que Salamanca da y presta en un rodaje

 

aluCine Celia SánchezBueno, casi así… Las películas que se han rodado en Salamanca han hecho uso de la belleza monumental de la ciudad y, como en el caso de la actual grabación de la serie norteamericana Still Star Crossed, se han limitado a recrear una época con aportaciones puntuales sobre la sólida base arquitectónica charra. Pero en el cine no siempre sucede así; es más, los desembolsos pueden convertirse en millonarios cuando se trata de montar un set de grabación. Sobresalientes son algunos casos.

 

¿En qué ciudad del mundo puede recrearse Gotham City? Difícil está la cosa, debió pensar Batman, que le chivó al oído a Tim Burton la imposibilidad de hallar en el planeta algo que se pareciese medianamente a tamaño fruto imaginativo. No era tan fácil como convertir la calle Compañía en un ‘remake’ de Verona en el siglo XV, ni mucho menos.

Gotham City, de Batman.
Gotham City, de Batman.

De tal manera que ni cortos ni perezosos (y billetera en mano) el equipo de la película construyó una ciudad dentro de unos estudios de cine (los de la Warner, para ser más exactos) con unas dimensiones que rondaron los 38.000 metros cuadrados.

Al final, el presupuesto de este Batman/Burton (año 1989) se disparó hasta los 48 millones de dólares… pero en sus 10 primeros días en cartelera ya había recaudado 100. En fin: un negocio redondo.

Waterworld, de Kevin Costner.
Waterworld, de Kevin Costner.

Lluvia sí hemos tenido estas últimas semanas en Salamanca… pero no tanta como la que hubiera necesitado un Waterworld (1995) a lo charro, ni mucho menos. Para recrear semejante mundo sumergido (y nacido de la cabeza de su director, Kevin Costner), los productores dejaron de lado todo tipo de atolones y costas isleñas, puertos de mar y enclaves pantanosos y decidieron que lo mejor era el dólar y la construcción de un universo propio.

Sus 12.500 metros cuadrados de escenarios les salieron por la nada desdeñable cantidad de 20 millones de dólares. Y, sí, quedó todo muy bonito… pero la película fue un absoluto fiasco económico. Sumen, sumen (o resten, resten): 235 millones de costes y sólo 21,5 millones de recaudación en el fin de semana de su estreno. Puf, puf… hundimiento y sin salvavidas.

Joselito, en El Pequeño Ruiseñor.
Joselito, en El Pequeño Ruiseñor.

En cambio, el flotador sí se lo puso hace unos cuántos años ya el equipo modesto de una película llamada El pequeño ruiseñor, que pasó por Candelario, Salamanca, en el año 1956.

El director, Antonio del Amo, y su gente se enfrentaban a un largometraje sencillo y comercial, sin demasiadas pretensiones, con un presupuesto reducido… pero (¡¡tachaaan!!) con la localidad salmantina de fondo abrieron un filón y rodaron la primera película de una amplia saga de niños cantores.

Las imágenes del bonito pueblo serrano presidiendo el metraje. les trajeron fortuna, hasta el punto que Del Amo confesó, tal y como señala Ignacio Francia en su ‘Salamanca de cine’, que «los distribuidores me quitaban de las manos la película mientras la estábamos montando». Joselito acababa de abrir una mina… de las de oro. Y lo pudo gritar a pleno pulmón.

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