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Un mártir de Verona en los Dominicos

 

aluCine Celia SánchezSí, lo de Verona tiene carrete… y película. La ciudad de Italia que se recrea estos días por las calles y edificios de Salamanca para la serie norteamericana Still Star Crossed se nos cuela en cada uno de los rincones y monumentos de esta ciudad charra nuestra.

Ahora, también, en la iglesia de Dominicos que es, por cierto, uno de los escenarios destacados del rodaje. Vamos a inspirar fuerte para meternos dentro de esta historia de la Historia, en este caso, la historia de un mártir. El primer mártir dominico, a todo esto.

Lienzo que representa a San Pedro de Verona con el hacha en la cabeza.
Lienzo que representa a San Pedro de Verona con el hacha en la cabeza.

«San Pedro de Verona es el protomártir de la Orden Dominicana». Así le definen los propios dominicos en sus escritos de referencia. Nació en Verona hacia 1205 y murió asesinado cerca de una aldea llamada Barsalina en un mes de abril, tal que un día 6, del año 1252. Cuentan las crónicas que recibió dos golpes de hacha en la cabeza y que el precio de su vida fueron «40 libras milanesas»; también, que expiró escribiendo en el suelo la palabra «CREO» mojando un dedo en su propia sangre. La escena es de película, desde luego…

Todo empieza años antes, cuando Pedro de Verona, que después sería santo para la Iglesia Católica, quedó fascinado en la Universidad de Bolonia por la oratoria del fundador de la orden dominica, el mismísimo Santo Domingo de Guzmán. Y por su influencia directa ingresa en la orden «y recibe el hábito dominicano de sus manos». Por cierto, los Dominicos están de celebración al cumplirse 800 años de la fundación de la Orden.

Estamos en la época de los primeros cátaros, una corriente mística que se enfrentó directamente a Roma desde un ideal de pureza e individualismo totalmente contrario a los dictados papales. La Iglesia combatió sin dilación a estos autodenominados ‘hombres puros’… y nuestro santo veronés fue uno de sus más férreos atacantes.

Pedro de Verona se convirtió en afamado predicador y nada más y nada menos que en ‘Inquisidor General’, nombrado por el Papa Gregorio IX.  Enarboló el mandato de Roma y lo llevó hasta las últimas consecuencias, con el pago (incluso) de su propia vida.

Obra que representa la Cruzada contra los Cátaros.
Obra que representa la Cruzada contra los Cátaros.

Lo más curioso de todo es que la historia de los Montesco y los Capuleto, de las familias enfrentadas y de los enemigos acérrimos, se repite en cada rincón de la historia de Verona. Y en el caso del primer mártir dominico no lo iba a ser menos: Pedro de Verona, que combatió hasta la extenuación a los cátaros… era cátaro de familia. Sí: el dominico nació en  un hogar ‘patarini’, que es como entonces se denominaba a las «comunidades de ascetas y primeros núcleos de cátaros, un movimiento herético que en los siglos posteriores alcanzaría proporciones gigantescas y amenazaría, en diversas regiones de Europa, la propia hegemonía de la Iglesia de Roma» (‘El libro prohibido del cristianismo’, capítulo octavo).

Portada de San Pedro de Verona, en el convento de los Dominicos, en Salamanca.
Portada de San Pedro de Verona, en el convento de los Dominicos, en Salamanca.

Oliéndose lo que venía, Pedro de Verona se puso durante toda su vida manos a la obra… aún en contra de su sangre paterna. Y la orden dominica le veneró por ello. En Salamanca, de hecho, en el magno y monumental convento de San Esteban (donde ahora las cámaras están instaladas) una puerta lleva su nombre; hablamos de la conocida como Portada de San Pedro de Verona, situada en el ángulo noroeste del edificio, dintel que comunica directamente la portería con el claustro.

Nunca como ahora un rodaje sobre Verona fuera de Italia había tenido más cerca la Verona misma.

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