Cosas de la vida

Lo que ocurre detrás de las cámaras de cine

 

 

aluCine Celia SánchezNo, no se lo crean: esto no es Verona y aunque sea cierto que aún queden por nuestros lares charros Montescos y Capuletos (con sus perfiles salmantinos característicos), estamos ante una producción cinematográfica, televisiva para más señas.

Norteamericana, exactamente. Un grupo de actores y un considerable número de extras metiéndose en el papel de vivir en la Italia del siglo XV. ¿Pero qué sucede cuando las cámaras dejan de grabar? ¿Qué hay detrás de los rodajes? ¿Cómo son las relaciones humanas en los equipos del cine? Esto daría no para una, para muuuuchas películas. Vamos a mirar un rato juntos por esta singular mirilla.

Bette Davis y Joan Crawford.
Bette Davis y Joan Crawford.

Y para empezar, nada mejor que un par de divas reunidas en un largometraje de los que hicieron época. Hablamos de Qué fue de Baby Jane (1962), con Bette Davis y Joan Crawford. Todo empezó, al parecer, con un juego de seducción: Joan quiso ‘ligarse’ a Bette y se llevó varias negativas como contestación. Herida en su más profundo orgullo, la actriz desplegó durante el rodaje todo tipo de actuaciones estelares para castigar a la Davis con el látigo de su indiferencia y el peso de su desdén.

Cuentan las crónicas que el director de la película, Robert Aldrich, estaba literalmente hasta las narices de que ambas señoras le llamasen por teléfono cada día después de la grabación para pedir/exigir/reclamar más protagonismo propio… y, por supuesto, hundir en un papel secundario a su rival en pantalla. ¡Cómo se ponen ellas cuando se ponen! En fin…

Marilyn y Joe Dimaggio, en 1954.
Marilyn y Joe Dimaggio, en 1954.

Y luego, claro está, tenemos a Marilyn. La rubia ‘top’ del cine tenía por costumbre retrasarse siempre, pero eso se agudizó en determinados momentos de su vida. Las historias de la Historia del Séptimo Arte narran que el punto de inflexión fue su boda con el jugador de béisbol Joe DiMaggio en 1954. El matrimonio duró 9 meses… y Marilyn «empezó a llegar tarde a los rodajes, a no saberse las líneas y a consumir barbitúricos. Su imagen en las pantalla era la de una diosa, pero en la vida real era un persona caprichosa, irascible y hostil con los directores y los intérpretes, aunque también extremadamente delicada» (del libro ‘Los pecados del cine’).

Claire Danes, Leonardo di Caprio, 1996.
Claire Danes, Leonardo di Caprio, 1996.

Sí, la historia de la bella rubia es muy conocida… no tanto como la de dos amantes en la ficción y de amantes nada en la realidad. Dado que en Salamanca estamos metidos de lleno en una historia de Romeo y Julieta, obligado es hablar de la pareja de Verona. En este caso, lo hacemos desde la versión cinematográfica protagonizada por Leonardo DiCaprio y Claire Danes en 1996.

Al parecer, Leo era un poco, digamos, infantil por entonces y se dedicaba a «hacer el tonto» largamente en los descansos del rodaje. Su ‘parteneire’ femenina le rehuía por los estudios de grabación y las tomas en exteriores porque, literalmente, la tenía hartita con sus memeces.

¿Serían los nervios del enamorado no reconocido y casi adolescente? Eso no lo sabremos. La cosa es que Leo/Romeo no fue aquí ningún seductor. Vamos, que se le fue la Claire de las manos.

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