Ni chuletas, ni móviles escondidos. La picaresca en los exámenes de conducir ha dado un salto tecnológico hacia la ciencia ficción. La Guardia Civil y la Jefatura de Tráfico de La Rioja han interceptado a un aspirante que utilizaba unas gafas inteligentes con cámaras ocultas para retransmitir su examen en directo a un cómplice exterior.
El método: un «copia y pega» tecnológico
La mecánica detectada por el Grupo de Investigación y Análisis de Tráfico (GIAT) es tan sencilla como efectiva:
- Gafas con cámara: Las gafas capturan las preguntas del test y envían la señal de vídeo en tiempo real.
- Asistencia externa: Una persona fuera del aula visualiza el cuestionario y selecciona la respuesta correcta.
- Pinganillo invisible: El aspirante recibe la solución a través de un audífono diminuto oculto en el oído.
Este hallazgo confirma una creciente profesionalización de las redes que alquilan estos equipos, cobrando entre 1.300 y 2.500 euros por garantizar el aprobado fraudulento.
Un balance de 20 «cazados» en lo que va de año
Las inspecciones en Logroño y Calahorra no son casos aislados. En los últimos meses, se ha identificado a 20 personas de diversas nacionalidades y edades (entre 24 y 59 años) utilizando métodos similares. Muchos de los infractores viajaban desde provincias como Madrid, Barcelona o Valencia con la esperanza de que los controles en sedes más pequeñas fueran menos rigurosos.
Las consecuencias: Multa y «veto» de seis meses
Jugar sucio en la DGT sale caro. Según la Ley de Tráfico, estas acciones se consideran infracciones muy graves y conllevan:
- Multa de 500 euros por el uso de dispositivos de intercomunicación.
- Expulsión inmediata del examen con la calificación de «No apto».
- Prohibición de presentarse a cualquier examen de conducir durante un periodo de seis meses.
«La aparición de estas gafas refleja una sofisticación que nos obliga a endurecer las inspecciones rutinarias», señalan fuentes del operativo.


















