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¿Qué le pasa al PSOE,… también en Salamanca?

El PSOE afronta esta semana un momento crucial en su dilatada historia. Meses si no  años de larvada lucha interna por el control del partido han desembocado en una crisis de identidad sin precedentes, empujado por los nuevos partidos.

Hasta la irrupción de Podemos, el PSOE era el referente de la izquierda española y eso le llevó a tener el respaldo mayoritario durante muchos años, gracias a lo cual gobernó el país en dos etapas, una de ellas, la de Felipe González, la de mayor duración de la reciente historia democrática española.

Votar al PSOE era casi la única opción para los electores que se sentían de izquierdas. IU le ponía las cosas muy sencillas a los socialistas cuando llegaban las elecciones y el partido mantuvo el apoyo de los españoles a pesar de que adoptaba decisiones que chirriaban por colisionar con los intereses de su electorado habitual.

Lo que hasta entonces se sospechaba se convirtió en certezas tras la irrupción de los nuevos partidos, especialmente, Podemos, cuya única virtud conocida hasta el momento ha sido la de ponerle el espejo delante al PSOE para que se retratara y todos viéramos qué había realmente.

Y lo que se ha visto es que el PSOE ha sido todos estos años de atrás un partido homologable a la derecha europea, que tenía asumidas las libertades públicas y el estado del bienestar, algo de lo que aquí se carecía hasta finales de los setenta.

Y a la derecha del PSOE estaba Alianza Popular, hoy PP, una derecha a la que se había incorporado con naturalidad el franquismo sociológico, lo que fuera de aquí le hacía parecer como una derecha extrema.

A su lado, el PSOE parecía de izquierdas, cuando realizaba políticas propias de la derecha europea. Durante décadas le ha alcanzado con eso para ganarse el favor del electorado de izquierdas.

El primero que lo vio claro fue Felipe González, que engañó a sus compañeros en Suresnes para que dejaran de ser marxistas (lo cual le allanó a él el camino para convertirse en el líder que fue) y ha acabado colándonos otras medidas propias de la derecha política y económica como si parecieran de izquierdas. Hasta hoy, que sale de su retiro de oro para acuchillar públicamente a Pedro Sánchez y pedir que el PSOE deje gobernar al PP.

Ha cerrado un ciclo. Se ha pasado de las apariencias a revelar su propia esencia. Y la de buena parte del aparato del partido, al que le produce sarpullido la mera idea de negociar con podemos (izquierda) y prefiere abstenerse para permitir que sigan gobernando Mariano Rajoy y el PP desde su ciénaga cuajada de corrupción, juicios, mentiras y discos duros destruidos entre los cimientos de una sede pagada con dinero B, entre otras cosas.

De aquellos polvos vienen estos lodos. Podemos le ha quitado la máscara al sector derechista del PSOE, que está fundamentalmente entre sus dirigentes nacionales, regionales y locales, entre los que se incluye la dirección del partido en Salamanca, con Fernando Pablos al frente, mientras que su electorado, los socialistas de corazón, se sienten traicionados por la deriva del partido y quizá confundidos al ver a Felipe González atacando a su secretario general y pedir que se deje gobernar al PP, lo envuelva como lo envuelva.

El último argumento que los rebeldes utilizan contra Sánchez es que ha perdido elección tras elección. Si aplican el mismo patrón en toda España, incluso los que más le critican ahora tendrían que salir por piernas, incluido Fernando Pablos en Salamanca, que ha sido una verdadera ruina para el partido. No le ganó ni unos comicios a Julián Lanzarote y eso que se lo puso bien fácil. De tanto querer parecerse al PP se han convertido en su principal sustento y la base de su fortaleza, aquí y en el resto del país. De hecho, el PP es, ahora mismo, el mayor defensor de los barones/baronesa del PSOE. Sólo hay que ver los parabienes que le brindan los populares más mediáticos.

El aparato proclive a acercarse al PP sin que lo parezca quiere derrocar a Sánchez y éste, que sigue conectado con los militantes (al menos de momento), trata de revolverse. El aparato derechista quiere seguir como si nada hubiera ocurrido, aparentando que son de izquierdas y haciendo políticas de derechas, y Pedro Sánchez y los pocos dirigentes que le son leales tratan de ser coherentes con la mayoría de sus votantes. Ni más, ni menos.

No se está ventilando solo quién ocupa el sillón, sino cuál es el sitio del PSOE, si el centro derecha o el centro izquierda. El centro derecha del aparato o el centroizquierda de Pedro Sánchez y los socialistas de corazón.

C’s le ha cogido el sitio por la derecha que dejaba libre el PP, y Podemos por la izquierda cruda. Ahora tiene que decidir cuál será su senda. Tal y como están las cosas, a cañonazos, todo parece indicar que el partido se encamina hacia una fractura, lo cual puede conducirle a la irrelevancia o a convertirse en un partido regionalista andaluz.

El PSOE decide estos días si quiere seguir aparentando lo que no es, o ajustar su rumbo para ocupar el espacio que le queda libre y gracias al que ha podido gobernar estos años de atrás. Sin complejos. Sin engaños. Sin cobardía.

La Crónica de Salamanca

 


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