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Alertan del impacto de una ‘mega residencia’ de estudiantes

Junto al puente Felipe VI

El pasado mes de octubre la Asociación «Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio» presentó alegaciones contra la solicitud de licencia ambiental para la construcción de un “establecimiento destinado a colegio mayor de estudiantes” en la finca de la Calle Cordel de Merinas nº 40, por tratarse de un proyecto «contrario a los valores históricos, culturales y paisajísticos de Salamanca», e instó al Ayuntamiento de Salamanca a recabar cuantos informes considerase oportunos y realizar cuantas medidas prescriptivas considere oportunas a fin de asegurar que el edificio el cual finalmente se proyecte no cause un impacto negativo a la ciudad monumental.

El proyecto, según señala esta asociación, pretende levantar un edificio de nueva planta; desde una zona que permite contemplar y ubicar una serie de edificios relevantes de la ciudad histórica así como los perfiles de la misma. «Dicho proyecto, cuanto menos, requiere prudencia y que las decisiones sean convenientemente sopesadas y avaladas por cuantos estudios y organismos sean necesarios», indica.

La nueva edificación tendría cuatro plantas y 15 metros de altura (baja y tres plantas más peto en la cubierta) y casetón para instalaciones, con planta en forma de peine y diseño contemporáneo. En cada planta del edificio habrá 133 habitaciones individuales con distintas calidades y servicios; además, el edificio proyectado tendrá un total de 171 plazas de aparcamiento de las cuáles 78 serán cubiertas.

Con sus dimensiones, y teniendo en cuenta el retranqueo con las parcelas colindantes, «la afección al paisaje urbano y natural de Salamanca es negativa, ya que contribuye notablemente a colmatar la urbanización y la edificación en las inmediaciones del Río Tormes y su vaguada», afirma la asociación.

El edificio, además de la urbanización de la parcela o de su entorno inmediato, plantea la prolongación de la “Calle Huerta Santísima Trinidad” y la creación de un cruce con el “Paseo del Tormes” a la altura de la entrada de la Fundación Rodríguez Fabrés, «sin que en la licencia ambiental apareciese amplia información relativa a la movilidad o a la reordenación del tráfico en la zona».

Este proyecto de residencia para estudiantes de cocina, «que hará recordar al desafortunado Cuartel de la Guardia Civil», señala, «no se entiende en una ciudad que cuenta con numerosas viviendas y edificios vacíos o infrautilizados. Los servicios generales de abastecimiento, saneamiento, basura, limpieza, electricidad, internet, gas, etc., sean proporcionados por empresas públicas o privadas, deberán llegar a este nuevo edificio residencial todos los días del año y en cualquier nivel de ocupación del mismo, lo que sin duda también tiene un impacto ambiental que no debe ser obviado.


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