De la sombra a la luzLocalPortada

La calle discreta que esconde una sorpresa

La calle de las Úrsulas, si me lo permiten, la voy a calificar de 'tímida' porque siendo una de las más bellas de la ciudad, es también una de las desconocidas, quizá por su discreción y eso que se encuentra en pleno centro y rodeada de grandes y bellos monumentos

 

Úrsulas quizá sea la calle más ‘discreta’ y ‘timida’ de las que se encuentran en el Casco Histórico de la ciudad. Se encuentra enclavada entre el Campo de San Francisco y la calle de Bordadores. Recibe el nombre del convento de las madres Adoratrices, popularmente conocidas como ursulinas o Hermanas de Santa Úrsula, bajo cuya advocación se fundó la Orden.

Esta calle encierra una sorpresa. Allá por 1480, doña Sancha Maldonado consigue la bula del papa Sixto IV y funda un convento sencillo. Pero, en 1490, el arzobispo de Santiago, Alonso de Fonseca, queda prendido del lugar y pone a disposición de la edificación parte de su patrimonio, (Alonso de Fonseca es conocido por ser un gran mecenas).

El arzobispo desea ser enterrado dentro del convento. Hasta aquí todo normal. Pero, este deseo no fue muy bien visto por los teólogos de la Universidad debido a la majestuosidad del interior del templo, que iba en contra de todas las normas de austeridad franciscana. Por lo que, ni corto ni perezoso el arzobispo Fonseca hizo que el convento de las Úrsulas pasase a depender del arzobispado de Santiago de Compostela y no de Salamanca.

Caprichos de un arzobispo que dejan en la cabecera de la iglesia su sepulcro, considerado uno de los más bellos del Renacimiento. Es obra del escultor, Diego de Siloé.

Obras de arte por dentro y por fuera

El convento está ‘defendido’ gracias a un enorme ábside poligonal, que tiene apariencia de torre fortificada con grandes contrafuertes. El estilo de la edificación es gótico tardío y durante estos siglos ha sufrido modificaciones, como la del siglo XVIIII.

Nos referimos a las dos portadas levantadas en 1777 por Jerónimo García de Quiñones, con escudos de los Fonseca una y de Zúñiga, Acevedo y Biedma la otra, labrados por Miguel Martínez. Al siglo XVIII pertenece también el claustro, llamado de Flores, obra de García de Quiñones, que conserva, no obstante, algunas tracerías góticas; allí se encuentra la sala capitular, cubierta con bóveda de crucería estrellada, a la que se accede a través de una puerta hispanoflamenca relacionada con las toledanas, y la capilla de la Divina Pastora, dotada de una excelente vidriera. También de la obra primitiva es el escudo con los cinco luceros de Fonseca, sostenido por un ángel de labra hispano-flamenca, que se halla sobre la puerta de ingreso al convento.

Actualmente, se puede visitar el museo, donde se puede apreciar el artesonado de estilo italianizante y mudéjar, además de las tablas atribuidas a Juan de Borgoña (siglo XVI) que formaban parte del hoy desmontado altar mayor, y que representan diversas etapas de la vida religiosa de Santa Úrsula. El resto de tablas, están en el Museo del Prado.

Escoltando la calle

Desde la propia calle si se mira de frente se pueden ver, La Casa de las Muertes, de fachada plateresca y donde destacan las calaveras, o antiguamente también llamadas “muertes”. La leyenda cuenta que recibe su nombre por las numerosas muertes que allí tuvieron lugar. Junto a ella la Casa del regidor Ovalle Prieto donde vivió y murió Miguel Unamuno y cuya escultura se puede ver en el extremo de la calle mirando hacía la que fue su última morada.

En la entrad de la calle de las Úrsulas encontramos la Iglesia de Santa María de los Caballeros fue fundada en 1214, aunque el edificio actual es del siglo XVI. En la fachada destaca una figura de la Inmaculada que se encuentra sobre la puerta de acceso.

Actualmente es la Biserica Ortodoxa-Romana, en el año 2010 el Obispado de Salamanca cedió esta iglesia a la Iglesia Ortodoxa de Rumanía, creándose así una parroquia para los numerosos rumanos que residen en la provincia.

En el otro extremo, el parque de San Francisco, que es la zona verde más antigua de la ciudad, data de 1700 y recibe su nombre por tener de linderos a la iglesia convento de los Capuchinos de la Orden de San Francisco de Asis y por las ruinas del convento de San Francisco el Real, fundado en 1231.

 

Momento de descanso

En una de sus esquinas de la calle se encuentra una pequeña capilla que invita a entrar a su interior. Una vez dentro, algo llama poderosamente la atención del observador. De rodillas, en el altar mayor, se encontraba hasta este mes de febrero una religiosa vestida de novia que, en silencio, adora al Santísimo Sacramento día y noche. Hablamos de la capilla de la Vera Cruz.

Los fieles acompañaban a la monja con sus oraciones en un silencio sepulcral, sólo roto por el paso de las hojas de algún libro de meditación. Este escenario teatral deja perplejo al hombre de hoy, acostumbrado al ruido y la acción.

La capilla barroca, obra de Joaquín Churriguera, responde a la máxima del horror al vacío, tan propio de aquella época. Cuando nos suponemos repuestos del impacto comenzamos la percepción de la decoración de la iglesia. Poco a poco van apareciendo ante nuestros ojos obras escultóricas de gran calidad, datadas en torno a 1713 y 1714, años en los que se reconstruye el templo propiedad de la cofradía de la Veracruz.

Todos los que visitan Salamanca experimentan cierta emoción al pasear por la calle de las Úrsulas y el Campo de San Francisco. El ambiente urbano recreado por los conventos de clausura que allí se encuentran proporciona una aportación a la estética y al sosiego que en pocos lugares se puede encontrar.

Documentación:
Callejero Histórico Salmantino, de Ignacio Carnero
Blog de ida y vuelta.
Junta de Castilla y León. Portal de Patrimonio Cultural de Castilla y León. José Ramón Nieto González



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