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Tres años por abusar de su sobrina en Espino de la Orbada

Le obligaba a masturbarle y le hacía tocamientos

A.G.M., de 67 años, ha sido condenado a tres años y cuatro meses de prisión y a una indemnización de 8.000 euros por la Audiencia Provincial de Salamanca por abusar sexualmente de una de sus sobrinas y por exhibicionismo al masturbase delante de ella y de sus amigas. Además, en los próximos siete años no podrá acercase a menos de 250 metros de su sobrina. En concreto, la víctima es la hija del hermano de la mujer del condenado, que formuló la denuncia en diciembre de 2016.

 

La víctima que tenía apenas 7 años cuando comenzaron los abusos, contó en el juicio celebrado el pasado mes de noviembre que su tío la llevó hasta el garaje de su vivienda, en el municipio de Espino, donde se bajó los pantalones enfrente de ella. Como ella no reaccionó, “cogió mi mano e intentó que le masturbara”, narró durante el juicio. “No sabía dónde meterme, me sentía super mal, super sucia“.

La denunciante estaba visiblemente afectada durante el juicio, apenas había podido dormir durante la noche anterior y sentía nauseas debido a los nervios. A sus 22 años, recuerda perfectamente que esos abusos se fueron dando en repetidas ocasiones hasta el año 2012. Según ella, el acusado aprovechaba los momentos en los que su tía estaba fuera para hacerle tocamientos.

Había días que aprovechaba el mantel de la mesa para ocultarse, cogerle la mano a la niña y obligarla a tocar su miembro. Llegó, incluso, a hacerlo delante de dos amigas de la víctima. Fue en el año 2012, cuando ellas tenían 16 años. Se bajó los pantalones y se masturbó delante de ellas hasta eyacular. Fue ese el día en que decidieron contarlo, pero sus padres no hicieron nada por el miedo al qué dirán.

La chica recordó que, poco a poco, fue contando lo sucedido, pero que antes no lo había hecho porque era pequeña y “yo no quería ser como esas niñas que salían en las noticias”. No obstante, siempre le afectó. Desde los 10 años empezó teniendo crisis de ansiedad y, posteriormente, el psiquiatra le diagnosticó depresión y le recetó medicamentos fuertes.

Era ya mayor de edad cuando se atrevió a dar el paso. Cuando se lo contó a su hermana, esta admitió que ella también había sufrido esos abusos por parte de su tío y jamás lo había querido contar. A partir de ese momento, la relación con la familia se deterioró. Las acusan de mentirosas, de que solo buscan beneficios económicos. “Éramos como las guarras del pueblo”, contó. En este contexto, se han dado agresiones por parte de otros miembros de la familia, insultos, amenazas… Excepto sus padres, nadie las cree.

Por su parte, el acusado lo niega rotundamente. “Mentira, mentira, mentira”, insistió ante las preguntas del Ministerio Fiscal, señalando que lo que sostiene el relato de la acusación no había sucedido “jamás”. A.G.M. sostuvo que su sobrina estaba haciendo todo esto “por hacer mal a la familia” y por dinero. Finalmente, se negó a responder a las preguntas de la abogada de la acusación.



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