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Julia sobrevive en Salamanca con 89 años al coronavirus: así fue el ‘milagro’ de una llamada

Julia García, con patologías previas, se encuentra ya en su casa junto a su familia después de la gran ayuda de los sanitarios y de una llamada ‘milagrosa’.

 

En tiempos de la grave crisis del coronavirus parece que solo llama la atención y genera más expectación lo malo. Más contagios, más muertes, más críticas, menos medios… hasta un sinfín de aspectos negativos que apenas dejan hueco para historias que, pese a ser muy duras, tienen un final feliz.

Por: Chema Díez Juan

El caso de la salmantina Julia García es una de ellas; curtida en mil batallas y con 89 años a sus espaldas, se enfrentaba a una ‘rutinaria’ operación de cadera después de caerse en su domicilio. La historia se remonta al pasado 3 de marzo, cuando tras ser examinada en su casa fue trasladada al hospital Virgen de la Vega para ser intervenida.

Una vez operada y responder bien al tratamiento, a los pocos días de ser operada estaba lista y preparada para volver a su domicilio para seguir con la recuperación… y fue justo cuando empezaron los problemas. Antes de darle el alta comenzó a tener síntomas como tos y falta de respiración.

Al ver este cuadro, los sanitarios realizaron una analítica y unas placas en las que se vio una alteración pulmonar, neumonía bilateral, pero que en principio no se asoció al coronavirus porque no se habían registrado aún muchos casos y estaba casi empezando lo que ahora está asolando todo el mundo.

“A raíz de esto, en el Virgen de la Vega estaba el ‘run run’ de que había un posible caso, pero no sospecharon que ella pudiese tenerlo en principio y pensaron que era una neumonía, aunque luego resultó ser un caso positivo”. Así lo revela Héctor Martín, nieto de Julia, quien también ha sufrido en su carnes, al igual que su hermano, su padre, su madre, su tío, su prima y su novia los efectos del coronavirus al haber estado en contacto con su abuela, que ahora es noticia al superar la enfermedad a los 89 años.

“Eso sí, a ninguno de nosotros nos han realizado la prueba. El médico que nos llamaba por teléfono nos lo dejó claro desde el primer momento, que no se hacían test porque no había. Es la realidad que hemos vivido, y ahora tampoco nos los van a hacer. Yo cumplo en unos días el mes de cuarentena, pero nadie me asegura al 100% que no tenga carga viral, al igual que los otros miembros de mi familia. Cada uno lo hemos pasado de una manera”, recuerda Héctor Martín.

Julia García y su nieto Héctor.

No en vano, sus síntomas y los del resto de su familia no tuvieron nada que ver. “Yo tuve fiebre de hasta 38,5 algunos días, tos, esputos verdes, dolor muscular y diarrea. E incluso perdí el gusto y el olfato varios días, y ahí fue cuando me asusté de verdad. Pero, en cuatro o cinco días los fui recuperando. No he tenido insuficiencia respiratoria, es más, tengo sinusitis y en esos días es cuando mejor respiré. Ahora, ya he vuelto a la normalidad. Mi hermano y mi novia han estado asintomáticos, mi padre algún síntoma al igual que mi madre, pero leves. Lo mismo que mi prima y mi tío, pero si hay algo claro es que este virus es diferente en cada persona, cada cuerpo reacciona de una manera distinta”, explica.

Una llamada que lo cambió todo

Pero, en esta historia, sin duda, hubo un momento muy especial. Fue una llamada que pareció ‘resucitar’ a Julia García. “Mi abuela llevaba de serie diabetes, tiene la aorta afectada, fibrilación auricular y los pulmones tocados. Una paciente con esas características, ¿cómo ha superado esto? Era la ‘candidata’ para no haberlo hecho y los médicos no daban ni un duro por ella, como es normal”, recuerda Héctor Marín, que es uña y carne con su abuela.

Pero, además de la gran labor de los sanitarios, ocurrió el milagro en forma de llamada. “Queríamos hablar con ella para ver qué pasaba y después de varias llamadas y varios días, logramos que alguien nos facilitara un número para hablar con ella. La vimos muy mal, pero toda la familia le transmitió mensajes de ánimo y fuerza, que luchara hasta el final y… milagrosamente resucitó. Pudimos hablar con ella al día siguiente y ya vimos un gran cambio en su ánimo y estado de salud, ya que respondía muy bien al tratamiento. Quizá nuestro mensaje la hizo luchar más”, explica orgulloso.

“Vivimos momentos de impotencia al estar muchos días sin saber de ella, estar aislados por el coronavirus, siendo además los primeros casos. Ha sido muy duro, pero ahora ya está en su casa y nos turnamos para poder cuidarla ya que no hay riesgo de contagio. Ella, al salir dijo que lo único que quería era volver a vernos, estar con nosotros y dormir en su cama. Y que le diésemos las gracias a todos los sanitarios por su cuidado durante el mes de hospital. Está animada y con mucha fuerza”.

Bonito final para una bella historia, ésas que también deja la crisis del coronavirus en la que parece que todo se ve del color más oscuro posible. Julia García arroja un hilo de luz para la esperanza, que es lo último que se debe perder…

 


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