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A través de la ventana…

 

Tu tamaño ahora no importa, es lo de menos; con que estés, es suficiente. Siempre has estado ahí y casi no nos habíamos dado cuenta. Antes, solo te utilizábamos para bajar la persiana, ‘correr’ la cortina, pasar un trapo de vez en cuando, vislumbrar si la lluvia hacía acto de presencia antes de salir a la calle o aprovechar algún que otro rayo de sol en una habitación cuando ‘pegaba’ de lleno.

Por: Chema Díez Juan

Pero no, ahora todo va mucho más allá. Te has convertido en el único rincón por el que podemos respirar el aire que ahora sí es más puro, más limpio y huele mejor. Te utilizamos cada día para tomar un café a media mañana, una cerveza antes de comer o un ‘copazo’ a media tarde simulando que estamos en un bar rodeados de los nuestros. ¿Os acordáis?

Miramos a través de ti innumerables veces para relacionarnos con alguien más que nosotros mismos y hasta nos atrevemos a saludar desde la lejanía a los que ahora son nuestros compañeros de ‘encierro’, y cuya presencia antes nos importaba más bien poco. Casi les vemos a todas horas; mirar al exterior se ha convertido en toda una aventura porque nuestra mente incluso se ha empeñado en inventar cómo será la vida del otro observando su día a día a través de un cristal.

Nos escuchas y oyes cada día arrancarnos en aplausos poco antes de las 20.00 horas cuando, fieles a la cita, recordamos que entre todos podemos salir de ésta. Sirves para ver que el paso del tiempo ya está dejando sus secuelas en un banco vacío, que hace demasiado tiempo que no recibe a un ‘culo de mal asiento’; o ese parque huérfano de bullicio y carreras, que parece haber perdido vida. Igual que el bar que se sitúa justo al lado, cuya terraza ha dado lugar a un solar que queda muy lejos del increíble olor a panceta, lomo o el primer helado del verano al que nos tiene acostumbrados.

A través de ti observamos cómo la naturaleza sigue su curso y la hierba se hace hueco en plena acera porque ya nadie pisa tan fuerte como para impedir que el verde cobre nueva vida, igual que las flechas de una carretera que nos llevan por caminos opuestos, esperando poder decidir cuál es el mejor. Unos dicen que ‘todo va a salir bien’, otros que ‘juntos lo vamos a superar’… pero lo que más se escucha es el silencio de un confinamiento que todos esperamos romper cuando pongamos un pie en la calle y te miremos desde abajo, como antes, como siempre… para que todo vuelva a ser como antes.

Desde la ventana.  (28)


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