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La crisis que ha devuelto a Béjar el apellido de ‘textil’

La Covid-19 ha resucitado el origen de la ciudad textil por excelencia debido a la elaboración desde allí de mascarillas para la población

 

A unos 75 kilómetros de la capital salmantina, recorriendo la A-66 y dejando atrás Guijuelo, se vislumbra al horizonte una sierra que en invierno permanece nevada (ahora cada vez menos) y en verano muestra un color especial desde la altura. Encajonada entre montañas, ésas que vieron triunfar sobre el esfuerzo de las dos ruedas a personajes ilustres como Lale Cubino, Roberto Heras o Santi Blanco… aparece Béjar.

 

Otrora ciudad textil por excelencia y referencia en España y fuera de nuestras fronteras por su potencial en este sector durante mucho tiempo (¿recuerdan cuándo se hablaba de los ricos de Béjar?) hace décadas que perdió su bien más preciado, y con ella una gran parte de su población hasta quedarse por debajo de los 13.000 habitantes, superada por Salamanca y Santa Marta y con Ciudad Rodrigo pisándole los talones. Lejos de ser lo que un día fue… ¿ha necesitado una crisis para tener una nueva oportunidad?

Y es que, Digital Innovation Hub, el Air Institute, la Cámara de Comercio de Béjar y el Grupo de Investigación BISITE de la USAL impulsaron el proyecto ‘Béjar por el textil’ debido a la crisis de la Covid-19, para ayudar a la elaboración de mascarilla, batas y buzos, con un éxito rotundo. “Estas últimas semanas habéis hecho un inmenso esfuerzo y un gran trabajo en equipo de forma completamente altruista y solidaria para intentar cubrir las necesidades de material preventivo en Salamanca, Béjar y su comarca”, señala la Cámara de Comercio en un comunicado.

Casi una decena de talleres textiles ha trabajado durante las últimas semanas para este fin. “Queremos dar también nuestro máximo reconocimiento a todos aquellos que a título individual han colaborado desde sus casas y en especial a todas esas compañeras que con su habilidad y buen hacer han demostrado que son unas grandes profesionales en la confección”, señalan desde la Cámara.

Gracias al material donado y al adquirido con las donaciones, y a lo aportado por los propios organizadores de la iniciativa, un equipo de más de 30 personas se ha turnado en la confección de miles de mascarillas, batas y finalmente buzos.

El equipo de ‘Béjar por el textil’ da por concluida su aportación, “realizada siempre sin ningún otro interés que el de aportar de manera altruista nuestro granito de arena, y desvinculada de cualquier otra acción con ánimo de lucro que se pueda estar realizando aquí o en cualquier otro territorio”.

Pero además, Béjar también ha vuelto a la primera línea de batalla gracias a Fibras Textiles Sánchez S.L. empresa con más de 25 años de experiencia fabricando productos para el descanso y que ahora ha puesto todos sus sentidos en ayudar a superar la crisis de la Covid-19.

“Mascarillas Béjar nace desde Fibras Textiles Sánchez de la mano de MAHUPA S.L. En este proyecto la participación de Fibras textiles Sánchez ha sido fundamental  por su contribución con la infraestructura y maquinaria requerida. Nuestro equipo humano ha sido capaz de llevar a cabo un proceso de adaptación y agilidad funcional. Hemos asumido de forma diligente y exitosa el reto que supone transformar nuestro producto final para cubrir una necesidad apremiante en el sistema sanitario”, señala la empresa en su página web.

La década de los 60 significó el punto álgido del textil bejarano y la de los 70 el inicio del fin de la actividad pañera, que padeció crisis, recuperaciones y nuevos problemas hasta la gran crisis del inicio de los 90.

«Desde los 90, la gente joven se vio abocada a la migración porque no podían desarrollar aquí su oficio, muchos salían de la escuela industrial», explica el presidente de la Cámara de Comercio, Ventura Velasco en declaraciones a El Confidencial. La relación con la vecina Guijuelo fue clave para la supervivencia de ambas, con intercambios diarios. Desde entonces, y a medida que la globalización derribaba peajes comerciales, el número de empresas fue descendiendo. De los 2.721 trabajadores textiles de 1970 a los 278 de 2012, explica esta misma información. 


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