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El otro lado del espejo

La Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Salamanca registra un aumento de pacientes desde el inicio de la pandemia y en lo que va de año ha atendido a más de 300 personas

 

Lamentablemente, el confinamiento ha propiciado un aumento de casos”. Así de rotundo se pronuncia el coordinador de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA) del Hospital de Salamanca, el doctor David González Parra. Desde su punto de vista, “se va a vivir la segunda ola de procesos infecciosos, aunque más controlada que la de ahora”, algo que conllevará “vivir una serie de secuencias psicoemocionales importantes en la población general”. En ese sentido, resalta que esto “sucede sobre todo en gente vulnerable, aunque también en gente sana, en la que ha generado un impacto emocional fuerte”.

Por: Beatriz Jiménez / ICAL

Respecto a los casos atendidos en la Unidad, durante este período, explica que la situación “no pasa de largo” y afirma que “cada vez hay gente más joven”. “El confinamiento ha generado una desestructuralización vital en la obsesión por la alimentación, por el peso o por no hacer ejercicio” y además añade que “ha desencadenado cuadros graves de anorexia”. En ese sentido, este especialista dice que incluso afecta a los pacientes que se encontraban “en cierta manera estables”, y también hay recaídas importantes.

En cifras, el doctor David González Parra argumenta que en 2019,  en la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Salamanca  se atendió a 600 pacientes, de los que alrededor de 150 fueron primeras consultas externas y de éstos, aproximadamente 60 realizaron los programas de Hospital de Día.

En lo que llevamos de 2020, las circunstancias de la Covid-19 también obligaron a cerrar la Unidad del Hospital de Día, aunque los profesionales siguieron atendiendo de forma telemática, llegando a cerca de 300 pacientes también en las consultas externas, de los que 90 fueron primeras consultas, mientras que en el Hospital de Día se atendió a una decena de pacientes. Proporcionalmente, “es un cifra de atención mayor a la que estamos acostumbrados”. Además, asegura que a los pacientes se les continuó con un seguimiento diario, “como si estuvieran ingresados”, pero comentó en declaraciones a Ical que “se está por encima de lo que se ha venido tratando en los años anteriores”.

Perfil de los pacientes

El perfil de los pacientes atendidos en esta Unidad se sitúa en dos franjas de edad, un primer pico que está entre los 14 y 23 años y otro entre los 30 y 40 años. En general, son pacientes adolescentes, la mayoría de sexo femenino, con diagnósticos preferentemente de anorexia y bulimia, que “son los que requieren un formato de hospitalización”. La patología más grave, como explica el doctor González, “es la anorexia nerviosa, el resto de pacientes pueden ser por bulimia y trastorno por atracón, que son las más frecuentes”, pero no llegan a rangos de gravedad.

Entre las posibles causas que desencadenan estos trastornos, el especialista en Psiquiatría del hospital salmantino destaca que “los trastornos alimentarios no son diferentes a otros trastornos mentales”. En ese sentido, asiente que “el modelo ‘biopsicosocial’ es el imperante”. Se refiere a características metabólicas, psicológicas y sociales, que “se meten en cóctel y explosionan a esas edades de riesgo”.

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ICAL. David González Parra, psiquiatra y coordinador de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria de Salamanca.

Respecto a los factores biológicos, el doctor González Parra señala que “por cada nueve mujeres, un varón padece un trastorno alimentario”; entre las características psicológicas destacan la personalidad, temperamento y el carácter obsesivo, “con necesidad de control de la situación y muy rígidos a nivel cognitivo”. A nivel social, está “vivir en un ambiente occidentalizado, en el que hay alimentación, ya que es muy diferente a lo que ocurre en África”.

En el ambiente social “preocupan la cultura por la delgadez, la obsesión por las dietas”. Por ello, sostiene que los factores desencadenantes en muchas ocasiones suelen ser las dietas, las etapas de baja autoestima, comentarios que los jóvenes pueden recibir en el ambiente familiar o social, de estudios y a veces dinámicas familiares “no muy adecuadas”.

Influencia de las redes sociales

“Ya se venía viendo”, como dice este médico, que las redes sociales iban a crear un importante impacto en los jóvenes. De hecho, recuerda el estudio presentado el año pasado en Salamanca, basado en los pacientes atendidos en la Unidad, sobre cómo la población hace uso de los medios de comunicación y las redes sociales. De ello derivó que la incidencia de uso y consumo en materia de alimentación, moda, ejercicio y dietas “es muy elevado”. “A veces es tan sencillo y variado”, que matizó que “no es filtrado” y alega que “estar en manos inexpertas, hace que ese uso no sea el más adecuado”. Sobre ese aspecto se trabaja mucho porque aunque hay que “intentar no dejar de utilizar estas herramientas”, que consideró como avances tecnológico, sin embargo hay que  “intentar que el manejo sea más adecuado a la edad y al problema del paciente”.

Imagen de Mary Pahlke en Pixabay

En ello, también están las familias, que a su juicio, “juegan un papel fundamental” en este proceso, ya que “el pico de edad corresponde a la adolescencia”. Por ello, desde el Hospital de Salamanca “se trabaja mucho”, incluso cuentan con una Escuela de Padres, donde se trata de “identificar qué problema tiene su hija, por qué y desde su papel como padres, qué pueden hacer”. La familia es un factor desencadenante, en cuanto a dinámicas patológicas, pero “no es lo único”, apunta González. “Si la familia no introduce cambios respecto a los comportamientos de la niña y en el manejo del problema, puede llegar a convertirse en un factor mantenedor”.

Si las cosas no cambian en casa, “se puede mantener el trastorno”. Si no se tiene idea de lo que le pasa  a la hija, que de la noche a la mañana deja de comer, ¿dónde hay que tratar de hacer cambios?. Según explica este experto, “normalmente es en la comida y en hacer todo lo posible para que coma, desde premiar o castigar”. Pero como remarca, “eso es lo que no hay que hacer”. “La comida es una expresión de algo que está pasando en esa persona a nivel psicoemocional”, por tanto “si se ataca de manera directa con la comida, la batalla está perdida”. “Es importante que los padres entiendan que la comida no debe ser el primer foco”, y para eso están los profesionales. Los padres deben llegar de otra manera a sus hijos y analizar por qué sucede. “Eso hay que trabajarlo para cambiar”, ya que la mayor parte del tiempo la pasan con las familias y círculo social.

’La regla del tres’

Según explica David, en Psiquiatría y en el resto de Servicios médicos se recurre en numerosas ocasiones a la ‘regla del tres’, que “es bastante fiable”. De este modo, explica que “dos tercios del total de pacientes, sí se puede considerar que tienen una recuperación completa o parcial”, es decir, “con secuelas”. También hay un porcentaje de pacientes que se cronifican y esa circunstancia dependerá de múltiples factores. Uno de los más importantes, como señala el doctor, “es la detección precoz”, “no se debe demorar el detectar la situación, que la impresión diagnóstica sea clara y poner que esa persona padece un trastorno de la conducta alimentaria”.

De ahí, subraya la importancia de los pacientes que son derivados desde Atención Primaria, por los propios pediatras o médicos de cabecera cuando detectan un caso. Lo derivan a la Unidad sin necesidad de pasar por Salud Mental y eso “es básico y fundamental”. Asimismo, recuerda que hay que poner como objetivo primordial la recuperación física, “ningún paciente se recuperará si no logra estar en unas condiciones físicas óptimas”. Además, hay que conseguir una cierta estabilidad emocional, que probablemente requerirá más tiempo al tratarse en la pubertad, como una época de cambios. También es importante “tratar de normalizar la conducta alimentaria”. Si se consigue todo esto, el doctor González avanza que “hay un alto porcentaje de pacientes que se recuperan y que pueden hacer vida normal”, aunque lamenta que “a veces no se consigue y el paciente no se recupera o incluso pueden tener un alto índice de cronicidad.

Trastornos más frecuentes

Los trastornos más frecuentes son, en datos de prevalencia como explica David González Parra, la bulimia y el trastorno por atracón. En ese sentido, sostiene que “la bulimia nerviosa está en torno al tres por ciento de la población y el trastorno por atracón, acapara el cinco por ciento de la población general”. La anorexia nerviosa no llega al uno por ciento, “sin embargo es la más grave”, porque es la que más repercusión médica tienen, ya que genera un estado de desnutrición y complicaciones médicas.

La UTCA de Salamanca

La Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria (UTCA) de Salamanca lleva operativa desde hace 12 años y pertenece a todo el Complejo Asistencial, aunque está ubicada en el Hospital Virgen de la Vega. Pertenece a la unidad de Psiquiatría, “es multidisciplinar y trabaja con los servicios de Endocrinología y Nutrición, tanto de adultos como de niños”. La componen nueve profesionales de diferentes sectores. “A veces contar con un equipo multidisciplinar tiene muchas ventajas”, dice su coordinador, pero al necesitar un consenso, “genera dificultad porque implica una coordinación muy importante”. El trabajo es sobre una población muy determinada, como es la adolescencia, por lo que “no es fácil conectar al mismo nivel”, ya que “los jóvenes suelen tener otros intereses o incluso acuden obligados y no aceptan la enfermedad”, además del trabajo que hay que hacer con la familia.

Programas de tratamiento

La UTCA tiene diferentes programas de tratamientos. En uno de ellos se hace una valoración externa a pacientes que tanto en Atención Primaria como en Especializada, se puede sospechar que hay un trastorno alimentario y se evalúa a nivel ambulatorio. También se cuenta con el programa de Hospital de Día, en el que los pacientes acuden a un formato de hospitalización parcial durante un periodo de tiempo, de entre tres y cuatro meses, de lunes a viernes de 9 a 18 horas. Esas horas acuden al hospital donde hacen las comidas, los descansos y los talleres grupales de trabajo. También se hace un apoyo a la hospitalización de 24 horas, aunque inicialmente no hay ingreso hospitalario, sin embargo hay casos que “médicamente están mal y deben ser ingresados”.

Pixabay.

En el caso de que la evolución de esos pacientes no sea favorable, se derivan a unidades de internamiento de la Castilla y León, que en la actualidad cuenta con dos, uno se encuentra en el Hospital Clínico de Valladolid, para pacientes menores de 18 años, y el otro se ubica en el Hospital Universitario de Burgos, para mayores de edad, donde se derivan pacientes con un estado de salud grave.

Tal y como señala el coordinador de la UTCA a Ical, cuando un paciente, después de unos años, “va bien”, generas una serie de vínculos emocionales y terapéuticos con los profesionales, “es muy grato poder salvar del problema”, aunque también “están los sinsabores de las recaídas”, sin embargo, este equipo no pierde la ilusión y las ganas por seguir al frente de este espacio.


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