Opinión

Inconvenientes de un peligroso aliado: Las plataformas digitales (II)

 

Si la semana pasada emplazaba el principio del artículo en el calor y comodidad del sofá, hoy tengo la difícil tarea de dar motivos suficientes y convincentes para conseguir salir de vez en cuando de ese confortable habitáculo, trabajado y hecho a medida de nuestras posaderas.

Vaya por delante que este artículo no trata de ser un ataque directo contra las plataformas de streaming, ya que como indiqué en el anterior artículo han supuesto muchas buenas noticias para el sector audiovisual. Se trata más bien de un intento de recapacitar a cerca de las consecuencias negativas que un espectador puede pasar por alto respecto a este tipo de servicios y que pueden ser contrarrestadas fácilmente con un poco de voluntad. Dicho lo cual, entremos en materia.

En primer lugar hay que empezar por el problema más importante e inmediato. Desde que aparecieron este tipo de servicios, el papel de las salas de cine y el de las plataformas estaba completamente diferenciado. Por una parte los cines eran los lugares de estreno de películas y tras el abandono de las cintas de las salas, los servicios compraban los derechos de las mismas para poder incluirlas en su catálogo. Esta separación siempre estuvo clara y ayudaba a que cada uno de los negocios no se pisase entre sí, hasta el año pasado.

La pandemia del COVID-19 cambió todos los aspectos de nuestra vida. En aquella época de cuarentena tan cercana y a la vez lejana, el servicio de streaming se multiplicó en todo el mundo, aumentando considerablemente las suscripciones a todo tipo de plataformas audiovisuales. No lo olvidemos que el cine y las series, a parte de servir como entretenimiento, nos ayudan a refugiarnos en universos mágicos o naturalistas para distraernos de nuestra cotidianidad, regalándonos un refugio en el que resguardarnos temporalmente de los problemas de fuera.

Y precisamente en esta cuarentena se paralizó el tiempo y fueron muchas las personas que decidieron acudir al mundo audiovisual para pasar sus días. Mientras tanto los cines estaban cerrados, igual que el resto de negocios, agonizando poco a poco por salir pronto del paso. Sin embargo, las producciones no se paralizaron por completo, muchos proyectos siguieron adelante en cuanto les fue posible, pero el público que empezó a acudir a los cines era muy reducido y las pérdidas eran millonarias.

Por lo anterior, y debido (para bien o para mal) al tipo de sociedad en el que vivimos, mientras las plataformas se hacían muy fuertes con el mejor año de su existencia, las productoras necesitaban estrenar sus piezas, y esa línea tan visible al principio entre las salas de cine y las plataformas, empieza a difuminarse. Ha llegado a tal punto que esa línea se ha cruzado y una de las mayores productoras del mundo, Warner Bros, decidió que a partir de este año 2021, estrenaría sus películas también en su plataforma HBO Max, sentando un problemático precedente.

¿Qué supone esto? En primer lugar el dinero premia a la ética, y parece que nos olvidamos de la cantidad de puestos de trabajo que dan las salas de cine y todo lo que se les debe por sus años de trabajo. Se trata de una parcela a la que únicamente le corresponden lo que aguanten las piezas en las salas, y de ahí a la eternidad pueden pertenecen a las plataformas. ¿De verdad no pueden esperar esos meses?

En segundo lugar, la magia. La magia que da ese olor a palomitas, esa cola, esas butacas, ese cine de barrio en el que de tantas veces que vamos, conocemos ya a los dependientes o limpiadores. Esa magia de sentarte en esa sala oscura y olvidarte de lo que pasa fuera por un tiempo y que cada vez se hace más importante en unos tiempos en los que no podemos abandonar los móviles durante un tiempo. Si llega a ser demasiado tarde, esa magia pasará a ser anecdótica. ¿De verdad no pueden esperar esos meses?

En tercer lugar, la calidad. La calidad que ofrece audiovisualmente una sala de cine no podremos experimentarla en casa, es así. Una película se diseña específicamente para una sala de cine, y posteriormente se rediseña para las plataformas, DVDs, etc. En un cine estaremos observando de la mejor manera posible lo que un equipo de muchas personas han trabajado durante mucho tiempo para que llegue al espectador de la mejor manera posible. Esto abarca desde la fotografía, hasta el diseño de sonido, el montaje, o simplemente la banda sonora. El sofá de casa es muy cómodo, pero no tiene esa calidad.

Pero este solapamiento entre las salas de cine y las plataformas no es el único inconveniente, antes ya he adelantado otro. La sociedad moderna, empujada por la era de la sobre información y de las redes sociales, tiende cada vez más a un consumo voraz de contenido y con cada vez menor atención a lo que se está visualizando. Las series y películas producidas por las plataformas cada día que pasa son más dinámicas, con un ritmo frenético y repletas de sucesos, todo ello para mantener al espectador atento y que no mire el móvil.

Y es que es así, el espectador medio está acostumbrado a estar mirando continuamente el móvil cuando ve una película o una serie si “no está pasando nada” en la pieza. De esta manera las producciones son cada vez más similares entre sí, y esto unido al famoso logaritmo que nos proporciona la plataforma para visualizar contenidos parecidos a los últimos que hemos visto, configura una fórmula perfecta para articular nuestro gusto en el mismo tipo de producciones. ¿Y que trae esto? Un gusto menos variado e incluso rechazo a las piezas que son distintas a lo que estamos acostumbrados a ver.

Y de lo anterior surge una de las frases que más escucho últimamente: “esa película/serie no me gustó porque era muy lenta”, como si fuese necesario continuamente meter asesinatos, persecuciones, giros de trama o de personaje, para que no sea lenta. A mi parecer, que sea lenta no quiere decir que sea mala, lo que debemos preguntarnos es por qué no somos capaces de ver ese tipo de películas.

Por todo lo anterior, animo a recapacitar a la hora de elegir qué ver en las plataformas para no caer siempre en el mismo tipo de piezas y, sobretodo, ir al cine. Porque la magia de una sala podemos imitarla en casa, pero nunca será lo mismo y es mejor darse cuenta ahora y no cuando sea ya tarde y nuestra vida gire en torno al sedentarismo de un cojín desgastado.

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Un comentario

  1. Ir al cine no tiene precio y no se puede comparar con ver las películas en casa. Ir al cine es otra cosa: es un acto cultural y social. Gracias a Juan Heras por mantener encendida la llama de los Van Dick en tiempos difíciles.

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