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Carmen Bailón, la primera fisioterapeuta de la Seguridad Social en Salamanca

A sus casi 90 años Carmen José Bailón, referente en su época, reconoce que la edad “pasa y pesa” tras haber pasado toda una vida rompiendo los moldes

 

Fue al colegio Teresianas de Poveda, donde las clases eran solo femeninas. “Recuerdo que hice todas las trastadas posibles a las pobres monjas”, confiesa Carmen José Bailón, nacida en mayo de 1931 y quien, años más tarde, se convertiría en la primera fisioterapeuta de la Seguridad Social en Salamanca.

“Tenía una amiga que era igual que yo o peor, Pirula, las preparábamos finas. Llegó el punto que hiciéramos o no las pillerías todo nos lo cargaban a nosotras”, señala al tiempo que reconoce que estudiaba “poco” en su etapa más joven, cuando aún no había descubierto su pasión por las carreras sanitarias.

Hija de un funcionario de la Diputación Provincial y una ama de casa, tuvo una infancia muy feliz a pesar de la situación de guerra que tuvo que vivir siendo aún muy pequeña y de una enfermedad de pulmón que le robó “algunos años”.

Carmen Bailón, junto a sus padres y hermana.

Cuando acabó el colegio realizó el Servicio Social femenino a la vez que el bachiller y después dio el primer gran salto: estudió enfermería, puericultura y se sacó las oposiciones de enfermera. Fue destinada a Huelva, donde aprendió a bailar sevillanas y cogió destreza en su profesión y, una vez terminado el contrato, se fue a Vigo. “Doblé el mapa por la sencilla razón de que quería recorrer España, siempre he sido muy aventurera”, añade.

En la ciudad gallega conoció al que más tarde sería su marido, un marine de primera, con quien se carteó una vez se fue a Madrid para estudiar fisioterapia. “Me lie la manta a la cabeza porque de verlo en los hospitales me gustó el trabajo que hacían y cuando acabé me volví a mi tierra natal para ejercer”, destaca. En Salamanca marcó la diferencia abriendo camino en la profesión a muchas otras mujeres que llegaron detrás.“No pensé que estuviera haciendo nada especial, simplemente quería ser fisioterapeuta y puse todo mi empeño para conseguirlo”, relata.

Se casó en su ciudad natal aunque luego volvió a Vigo. Con una manera de ver la vida avanzada a su época, decidió irse de viaje de novios a Sudáfrica. “Fue espectacular, las cosas eran completamente diferentes y estaban súper adelantados a nosotros aunque pueda parecer lo contrario”, recuerda Carmen.

Quedó prendada de Ciudad del Cabo y allí ha vuelto varias veces a lo largo de sus casi 90 años aunque ha viajado por medio mundo y sus ojos han visto de todo.

“Así he pasado la vida. Me quedé viuda y volví a Salamanca, estuve unos meses trabajando en el hospital y me jubilé. He vivido entre Salamanca y Vigo. Los veranos me iba para allá a la playa y a ver a las amistades hasta que me hice mayor y se me quitaron las ganas de viajar”, señala nostálgica.

 

 

“Me di cuenta de que la edad pasaba y pesaba, de que no me apetecía estar sola y decidí irme una temporada a Madrid con mi familia. También me cansé de estar allí, regresé y debido a un par de achaques y la situación de pandemia decidí ingresar en la residencia CleceVitam San Antonio para estar cuidada y acompañada”, relata Carmen Bailón, una mujer que destaca por su optimismo y afán de superación y que ha logrado cumplir, pese a sus tiempos, con todas las metas que se ha ido marcando.

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