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Ley del silencio entre los clanes implicados en el tiroteo de Béjar

Los denunciantes no declaran en el juicio y el acusado niega los hechos

La ley de silencio se ha impuesto entre los clanes implicados en el tiroteo ocurrido el 8 de julio de 2020 por la noche en la calle Libertad de Béjar, entre dos familias gitanas enfrentadas por la custodia de un niño.

 

Este lunes comenzó el juicio en la Audiencia Provincial de Salamanca en el que el acusado, J.L.J.J., conocido como El Grillo, negó los hechos y las víctimas, pertenecientes al clan de los Mikima, no comparecieron para declarar sobre lo que en su día denunciaron ante la Policía Nacional.

Solo testificaron la mujer, el hermano y la cuñada de El Grillo, que incurrieron unos en algunas contradicciones,  otros cambiaron su declaración inicial ante la Policía y en otros casos ofrecieron explicaciones confusas sobre lo ocurrido.

Sí narró lo sucedido un testigo ajeno a los clanes, el que por entonces regentaba un kebab cercano al lugar de los hechos, y cuyo coche recibió el impacto de al menos, dos balas procedentes desde una zona elevada, por lo que reclama una indemnización de 980 euros por los daños ocasionados al turismo en el capó, una ventanilla y el volante.

Este testigo afirmó que vio al procesado disparar desde el balcón de su casa a los miembros del clan de los Mikima que acudieron para decirle que querían llevarse a su nieto, fruto de la relación entre un mikima y la hija de El Grillo.

Al poco de nacer dejaron la relación y el mikima se casó contra mujer, dejándole el hijo a El Grillo que acogió a su hija y a su nieto (que tiene seis años).

Desde el principio se produjeron roces entre ambos clanes (emparentados) y el 8 de julio de 2020 los Mikima (el padre del niño y el abuelo paterno del crío) fueron a casa de C.J.J., hermano de El Grillo, para advertirle de que iban a ir a buscar al niño. C.J.J. se fue al domicilio de su hermano para comunicárselo y cuando llegaron a la puerta del edificio El Grillo los recibió a tiros desde el balcón de su casa. El procesado lo niega y dice que estaba bajo los efectos del alcohol y que al sentir el barullo en la calle bajó y «vi un arma, la vi en el aire porque la llevaba uno de ellos, me agarré a ella y se disparó y me fui a mi casa. Luego empezaron a tirar piedras y botellas de cristal contra mi ventana y desde abajo nos voceaban», declaró ante el tribunal, pero no especificó quién llevaba el arma, cuando en su día denunció que era el abuelo paterno del niño.

Cuando la fiscal le dijo que dio positivo en la prueba de parafina que demostraba que había disparado un arma, declaró que sería por los restos del disparo que «se escapó» al bajar a la calle cuando forcejeó con el que, según su versión, llevaba el arma.

Sin embargo, algunos testigos, como el dueño del kebab, dijeron en su momento y reiteró este lunes en la vista oral, que fue El Grillo quien recibió a tiros desde su balcón (que no llegó a bajar a la calle) al padre de su nieto y al abuelo paterno, efectuando varios disparos, algunos de los cuales impactaron en su coche, que estaba aparcado en las inmediaciones.

Los destinatarios de esos disparos, que tras los hechos denunciaron al procesado, ahora no han acudido al juicio.

La fiscal pide para el procesado sendas penas de 7 años de prisión por dos delitos de tentativa de homicidio y otros dos años por tenencia ilícita de armas.

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