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La Vega: el Jardín de Salamanca

Los concursos de Jardines embellecían este barrio en Septiembre y, salvando las distancias, convertía a La Vega en algo parecido a los Patios Cordobeses

 

Entre 1930 y 1940 Salamanca experimentó el crecimiento demográfico mayor de su historia. Su población pasó de 46.867 en 1930 a 71.872 en 1940. La ciudad necesitaba una expansión y una de las consecuencias fue el nacimiento del barrio de La Vega.

Tras el crecimiento entre las décadas 40-50, el Estado fomenta por primera vez la construcción de viviendas sociales o protegidas, con la Ley 19-IV-1939, a través del Instituto Nacional de la Vivienda, en sucesivos planes nacionales desde 1940.

En 1945 se conoce la noticia de la probable construcción de un grupo de casas, con capacidad para 650 viviendas en terrenos de la carreta de Béjar. En agosto de 1947 se confirma la noticia. En 1948 se firma el proyecto definitivo y la construcción comienza en 1950.

Vista aérea de la superficie que ocupa en la actualidad el barrio de La Vega.
Vista aérea de la superficie que ocupa en la actualidad el barrio de La Vega.

José-Luis Martín menciona en Historia de Salamanca, volumen V, siglo Veinte que «en la memoria elaborada por el Colegio de Arquitectos de Salamanca: el colegio no cobra un duro porque realiza el proyecto como desinteresada y generosa aportación a la obra social de facilitar viviendas decorosas a las clases económicamente peor dotadas”.

Así nace el barrio de La Vega al otro lado del Tormes. «Los materiales de las casas eran pobres, los tejados auténticos campos de goteras, con acabados interiores que hoy calificaríamos de chabolismo deleznable»,  apunta José-Luis Martín. Las viviendas levantadas por la Obra Sindical del Hogar tenían mejor aspecto. Eran edificaciones unifamiliares y algunas adosadas, de dos plantas que se entregaron a recomendados. Todos los hogares fueron reformados con el tiempo y muestran el agradable aspecto que podemos contemplar hoy.

Una de las calles del barrio de La Vega.

Como barrio fundado durante la colonización de la dictadura, cuenta con una plaza e iglesia. Hay tres tipos de edificaciones: de una planta baja, de dos y bloques de edificios que se construyeron en la periferia. Es el barrio más parecido a la idea que se tiene de un pueblo. Antes del nacimiento de las viviendas el terreno eran campos de labranza.

Franco inaugura La Vega

La Virgen de la Vega fue inaugurado a las seis y media de la tarde el 7 de mayo de 1954 por el mismísimo Franco. Aprovechando su visita de tres días a Salamanca, fue invitado a inaugurar el barrio en persona.

Tradicionalmente se ha contado que el acto se desarrolló desde una tribuna levantada en medio de la plaza. El alcalde de Salamanca por entonces, Carlos Gutiérrez de Ceballos leía en voz alta el nombre de los charros que se convertirían en los primeros vecinos del barrio. Estos subieron a la tribuna y recibían las llaves de sus hogares de manos del propio Franco.

Uno de los bulevares de la plaza del Barrio de La Vega.

Pero vecinos del barrio como Clotilde Benito, explican que «había gente que ya vivía un poco tiempo antes de que fuese inaugurado». Es decir, la ceremonia de entrega de llaves podría “haber sido un teatro”. Además, las casas no estaban terminadas, solo unas pocas habían finalizado y necesitarían de más tiempo hasta que sus futuros inquilinos pudiesen ocuparlas. Franco pasó revista de aquellas que sí habían sido concluidas.

Operación vivienda

Los habitantes de La Vega no recibieron sus casas como propietarios, sino como inquilinos. Debían esperar varias décadas para ser propietarios. Esta particularidad supuso un problema, pues debían pagar todos los meses una especie de “hipoteca”. Al sufragarla entera, pasarían a ser propietarios. Pero si algún vecino decidía marcharse del barrio tenía que abandonar su casa perdiendo todo lo que hubiese depositado los meses que hubiese vivido allí.

Una vecina del barrio de La Vega riega su jardín.

La solución llegó en 1973, cuando los vecinos adquirieron la condición de propietarios. Uno de los principales responsables de este logro fue Antonio Hernández Pablo, presidente de la Asociación de Vecinos. En la reunión donde se concretaron los detalles acudieron el delegado provincial de la Vivienda, Ortega Jiménez, los miembros de la Asociación de Cabezas de Familia y también vecinos.

El desenlace fue que los inquilinos pasaban a ser propietarios y titulares de sus respectivas viviendas. Solo el Centro Cívico seguiría como propiedad del Ayuntamiento.

Particularidades

Fue un barrio obrero, pero con muchas singularidades. Los hombres dedicaban el día a trabajar, ya fuese en la albañilería, talleres metalúrgicos o en el ferrocarril. También había muchos policías municipales. Pero entre toda esta amalgama de labores, un número importante formaban parte de la falange. Estos ejercían un control estricto del barrio. Obligaban a los niños a inscribirse en el partido si querían participar en cualquier deporte federado.

Antes los propietarios edificaban en sus casas como gustaban, pero los vecinos decidieron que La Vega debía conservar su estilo arquitectónico particular, querían mantener su esencia de barrio único en Salamanca. Por ello solicitaron un plan de protección similar al del casco histórico. La iniciativa nació en 1994.

Dolores, Pepi y Feli, tres vecinas del barrio de La Vega. El marido de Feli ganó varios concursos de Jardines.
Dolores, Pepi y Feli, tres vecinas del barrio de La Vega. El marido de Feli ganó varios concursos de Jardines.

Este plan especial recibió el nombre de PERI. El objetivo era mantener desde la fisionomía de sus calles hasta la altura de las casas. Dicho plan protege: viviendas unifamiliares de dos plantas, mantenimiento del aspecto exterior de los edificios, la altura original de las casas, los patios ajardinados, los patios colectivos en el interior de las manzanas y el mobiliario urbano. Cualquier deterioro tiene que ser reproducido de la manera más fiel posible.

La importancia que le dieron a conservar sus jardines tiene un motivo. El barrio hoy día goza de jardines en plena calle que puede contemplar cualquier transeúnte. Antes tenían lugar durante las fiestas de la patrona entre el 2 al 9 de septiembre concursos de jardinería. Los vecinos competían por el mejor jardín a pie de calle.

Esta iniciativa nació de los residentes, pues cuando se planificó La Vega no existía el verde. La asociación de vecinos organizaba e impulsaba el concurso. Pero hoy la población de La Vega está muy envejecida y muchos de ellos no pueden cuidar sus jardines.

Los trofeos que lograban los ganadores de los concursos de jardines.

El ayuntamiento se comprometió a hacerse responsable, pero en estos últimos años solo han trabajado las avenidas principales, desamparando el resto de La Vega con sus jardines marchitos por culpa de la política de Salamanca. Prometen hacer una ciudad verde, sin embargo abandonan todos los barrios a su suerte en el aspecto ecológico.

La Vega difiere del resto de la capital. Donde las prisas y el estrés predomina, aquí solo hay espacio para la tranquilidad y la contemplación. Clotilde Benito habla de su barrio como un lugar «tranquilo, no hay ruidos, puedes salir a la calle tranquilamente. Nunca hay problemas. Tenemos nuestros jardines verdes y la relación entre los vecinos es agradable».

Uno de los grandes atractivos fue un día su Café Teatro. En los 70, 80 y 90 pasaron por él artistas como Spasmo, Maribel y Miguelón y el directo de cine Rodrigo Cortés. Los vecinos disfrutaban de estos espectáculos y salmantinos de todos los barrios acudían para contemplar estos eventos.

Tenemos testimonios del primer televisor de La Vega gracias al libro de Ramón Grande del Brío, que en su libro “Crónicas del barrio de Nuestra Señora de La Vega” dice que «el bar de Ezequiel disponía del único televisor en la década de 1960, convirtiéndose en un centro social». Pero su monopolio acabaría cuando Odonila compró otra televisión, compitiendo en atracción de espectadores.

Durante la alcaldía de Jesús Málaga

Fueron necesarias reformas en las viviendas. Las infraestructuras habían envejecido. El MOPU sufragó la reforma que ascendió a 50 millones de pesetas. Las casas estaban en buen estado por dentro, el deterioro venía del exterior. El mayor problema fueron los bloques, pues las casas de planta baja estaban mejor cuidadas.

En noviembre de 1983 el MOPU anunció la construcción de un recinto deportivo en el polígono del Tormes. «Se instalaron dos piscinas, una pista polideportiva descubierta, dos canchas de tenis, un circuito de footing, pistas de petanca, vestuarios y cafetería. Se presupuestó en 125 millones de pesetas» narra Jesús Málaga en su libro “Desde el balcón de la Plaza Mayor: Memorias de un alcalde”. Después se levantó un pabellón deportivo cubierto. El 29 de abril de 1987 se inauguró el nuevo pabellón con el nombre de Río Tormes.

La entrada a una vivienda del barrio de La Vega.

Salamanca al principio de la democracia sufría serios problemas en el suministro del agua, y La Vega no fue una excepción. No llegaba suficiente agua con la depuradora de Carbajosa. En verano bajaba la presión y había horas en las que el agua desaparecía en los pisos más altos. Como solución, se firmó un convenio entre el ayuntamiento y el MOPU donde se construiría una nueva clarificadora que abastecería a los dos márgenes del río.

La Vega, como casi todos los barrios de Salamanca, estaba bañada en barro cuando la democracia llegó. Durante el gobierno de Jesús Málaga se asfaltaron las calles y las viviendas fueron rehabilitadas con fondos del MOPU.

La cultura siempre fue importante en esta barriada. Durante las ferias y fiestas de 1982 se inauguró la nueva Casa de Cultura del barrio. Funcionó también como centro cívico. Esta casa de la cultura fue las primeras en funcionar en la ciudad y sirvió como modelo para las demás.

El centro de Salud de La Vega que comparte con San José y Tormes llegó en 1986. Recibió el nombre de “Casto Prieto Carrasco”, último alcalde democrático asesinado a principios de la Guerra Civil.

Antes y ahora

Muy pocos niños se observan hoy por el barrio, la población de La Vega está envejecida. Pero en la década de los cincuenta los niños se las ingeniaban para divertirse. Algunos cazaban aves rapaces. Marchaban al recinto del Campo de Tiro, donde los adultos practicaban el tiro al pichón. «Los niños, agazapados tras la tapia del recinto, aprovechaban para capturar aves heridas por los disparos», asegura Ramón Grande. Las víctimas tenían su propio destino, la cazuela. Era época de penurias y contribuciones como estas eran agradecidas en las familias que peor lo pasaban.

Los pequeños comercios han desaparecido del barrio, solo algunos perviven, entre los que destacan muchos bares. Las grandes superficies fue un golpe decisivo para las antiguas tiendas. Además, muchos eran negocios familiares que no consiguieron transmitir su oficio a sus hijos.

El campanario de la iglesia del barrio de La Vega.

Los descendientes de los primeros colonos mantienen una buena relación. Con la fundación del barrio surgió un espíritu vecinal que cuidaron durante décadas a través de la asociación de vecinos y actividades colectivas. Pero hoy muchos residentes no proceden de los originales, provocando una disolución de esa alma colectiva que engendraron a través de los concursos de jardines y el café teatro.

Hoy la Vega atesora una de las mejores vistas de la ciudad. Sus habitantes son mayoría ancianos que disfrutan de la tranquilidad sentados en los bancos. Pasear por sus calles es disfrutar del sosiego y la paz, pudiendo contemplar jardines que vivieron épocas mejores, pero que tal vez pronto resurjan con más vida que nunca.

Para ver la galería de imágenes, sigue la flecha.

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Por: David García – Cervigón Romero de Ávila

Bibliografía.

  • Desde el balcón de la plaza mayor, memorias de un alcalde. Jesús Málaga
  • Historia de Salamanca, volumen V, siglo XX. José-Luis Martín
  • Crónicas del Barrio de Nuestra Señora de la Vega. Ramón Grande del Brío

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2 comentarios

  1. Demasiado político el reportaje, muy del PSOE. La pena es que el bario y alrededores como el Tormes están abandonados por parte del ayuntamiento, los barrederos no barren entre las calles de dentro y las zonas verdes (ahora secas) que no cuidan los vecinos o la persona que tienen contratada los vecinos no ven a los jardineros ni en pintura. Abandono total pasotismo de la cuadrilla de jardineros que no pegan un palo al agua. Muchos vecinos decimos que de mayor queremos ser jardineros.

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