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Manías y curiosidades de los rostros conocidos que suben a los taxis salmantinos

El gremio de los taxistas vive cada día situaciones particulares. Objetos poco comunes olvidados en vehículos hasta conversaciones incómodas

El trabajo de taxista es de los oficios donde uno puede encontrarse más frecuentemente ante situaciones particulares o raras, incluso desagradables. Todos ellos han vivido sus anécdotas y las comparten

Por: David García – Cervigón Romero de Ávila

Dedicarse a transportar personas les predispone con mayor facilidad a toparse con famosos que soliciten sus servicios. A veces, no son encuentros directos con alguien reconocido, pero sí un familiar de estos, como es el caso de Fede Almaraz, quien tuvo que recoger al abuelo de Rodri Hernández, jugador de fútbol de la selección española.

Rodri Hernández.

José Luís del Brío, taxista charro, confiesa que una vez subió alcoche a Antonio Canales, famoso bailaor. Otros han tenido varios encuentros con renombrados personajes. El taxista Marcelino Pérezfue solicitado por ni más ni menos que el famoso jugador de fútbol Schuster, ex del Real Madrid y otros tantos equipos. Pero también tuvo un encuentro con el actor Millán Salcedo, intérprete en Martes y Trece.

Otras celebrities que han subido en taxis salmantinos han sido Paco Camino, Sergio Vestibal, Juan Echanove, Teo Carralda y Charo López. Es probable que muchos más hayan circulado en los taxis de la capital charra, pero a veces pasan inadvertidos por los conductores que les trasportan por las bellas y antiguas calles de Salamanca.

Antonio Canales.

Multitud de situaciones han experimentado estos conductores. Fede Almaraz cuenta hasta tres momentos graciosos. El primero, cuando un hombre de más de 40 años comenzó a hablarle sobre tiktok. «Es curioso que alguien de esta edad te hable de este tipo de aplicaciones. También comentó que la abuela de un amigo suyo tenía mil seguidores en la app. Resulta gracioso», dijo Fede Almaraz.

La segunda, más excéntrica, hace referencia a un servicio que solicitó un chico de 22 años. «Como si nada me dice que era virgen y que desde la pandemia había decidido salir de fiesta para ver si así conseguía ligar», comentó Fede Almaraz. La tercera ocurrió cuando tuvo que transportar a una mujer embarazada al hospital durante el confinamiento, Fede Almaraz explica que «tenía que parar cada dos metros para que vomitase, tenía náuseas. Ningún vehículo circulaba esos días, al menos no molestamos a nadie».

Javier Sánchez sufrió la ira de una chica que le chillaba al subir al vehículo. «Estaba bebida y me gritaba. Sus amigas la mandaron callar, pero seguía. No quería bajarse cuando se lo pedí. La policía que estaba justo al lado, afortunadamente, se ocuparon del incidente», dijo Javier Sánchez.

El precio a veces da lugar a discusiones. Jorge Martín explica un caso al uso: «Tenemos una tarifa mínima. Cuando la señora vio que le cobré más de lo que marcaba el sistema, se enfadó. Le expliqué que el viaje había sido corto, por ello se aplicaba el mínimo. Insistió en que la engañaba, que ella cogía taxis todos los días y eso era mentira. Esto último fue lo más inverosímil».

Fernando Sánchez se sorprendió cuando descubrió en los asientos de atrás tres pares de zapatos. Las chicas que habían bajado del taxi estaban bebidas y todas olvidaron su calzado en el interior del vehículo. Perder objetos personales en los taxis parece común, pues Víctor Chaves ha llegado a encontrar muletas e incluso una dentadura en el vehículo.

Un día, en una despedida de solteros estaban ansiosos por continuar la juerga. Contactaron con Marcelino Pérez, taxista salmantino. Este procuró buscarles un garito, pero eran horas intempestivas y todos estaban cerrados. «Acabamos en Valladolid. Ellos consiguieron lo que querían, proseguir la fiesta y yo hice una buena carrera», dijo Marcelino Pérez.

Estos conductores también conocen nuestras particularidades a la hora de subir a un taxi, y todos arrojan los mismos testimonios. Destacan nuestras manías de pedir que enciendan el aire acondicionado y después bajamos la ventanilla. La típica petición de pedir que cambien la emisora o que la apaguen directamente, aunque para ellos no supone ningún problema, «en nuestras normas los clientes pueden elegir la música», asegura Marcelino Pérez.

Pero la que más les incomoda, y en la que más están de acuerdo es sobre nuestra paranoia de que nos llevan por el camino más largo para desplumarnos. Marcelino Pérez explica que «tienen mucha manía para elegir el recorrido aunque estén equivocados. Puede que cambien las calles y nazcan trayectos más cortos, pero ellos prefieren ir por el tradicional porque sino sienten que les estafamos», concluye.

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