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«La base de todo proceso es escuchar, pero esta sociedad no se detiene»

Moncho Campos, responsable del Teléfono de la Esperanza en Salamanca

Su risa franca y directa es reconfortante. Moncho Campos habla desde dentro, con una suavidad que descoloca. Escucha mucho y deja que el de enfrente se exprese. En este caso, preguntamos y el responde para contarnos cómo andamos de salud mental, de inteligencia emocional, de fracasos, de éxitos y confiesa que si somos voluntarios recibiremos más amor del que damos. Todo ello, con un café de por medio

Moncho. ¿Es bueno que se hable de la salud mental?
(Silencio) El concepto que teníamos de la salud mental hasta hace unos años era cuando uno estaba loco, loco y había que internarlo. Estaba desahuciado.

¿De qué años estamos hablando?
Hasta los ochenta, noventa,…

¿El concepto de salud mental ha cambiado en estas décadas?
Sí. Ha cambiado en cuanto a concepción, en lo que se entiende ahora por salud mental, porque han cambiado los tratamientos y la percepción social. Si tengo una enfermedad mental acudo al psicólogo o psiquiatra con toda normalidad como lo hacemos al dentista. También han cambiado los objetivos. Pero, todavía hay un cierto resquemor a no comunicar los pensamientos suicidas.

Entonces, ¿por qué está tan de actualidad la salud mental?
Los procesos sociales y cambios de mentalidad son muy lentos, casi van por generaciones. Estamos cambiando, pero no del todo. Todavía hay mucho de: ‘que no se entere nadie’; ‘no sé si será salud mental’; ‘no sé si será depresión’… Estamos cambiado a positivo la conciencia social, pero todavía no del todo.

¿Los jóvenes son más empáticos?
Sí. Las nuevas generaciones son más propensas a aceptar que tienen una enfermedad mental, una angustia, un sinsentido, una falta de valores o pensamientos suicidas. Los jóvenes tienen menos miedo a manifestarlo y eso es muy bueno. Quizá los adultos tienen ese ‘que no se enteren’.

Hablaba antes del suicidio. ¿Las tentativas suicidas las podemos diagnosticar como una enfermedad mental?
No del todo. Más bien los procesos suicidas o en curso o en pensamiento, se deben a situaciones anteriores negativas. Por ejemplo: las personas no quieren sufrir y es uno de los motivos que llevan al suicidio.

¿Y el dolor?
No quieren tener dolor.

¿Físicos y psíquicos?
Los dos. A nosotros, en el Teléfono de la Esperanza cuando nos plantean pensamientos suicidas son dolores psicológicos, no están bien, han fracasado en la vida, tiene problemas en el matrimonio,… y no quieren sufrir. Te dicen: ‘Para mí esto no es vida. He decidido acabar mi vida porque estoy sufriendo, lo estoy pasando mal’. No piensan en que con esa actuación van a hacer sufrir a los que dejan. Cuando se lo planteas, lo piensan.También tenemos a personas que dicen: ‘Ni lo he pensado, ni me interesa. Allá ellos’.

¡Qué egoístas!
Lo tienen decidido.

Moncho Campos, promotor y coordinador de los cursos que se imparten en el Teléfono de la Esperanza en Salamanca.

¿Por qué nos da tanto miedo fracasar?
Psicológicamente el tema del fracaso es muy relativo, igual que el éxito. Socialmente hay unas convicciones que sí tú te sientes realizado en tu trabajo, amado, no tienes problemas familiares, tu situación económica es normal,… hay personas que se sienten bien, son felices, tienen todo a lo que han podido aspirar. La sensación de fracaso va muy unido al estamento social y el fracaso influye directamente en los pensamientos suicidas.

¿Cómo salimos de ahí?
El trabajo de los psicólogos o nosotros desde el Teléfono de la Esperanza no es dar consejos, no es decir. ‘tú tienes que hacer esto’. Es que la persona llegue a descubrir que lo que tiene que hacer, lo puede hacer poco a poco.

El éxito y el fracaso está dentro de nosotros…
¡Claro! Te ayuda la familia, te ayuda la sociedad,.. pero tienes que pedir ayuda. Hay mucho silencio. Por ejemplo hay personas que nos llaman al Teléfono de la Esperanza y nos dicen que lo que nos están contando, no lo habían hablado con nadie.

¿Cuando escuchan algo así, no tienen sensación de que algo no se está haciendo bien en la educación emocional?
Nosotros estamos del otro lado. Constatamos siempre que el ambiente familiar, la influencia educativa,.. ha condicionado la situación de esa persona.

¿Eso es cierto?
¡Ojalá que todas las personas tuvieran un proceso educativo, una familia, aunque sea de acogida, Ojalá! Eso les evitaría muchas enfermedades mentales. Pensad en los chicos de protección de menores o de familias desestructuradas llegan a delinquir porque no han tenido una educación ambiental afectiva, con salidas en la sociedad, en definitiva, no les han apoyado, ni ayudado y se encuentran solos. Nosotros tenemos que darle una serie de recursos que él o ella puedan sacar dentro de sí, para solucionar sus cosas.

¿Qué pasa una vez que cuelgan el teléfono?
Tenemos terapias para distanciarnos. La actitud de la distancia es importantísima.

Moncho Campos, promotor y coordinador de los cursos que se imparten en el Teléfono de la Esperanza en Salamanca.

¿Sería importante que en los centros educativos estuviera más activa la educación psicológica?
De hecho ya se está dando y planteando dar inteligencia emocional y también inteligencia espiritual. Se está dando ese acompañamiento desde pequeños que es básico.

Moncho explique esto.
Cuando a un niño se le muere un abuelo, llega el padre y le dice que hay una enfermedad muy grave y el abuelo ha muerto de cáncer. El niño no le pregunta de qué ha muerto, le pregunta por qué se ha muerto, a dónde va, cuál es el sentido de la vida,… Si tenemos claro ese sentido de la vida, ayuda a situarnos en la sociedad y a evitar muchas enfermedades mentales.

Cierto que muchas enfermedades mentales tienen un sostén físico, biológico,.. o bien heredado o por consecuencia de una mala vida que se ha llegado. El proceso biológico está ahí y se puede tratar más fácilmente. Pero, las causas psicológicas de las enfermedades mentales son las que hay que trabajar, las que tenemos que acompañar, educar,… se está haciendo. En el Teléfono de la Esperanza damos muchos cursos y estamos muy contentos porque se están llenando todos, más con mujeres que con hombres.

Somos más valientes nosotras.
No quiere decir que los hombres no tengamos la inteligencia emocional, pero… socialmente hay algo que les impide ir.

A los hombre les ha hecho mucho daño la frase: ‘Los hombres no pueden llorar’.
Sí. Van entrando, pero estos temas les cuestan mucho. No tenemos ningún hombre joven, si alguno va es por hacer prácticas de sus carreras. La mayoría de hombres que participan ya son jubilados.

Sorprende, porque esos hombres no han recibido una educación emocional.
Sí y además la necesitan menos, porque el espacio de vida que les queda es menor que los jóvenes, que podrían beneficiarse más y evitar muchas enfermedades mentales. Las mujeres sois maravillosas y cuando vienen los hombres, les hablan todas y los aceptan muy bien.

¿Necesitamos hablar?
Hablar y comunicarnos. Pero, lo que necesitamos es que nos escuchen. Cuando hablamos, racionalizamos los problemas, los contamos y sentimos la empatia de una persona que nos está escuchando y llegamos a comprender lo que nos pasa y a la solución. Todas las personas, o casi todas, sabemos lo que tenemos que hacer, nos falta el impulso para hacerlo, las circunstancias y el hecho de hablar nos ayuda a encontrar la solución.

Moncho Campos, promotor y coordinador de los cursos que se imparten en el Teléfono de la Esperanza en Salamanca.

¿Puede ser que no nos escuchan y tampoco nos escuchamos?
Exactamente. Es fundamental para el tema de la autoestima, de la inteligencia emocional y de conocimiento de sí mismo se trabaja mucho todas las técnicas de meditación, silencio, yoga, zen,… para escucharte a ti mismo. Dedícate tiempo a escucharte en silencio. Es la base de todo proceso, pero esta sociedad no se para, no se detiene, no tenemos tiempo para escuchar.

Son diez minutos.
Pues ni eso tenemos. Lo cierto es que cuando comienzan a meditar, a pasear,… cada vez le gusta más y cada vez se van encontrando mejor. Hay un libro de Pablo d’Ors que se llama ‘Biografía del silencio’. Te va explicando su experiencia de meditación, de silencio,… lo hace una claridad impresionante.

¿Nos puede asustar qué nos podemos contar?
(Silencio) Sí, sobre todo cuando no estamos habituados a estos temas de la psicología. Trabajamos más el trabajo, lo de cada día,… De hecho, cuando hemos tenido alguna pareja y le decimos que tiene que venir con su marido, suelen contestarnos que no creen en los psicólogos. En el fondo, lo que ocurre es que se temen a sí mismos. Hay mucho miedo. No hay que tener miedo a contarlo. Nosotros tenemos mucha experiencia en el Teléfono de la Esperanza con una conversación, aunque tengan depresiones o fases esquizoides y te digan cosas terribles, cuando se ha expresado ha quedado más relajado, te dan las gracias. No tener miedo a escuchar y acompañar. Todos podemos ayudar, hacer un voluntariado, porque es un modo de amar y recibes más de lo que das.

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