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Da su última nota, la mítica tienda de discos de Salamanca

Long Play pone fin a una era musical en Salamanca

La última tienda de música de referencia en toda Salamanca cierra sus puertas, aunque seguirá con venta online. Hablamos de Long Play. Raro es el salmantino que no ha comprado un disco, CD o cassette en esta tienda, preguntado por alguna novedad o haya ido a buscar ese repuesto para su equipo que no encontraba en ningún sitio. Carmen Palacios nos deja husmear…

Por. Lucía Almaraz

La mítica tienda de música, debido a su amplio catálogo y emplazamiento céntrico, lleva más de 30 años brindando la mejor música a los salmantinos y a los turistas de la ciudad. Pone fin a una gran era, en la que se han vendido los mejores éxitos de los mejores artistas y grupos del pop, rock, flamenco,… de las listas de éxitos de nuestro país y del resto del planeta, porque la música no tiene fronteras.

No sólo ha sido un punto de venta de cintas de cassettes, vinilos y CD`s, desde hace años viene siendo una empresa enfocada al público y dando acceso a la venta de entradas para conciertos o sirviendo de punto de información de los mismos. Carmen Palacios y su hermano han sido pioneros en la promoción de artículos, tanto de sonido como iluminación profesional.

El interior de Long Play, la tienda de música de Salamanca.

“Aquí le compré mi primer CD a una novia”, comparte Vicente García, uno de los clientes de Long Play.

Nada más entrar a la tienda se siente la música y la pasión de sus vendedores. Este ambiente ha hecho que muchos salmantinos tuvieran la confianza para pedirle consejos sobre música o grupos, sobre todo cuando esos artistas no eran muy conocidos. También se han dejado aconsejar muchos negocios de ocio nocturno y DJ -o pinchadiscos-. “Muchos de ellos reservaban sus discos antes, incluso de que salieran a la venta”, explica M. Carmen Palacios, una de las dueñas.

La actualidad se ha visto truncada por las nuevas apps y tecnologías que dan un acceso rápido y directo a los contenidos musicales. “Todo ha cambiado. Recuerdo que cuando comenzamos se regalaban discos y era uno de los mejores regalos”, añade M. Carmen Palacios. Pese a ello, siguen intentando que el negocio continúe a flote, ofreciendo, con una gran sonrisa, novedades y pretendiendo representar a prestigiosas marcas.

¿Cuál es el motivo de cierre?
Pues es la última tienda de discos que queda en Salamanca. Es por jubilación. También, porque ya no hay nada. Somos dos socios, mi hermano y yo. Yo me encargo de la parte de música y él de equipos. Ahora, él llevará también la tienda por internet, pero no tendremos una sede física.

Para las nuevas generaciones que no hemos conocido el esplendor de las tiendas de discos. ¿Cómo ha sido la evolución de la música?
La evolución más grande es que ahora hay muchos grupos. Todo se edita y sale todo. Hay más grupos, se atreven con todo, muchos géneros; cada día surgen nuevos. Actualmente, la música se consume digital, ya no se compran discos, CDs,…

¿A los salmantinos les gustaba venir?
Sí sí… Hemos vendido mucho. Además, los jóvenes han sido nuestros principales clientes. Es una pena haber liquidado en agosto y no en octubre que es cuando está nuestro público. He vendido a padres, hijos… A todos.

¿Cuál ha sido el punto de ventas más alto?
Cuando más se vende es en Navidad, el ultimo trimestre del año es el mejor. Es cuando salían todas las novedades y se regalaba música. Antes se regalaba música. (Risas)

Claro, ahora con las tecnologías es más complicado.
Sí. Era un placer. Regalar un disco era muy especial. Creo que cuando te regalan un disco siempre vas a recordar quién te lo entregó. Además, pienso que es el único patrimonio que tenemos, uno de los más personales, junto con los libros.

El interior de Long Play, la tienda de música de Salamanca.

¿Recuerda algún disco que fuera el ‘boom’ y se vendió en gran medida?
Recuerdo en verano los de éxitos, como El Caribe; el disco estrella, se vendían en gran medida, porque claro también consumían mucho los estudiantes extranjeros, entonces igual se pedían 500 del Caribe Mix. Todos esos discos, en verano, era cuando más cantidad se vendían.

¿Solían reservarse?
Sí, mucho. Eso se ha hecho hasta hace poco. Ayer mismo vino un chico y me dio pena. Además, ahora se enteran antes de que va a salir tal o cual trabajo y venían a reservarlo para cuando saliera ya tenerlo.

Entre sus clientes, ¿se encontraban los bares?
Sí. Cuando nosotros empezamos terminaba el vinilo y empezaba el CD, entonces uno de nuestros éxitos fue el vender a bares, tanto los CDs como el aparato. Consumían mucho, conocíamos a todos los Dj, probaban y decían: “Este me lo llevo; este no o si viene tal me avisas”… Era un mundillo muy bonito, muy ágil, muy rápido.

El escaparate de Long Play.

Respecto a las firmas de discos, ¿han tenido alguna que recuerde?
Sí. Malú vino cuando era una niña. Tenía 17 años, con su primer disco Aprendiz; Fue la primera firma que tuvimos. También firmaron en Long Play Ella baila sola, vinieron los de Operación Triunfo, que recuerde yo Vega, Fito, La Fuga…

¿En qué puede verse que haya cambiado el contexto musical, de los 80-90 al actual?
Pienso que entonces la música se disfrutaba más. Creo que en la actualidad la música se consume, no se disfruta de ella. Ahora se escuchan las canciones, la música va muy rápida. Antes un disco te podía durar meses para venderlo, un disco era largo; Ahora es muy rápido, sale el disco y se vende ya, caduca enseguida, tiene un recorrido corto. De hecho, la música de los 70, 80 o 90, esas décadas tienen música de la que todavía se sigue tirando, sobre todo los vinilos de esa época.

Finalmente, ¿Qué recuerdos guardará usted de aquí?
Ha sido muy bonito. Era una ilusión lo de trabajar en una tienda de discos, el contacto con el público, la juventud… Mucho, mucho, ha sido muy agradable. He disfrutado mucho y yo creo que ha sido el mejor trabajo que podía haber hecho.

¡Qué bonito!
Sí, muy bonito. El de la música es un gran mundo.

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