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Del desierto al campus Unamuno

El Proyecto Madrasa es una de las organizaciones que da la posibilidad de que miles de niños y niñas del Sáhara puedan estudiar cada año

Un viaje por el Sáhara, la arena, el sol… pero, ¿qué pasa en las aulas? La educación en este escenario es similar a España, consta de dos etapas obligatorias, dos opcionales y la universitaria, esta última se realiza en Argelia.

Por. Lucía Almaraz

Naama Abdelkader es una de las niñas saharauis que gracias al Proyecto Madrasa vino con tan sólo siete años a España y con 11 años se quedó a estudiar. A sus 21 años está terminando ADE en la Universidad de Salamanca.

“Una de las cosas que aborrezco de la educación en los campamentos es que los profesores pueden imponer castigos físicos, cosa que más de una vez me tocó ya que siempre llegaba tarde. Si llegabas tarde te quedabas en el patio haciendo el castigo que el profesor te imponía o te daban golpes con la vara en las manos, que evidentemente, traías frías por las bajas temperaturas invernales”.

Otro de los castigos típicos, aunque solo en las primeras etapas, se basaba en que: si no sabías leer o escribir, utilizaban un folio en el que apuntaban tu nombre y apellidos, y debajo ponían “es un burro”. Seguidamente te iban paseando por las clases para que todos lo supieran. “A día de hoy, hay menos castigos ya que yo hablo de cuando estudiaba allí, es decir, antes del 2010. Un motivo por el cual castigaban a las chicas es que allí está prohibido ir a clase con pendientes llamativos, con las uñas largas o pintadas o sin llevar los peinados que se exigen”, explica Naama Abdelkader.

Piedad de la Calle, madre de acogida de Naama, apunta que las familias de acogida “debemos darnos cuenta de que un niño saharaui debe seguir estando vinculado con sus raíces, su cultura, su religión… Es fundamental que para ello se tenga un contacto periódico y continuo con sus familias biológicas y se proporcione los medios que se tengan para que los niños se encuentren como en casa”.

En este sentido, Naama Abdelkaler cuenta su experiencia y señala que en ningún momento, “dejé de sentirme en familia, es verdad que era otra familia, pero seguía existiendo el concepto de familia. Y, como a todo el mundo cuesta adaptarse, a los horarios, el colegio, las normas… pero al fin y al cabo como sabías que era algo bueno hacías el esfuerzo. Pero merece la pena y es necesario”.

Programa Madrasa

El Programa Madrasa es un proyecto educativo que se construye desde la convicción de que todas las personas, también los que sufren por las guerras o los desplazamientos, tengan derecho a la educación, y a un desarrollo profesional que les permita labrarse un proyecto de vida, y que al mismo tiempo sea solidario para con la comunidad.

Madrasa facilita que jóvenes saharauis, procedentes de los campos de refugiados de Argelia, estudien en España. Sin olvidar sus raíces, el programa facilita a los alumnos saharauis apoyos extraescolares de lengua y cultura saharaui, de modo que durante el curso escolar no se desvinculen de su cultura y el arraigo con su cultura, pueblo y familias.

“La idea principal es darles una oportunidad a los muchos niños y niñas que, al acabar sus estudios de primaria en los campamentos, puedan optar por la posibilidad de salir de esas condiciones tan precarias y también formarse”, explica Jesús Merino Prieto, presidente de la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Palencia.

Una emotiva despedida en la estación el pasado mes de julio.

En casi todos los casos, los jóvenes que se embarcan en este proyecto sufren un shock y les cuesta bastante trabajo adaptarse. Pasan por un cambio muy drástico, tanto a nivel de vida como en el ámbito educativo.

Se trata de un proceso complejo, en casi todos los casos. Los más pequeños se puede ver afectados de manera emocional ante el abandono de su vida anterior, sus costumbres, familia o amigos, pero, llegará un punto en el que la nueva situación sea su realidad pudiéndose adaptar finalmente.

Una vez que llegan a España, casi siempre la primera vez es con Vacaciones en Paz, tienen la posibilidad de integrarse en una cultura totalmente opuesta y que les aporta una nueva visión más amplia del mundo, pudiendo crear nuevos lazos afectivos. Ese primer contacto es clave para su desarrollo, pues se verá reflejado en su día a día y en el entorno educativo.

Trámites

Cuando un niño/a saharaui cumple la mayoría de edad (18 años), deben “renovar” todos sus documentos para poder seguir viniendo o residiendo en España. Una traba más que deben solventar. También, se les debe “garantizar” la manutención y la residencia por parte de la familia de acogida, y deben hacerse un seguro médico garantizando por la familia de acogida y, por último, ellos deben alegar que le siguen amparando.

Por otro lado, cuando estos niños forman parte del Proyecto Madrasa cada uno tiene un número de identificación por el cual se les prohíbe trabajar. Surge una pregunta: ¿Cómo se pasa de ser un niño madrasa a un inmigrante en busca de vida laboral? Cuando el niño ha finalizado sus estudios debe dejar de formar parte de Madrasa si desea adentrarse en el mundo laboral, para ello debe hacerse una tarjeta de extranjero, algo que resulta muy complejo.

Es bastante difícil que estas personas logren trabajar, es uno de los pasos más complicados para estos niños, casi más que dejar su tierra y raíces atrás. El cambio a tarjeta de residente es tan brusco y tan difícil de lograr que muchos de esos niños que vinieron creen que su esfuerzo ha sido en vano.

“Pensábamos que tras el parón del Covid no se iba a poder retomar ninguno de los dos programas, pero una vez más la sociedad española ha demostrado su apoyo al pueblo saharaui. Yo creo que es un programa bastante bueno para las dos partes, el saber cómo es la vida de ahí, nuestro esfuerzo… es enriquecedor y tiene mucho futuro”, añade Naama Abdelkaler.

Vacaciones en Paz

Para alguno de estos niños venir a España o a otro país supone optar a una educación diferente y en ocasiones con mayor diversidad. Muchos de los jóvenes, la primera vez que pisan España es gracias a Vacaciones en Paz. Este programa consiste en el acogimiento durante los meses de julio y agosto de niños y niñas saharauis por familias españolas. El objetivo principal de dicho programa es posibilitar a los niños saharauis de los campamentos de refugiados salir de las duras condiciones en las que viven y alejarles de las altas temperaturas del desierto argelino, que en verano alcanzan hasta los 50º C.

Los niños recién llegados a Salamanca el pasado mes de julio.

Además, los campamentos cuentan con unos nefastos reconocimientos y tratamientos médicos. Así, de este modo, el pasar un tiempo con familias españolas les proporciona un equilibrio alimenticio que permite que sus cuerpos recuperen los niveles necesarios de nutrientes. Otro objetivo de VEP (Vacaciones en Paz) es fomentar el aprendizaje del castellano, segundo idioma oficial de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática).

Educación en el Sáhara

La etapa de primaria da comienzo a los seis años de edad y consta de cinco ciclos. Aquí se imparten asignaturas que van desde lengua, matemáticas, historia, ciencias o educación física, que se conocen como más comunes, hasta árabe o religión islámica.

Respecto al horario es diferente en la etapa de primaria respecto a la de secundaria. Generalmente se entra a las 08.00 horas, cantan el himno nacional, y al mismo tiempo izan la bandera. Se sale a las 13.00 y se vuelve a las 15.00 horas, finalizando las clases a las 19.00 horas después de arriar la bandera.

Llegados al punto de 5º de primaria se realiza una prueba de acceso al séptimo curso o etapa secundaria. Esta etapa es desarrollada en un centro diferente y consta de cuatro cursos (de séptimo a décimo). Se cuenta con un mayor número de asignaturas, y a parte de las que se tenían en primaria, se comienza a impartir física y química, laboratorio, francés e inglés. En secundaria ya no se tiene clase por las tardes. Después de finalizar el décimo curso, los alumnos se enfrentan a otra prueba por la que podrán entrar al bachillerato.

Cuando esta prueba es apta, los jóvenes dejan los campamentos de refugiados y su nuevo rumbo apunta hacia Argelia, pues en los campamentos no hay medios para efectuar un bachillerato o la formación universitaria. En Argelia se cursan los dos años de bachillerato y un año preparatorio para la selectividad, cuando todo esto se supera se accede al ámbito universitario para realizar la carrera que se haya seleccionado.

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