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Peluquero de día, salsero de noche

Llegó a Salamanca porque su madre vivía en la ciudad, pero ahora su progenitora se ha marchado a República Dominica, su país, y él prefirió quedarse aquí.

Estudia una especialidad sanitaria, pero para ganarse la vida comenzó dando clases de baile y conoció a una persona que era peluquero. Un día, el peluquero le preguntó quién le cortaba el pelo, y Juan Castro le respondió que él mismo. “Mi amigo me dijo que debía aprovechar el talento que tenía en las manos y así comencé”, comenta Castro.

Juan Castro ejerciendo su trabajo como peluquero en La Barbería situada en la Avenida de Ledesma, 25.

El paso a montar su propio negocio no fue tan sencillo. “Primero cortaba el pelo a domicilio y después me decidí a abrir la Barbería, aunque no ha sido nada sencillo, porque la burocracia en España es terrible. Mira, lo que en mi país se haría en 24 horas aquí casi se tardan 24 meses”, comenta en broma y en serio Castro.

Estudió a la competencia y comprobó que en Salamanca no existían barberías clásicas de afeitar, “el oficio de barbero de toda la vida, como las hay en mi país donde todo corte lleva también el cuidado de la barba”, matiza Castro.

P. ¿Con la nueva moda de los ‘hipsters’ (chicos con barba) ha visto crecer el negocio?

R. Sí, porque son hombres que cuidan mucho su barba. Hay que lavarla bien, hay que perfilarla,… La barba hay que cuidarla más que el cabello, porque para tenerla bien cuidada hay que venir al barbero una vez a la semana.

La música que suena en su Barbería es salsa, bachata, rumba, merengue,.. ritmos muy ‘calentitos’. Y es que Juan Castro es peluquero de día y profesor de baile de noche. “Por el baile comenzó todo”.

Juan Castro con su grupo de baile latino. Imparte clases en la Asociación Zoes.

“Me hice profesor a terror”, se ríe. “¿Cómo?”, preguntamos. “Sí a terror, que decimos en mi país. Yo bailaba en la discoteca y me vio la dueña de una academia. Me preguntó si me gustaría dar clases de baile y yo le dije que sí”.

P. ¿Usted no le dice a nada que no?

R. No, lo que no sé lo aprendo. Al trabajo no le diría nunca que no.

 

P. ¿Bailaba en su país?

R. Nada, yo vengo de bailar a mi bola.

P. ¿Y cómo fue la primera clase en la academia?

R. La primera semana que me quería ir (risas). Me parecía que no servía para dar clases. Yo bailaba, pero enseñar es otra cosa. Mi jefa me pidió que siguiera y yo comencé a planificar la clase, a ver muchos vídeos y poco a poco fue soltándome. Gracias al baile he perdido el miedo al ridículo.

P. Y el ritmo, ¿le viene de serie?

R. (Risas) Yo sí tengo ritmo, pero no todos los habitantes de República Dominicana lo tienen. Mi hermano, por ejemplo, no sabe moverse.

P. ¿Los salmantinos tenemos ritmo?

R. Sí, por supuesto. Además, soy partidario de que todos tenemos ritmo, hay que buscarlo donde esté.

P. ¿Por qué recomienda el baile?

R. Porque te relaja, es ‘dispararse’ de todos los problemas cotidianos.

P. ¿Qué proyectos tiene de futuro?

R. Me gustaría terminar terminar mis estudios.

P. ¿Para quedarse aquí o para volver a su país?

R. No lo sé. Abrí la Barbería con el pensamiento de que me iba a funcionar y de momento, va bien, pero uno nunca sabe como va a desarrollarse la vida. Si continúan subiendo los impuestos, será difícil mantenerse, porque es un abuso.

 


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