La sagacidad de Lanzarote con el tema hizo del archivo hizo que una mayoría de salmantinos lo apoyasen sin cuestionarle su gestión. Las protestas populares por la subida de impuestos en su tercer mandato, las salvó con el archivo. En Salamanca durante veinte años no ha habido más política que la del archivo, nada interesaba, solamente los papeles que se iban a llevar los catalanes, papeles que habían sido incautados a instituciones y a particulares. Tengo referencias de militantes muy significativos del Partido Popular de que habían decidido que Julián Lanzarote no repitiera un cuarto mandato. Avisado de tal decisión, él y los suyos volvieron a reavivar el asunto del archivo, y los dirigentes del partido no tuvieron más remedio que volverle a presentar.
Los socialistas no teníamos nada que hacer en el asunto y se demostró cuando perdimos las elecciones y el Partido Popular gano por mayoría absoluta. Una vez más, el Gobierno socialista nos había hecho perder los comicios. La otra vez, cuando fue elegido Fernando Fernández de Trocóniz, el también Gobierno de Felipe González nos llevó a la oposición al empeñarse en construir el cementerio nuclear en las Arribes en plena campaña electoral para los comicios locales. Aquella tozudez llegó muy lejos, llegaron a secuestrar a nuestro compañero Luis Calvo Rengel y hubo momentos en los que temimos por su integridad física.
Recuerdo que en las encuestas realizadas por el Gobierno, previas a las elecciones municipales del 87, se obtenían unos resultados inexplicables. Íbamos a perder las elecciones con una calificación del alcalde cercana al 7. Se realizó una nueva muestra en la que a los que puntuaban bien al alcalde y pensaban votar por el Partido Popular se les pedía sus preferencias para desempeñar el cargo de alcalde, la contestación en la gran mayoría fue para Jesús Málaga. Al decirles que si todos iban a hacer lo mismo era fácil que Málaga perdiera las elecciones, todos contestaban que las tenía ganada y que su voto no iba a ser decisivo. El final ya lo conocemos, perdimos por trescientos votos, y Trocóniz fue alcalde durante cuatro años.
Los socialistas perdimos en aquellos comicios los Ayuntamientos de Zamora y Salamanca, la Diputación de Salamanca y la Junta de Castilla y León. Desde entonces nuestras siglas no se han vuelto a recuperar en esta región y provincia. El asunto del cementerio nuclear tuvo un final humillante para los socialistas salmantinos, zamoranos y, en general, para todos los castellano-leoneses. Al día siguiente de perder las elecciones Felipe González tuvo una reunión con Mario Soares. El líder socialista portugués le pidió que renunciara a la construcción del cementerio nuclear en las Arribes salmantinas. Los socialistas portugueses estaban teniendo contestación por la proximidad del cementerio nuclear español a la frontera. Felipe accedió, y cuarenta y ocho horas después de nuestra humillación en las urnas sufrimos una mayor al retirar el proyecto sin que nos consultaran antes ni después de tomar tan trascendentes decisiones.
Felipe González, al que admiro, ha visitado después varias veces Salamanca, pero nunca ha sacado la conversación sobre el asunto, tampoco nosotros la hemos puesto sobre la mesa. Sí lo ha hecho Alfonso Guerra, que ha reconocido ante algunos dirigentes del PSOE salmantino el error de aquellas acciones del Gobierno y su repercusión electoral. Creo que el presidente de ENRESA con el PSOE fue el gran culpable. Sin ideología, pedía fidelidad a los acuerdos que salían de su empresa, sin darse cuenta que estaba condenando al Partido Socialista de Castilla y León a la oposición durante largos años. Siempre le he considerado integrante de una quinta columna para minar al partido desde dentro.