Hace un año brotaron en las calles y plazas de Salamanca los macetones que tiene un coste aproximado de 3.000 euros. Algunos se retiraron de calles tan emblemáticas y bellas como Compañía y otros se fueron diseminando por el centro y el barrio del Oeste a petición de los vecinos.
Durante un tiempo, algunos de estos macetones sirvieron como 'papelera' improvisada para los viandantes que encontraron un 'hueco'. Los responsables de parques y jardines subsanaron este hecho colocando plantas pequeñas dentro de la planta para llenar el vacío.
Pero, hay algo que ya se denunció hace unos meses, el reguero que deja el agua al filtrarse por la tierra, pero sobre todo por el 'pie' de la maceta. El material metálico desprende residuos óxidos y deja el suelo con ríos 'tintos'.
Esos 'riachuelos' se ven alrededor de todos los macetones, pero con especial brío en las calles Arco, Sol Oriente y José Jauregui.
Es cierto que para que las plantas luzcan lozanas y bellas hay que regalarlas, pero todos los amantes de los tiestos conocen que para que no se les vaya el agua por el suelo del jardín, del salón o el alfeizar de la ventana es necesario ponerle un plato debajo. El que lucen los macetones de Salamanca solo es de adorno.
Unamuno se enamoró de la piedra de Villamayor que levanta los monumentos salmantinos con aquel verso de Oh, Salamanca, entre tus piedras de oro. Esperemos que no haya que repensarse el cambio del calificativo.
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