Era el año 1979. Gabriel Rodríguez y María Asunción Martín tenían un niño de dos años y una situación económica bajo la sombra del paro. En lugar de rendirse y con la ayuda de la familia, decidieron “liarse la manta a la cabeza” y quedarse con un pequeño quiosco. Lo que empezó como una solución de emergencia se ha convertido, 37 años después, en una vida entera dedicada al barrio.
Pasaron sus primeros 25 años en un local pequeñito justo enfrente de su ubicación actual. Hace 13 años cruzaron la acera al número 25 de la Avenida de Portugal, donde el negocio terminó de consagrarse. «Aquí creció todo», cuenta la dueña con una sonrisa de satisfacción. Explican que el barrio no ha cambiado mucho, pero que muchos de los clientes de siempre han fallecido, otros se mantienen fieles al quiosco y otros siguen de generación en generación: «Tenemos clientes que venían de niños a por chuches y ahora vienen con sus hijos, e incluso con sus nietos!».
La «Elena Francis» de la Avenida de Portugal
Pero un quiosquero es mucho más que alguien que vende prensa o gominolas. Asunción se ríe al recordarlo: «Yo siempre digo que esto es como ser Elena Francis». Y es que, como ocurre en las peluquerías, el mostrador del Kiosco Gabi ha sido el lugar donde muchos vecinos han ido a desahogarse. Y ese cariño es de ida y vuelta: cuando Gabriel tuvo un accidente, muchos de los clientes fueron a verle al hospital. Porque tras décadas de «buenos días», dejas de ser el quiosquero para ser parte de la familia.

El vértigo de «soltar»
No todo ha sido un camino de rosas. Son muchas horas y trabajo todos los días de lunes a domingo. Por eso, aunque tienen ganas de descansar, reconocen que les da un poco de vértigo. «Es el miedo a soltar lo que ha sido tu vida y no saber qué etapa empieza ahora», confiesan con sinceridad.

Gabriel y Asunción no quieren que se cierre el quiosco. Buscan a alguien con ganas que quiera quedarse con las llaves de este kiosco tan especial. Es un negocio que ya funciona, con su clientela fiel y ese famoso pan de Machacón que se vende cada día. Además, ahora hay ayudas institucionales para quienes se lancen a mantener vivos estos negocios de toda la vida. Los dueños resaltan que es la oportunidad perfecta para quien quiera seguir con un puesto tan especial como el que ofrece el Kiosco Gabi. Por eso se hace un llamamiento a todas las personas interesadas.
Hoy es Lunes de Aguas, y Gabriel y Asunción venden hornazo a los clientes, ellos se preparan para dejar el puesto y comenzar ese descanso más que merecido tras toda una vida de esfuerzo y dedicación.
Texto: Lara Arias Lordén















