Encontraron una nota dentro de una patata cocida

El Memorial del San Carlos Borromeo acogió un acto en recuerdo de cinco salmantinos. Son historias de vida. Hacemos spoiler. Todas acaban mal. Este 14 de abril se cumplen 95 años de la proclamación de la II República
Asistentes al homenaje a los militares salmantinos del bando republicano el día que se conmemora el 95 aniversario de la proclamación de la II República.

Hace 95 España vivió uno de los momentos más gloriosos de su historia. El país se puso de acuerdo para apoyar la II República que nació tal día como hoy hace 95 años. Todavía no hemos recuperado muchos de los avances sociales que se incluyeron en aquella Constitución Republicana. La asociación Salamanca Memoria y Justicia organizó un acto en el Memorial del cementerio San Carlos Borromeo que este año servía para homenajear a militares y carabinero que sirvieron a la República incluso después del alzamiento y de que Salamanca fuera nacional desde el primer momento de la Guerra Civil.

Han sido sobrinos de los honrados los que los han recordado. Son historias de nuestra Historia, que seguro están sucediendo en este mismo instante en los lugares donde se están desarrollando guerras o episodios bélicos. Aquí también se habló de niños. Nos apasionan las historias porque son esenciales para el aprendizaje, la conexión emocional y la supervivencia, permitiendo procesar información, empatizar y experimentar situaciones de forma segura.

Empecemos con esas historias de vidas. Hago spoiler. Todas acaban mal.

Julio Fernández, presidente de la asociación Salamanca Memoria y Justicia, puso en alerta a los presentes en el Memorial al recordar a Virgilio, un capitán de la Aviación, que defendió a capa y espada su puesto contra los rebeldes -los de verdad, los que se levantaron contra la República, un sistema democrático elegido por el pueblo, no los que se hicieron llamar bando nacional, que sí fueron militares rebeldes-. Lo mataron el 18 de julio y a su mujer, Carlota, la encarcelaron cinco años por esposa de un ‘subversivo’. Al salir de prisión se exilió con sus dos hijas.

Juan Álvarez Pineda era carabinero y natural de Aldea del Obispo. Sabía escribir a máquina, porque su padre disponía de este aparato y enseñó a sus hijos. «En casa se hablaba poco del tío Juanito. Se callaban por el dolor y las represalias. Creemos que tuvo una novia, Margarita Barreiro, maestra a la que conoció en Andalucía. Al terminar la Guerra Civil pasó dos años en casa de mis abuelos esperando a que regresara mi tío Juanito», contó su sobrina Pilar Álvarez.

Juan -tío Juanito- Álvarez Pineda combatió en varios frentes, fue herido en Castellón, en 1937, quizá perdió un riñón. Envió cartas desde Francia y Alemania. En todas ellas, él intuía que iba a morir en los campos de concentración, que en España no se sabía que eran. Combatió contra los alemanes y allí es apresado con más de 1.500 republicanos. Lo retienen en el campo de concentración de Mauthausen. Relata las palizas, infecciones, hambre… De allí, va a un sub campo de exterminio. Sobrevive casi dos años, porque era peluquero y no le afectó tanto el invierno. Su destino fue similar al de los miles de españoles republicanos que vivieron el exilio.

El tío Juanito falleció en 1943, faltaban días para que cumpliera 31 años. Tiene un Stolperstein -una placa de tropiezo- en su pueblo natal, Aldea del Obispo.

La tercera historia es la de Joaquín Riera, la cuenta su sobrina María Vicente. Joaquín Riera estuvo vinculado al Ejército desde los 15 años. Al estallar la Guerra Civil hace unas declaraciones en contra del alzamiento. Es encarcelado y condenado a muerte en un concejo de guerra que se realiza en la Plaza Mayor, en 1938. La pena de muerte se la conmutan por 30 años de cárcel que al final se convierten en 12. En 1945 se casa con su novia, Elena, una salmantina que es hija y hermana de fusilados en el paredón del San Carlos Borromeo durante la Guerra Civil.

A Joaquín Riera lo liberan en 1950, vuelve a Barcelona, se hace taxista y muere a los pocos años. Fue uno de los que ayudó a construir el Valle de los Caídos.

Hasta aquí, se escucharon historias de dolor, sufrimiento, impotencia, tristeza y soledad. La que cuenta Demetrio Vicente González, sobrino político de Luis Sastre Herrero, no es solo la de un militar, es la de una familia.

La historia comienza en diciembre de 1936, momento en el que detienen al padre de Luis Sastre por excitación a la rebeldía. La familia, en este caso la madre, le lleva comida al penal. El ingenio se hace fuerte en casos de necesidad y consiguen introducir información de cómo va la Guerra y cómo están ellos a través de notas que metían dentro de patatas cocidas.

La Guardia Civil intercepta estas notas y hacen prisionera a la madre. Está seis años en la cárcel, tres en Salamanca y otros tres en el País Vasco. Además de introducir información, era de tendencia socialista y en los primeros momentos del movimiento nacional habló mal del alzamiento y Llamaba carcas a los que ayudaban a los del bando nacional.

Quizá la madre no sabía escribir y los guardias civiles buscaron a la personas que había escrito las notas que iban en las patatas cocidas. Era la de uno de los hijos, tenía 11 años. Este niño pasó diez meses en un correccional de Alcalá de Guadaíra, en Sevilla. Demetrio Vicente González era el yerno de ese niño y se preguntó en voz alta cómo sería ese trasladó hasta Sevilla y qué debido de padecer allí un niño de 11 años. Su suegro no lo contó nunca. Lo que no se sabe, lo que no se contó nunca… es otra de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura franquista.

Otro de los hijos del matrimonio y hermano del escribano fue condenado a dos meses de cárcel por amenazar con una piedra a la Guardia de Asalto. Y, llega el turno del protagonista de este memorial, Luis Sastre Herrero. Con 21 años, lo llaman a filas y tiene que ir a luchar con el bando nacional a Guadalajara. A los dos meses, coge la manta y deserta. Se va a la posición Jaca, en Madrid, y allí se pone a disposición del Ejército Republicano que lo manda a Valencia. Aquí se le perdió la pista. Fue declaró prófugo y en busca y captura hasta hoy.

«Quizá era una familia peligrosa. Vivían en el paseo de Canalejas y estudiaron en la escuela de Atilano Coco», ironiza Demetrio Vicente González. Atilano Coco era el reverendo anglicano, amigo de Unamuno y también fusilado durante la Guerra Civil. No se ha encontrado su cadáver.

Por último, se recordó a Joaquín García Bellido, era de Alba, estudió Ciencias en la Usal y amplió su formación en Alemania, Suiza y Francia. Estuvo ligado a la Sociedad Libre de Enseñanza. Lo capturan y es deportado. Su pista se pierde en 1944. Escribe cartas hablando de las batallas de la Guerra Civil y que tuvo que exiliarse a Montpellier. Le pide trabajo y auxilio al embajador de México, se ofrece para trabajar de cartógrafo, profesor, editor, traductor… No se sabe qué ocurrió con él.

«Debemos sentirnos orgullosos de estas personas que lucharon por la libertad y la República», señalaron los familiares y recordaron que son las propias familias las que tienen que buscar a los suyos en archivos de toda España que no están conectados unos con otros.

Para ver la galería de imágenes, sigue la flecha.

homenaje a militares salmantinos el día que se conmemora la ii república.  (12)

1 comentario en «Encontraron una nota dentro de una patata cocida»

  1. Enhorabuena a la Crónica de Salamanca por éste reportaje tan emotivo y completo sobre este acto. Nos transporta a una época q debemos recordar para q no se vuelva a repetir. Agradecimiento a todas las mujeres y hombres q han luchado por q hoy podamos vivir en democracia

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